La violencia política


El reciente brutal asesinato del candidato presidencial en el hermano país del Ecuador, el periodista y político Fernando Villavicencio, evidentemente no es un hecho aislado y menos sorprendente, es sin duda la consecuencia de una serie de manifestaciones sociales que se han venido dando a lo largo de estas últimas décadas y que caracterizan el comportamiento humano irracional, la tolerancia cómplice, la indiferencia, el no importismo, en definitiva, lo que viene a definirse como la «sociedad decadente»

La pérdida total de valores tradicionales, la moral y la ética, la falta de respeto a la vida y la naturaleza, el perverso culto a lo material. Todo eso sumado a la incapacidad de la clase política de enfocarse en determinar Políticas Públicas de largo plazo, dirigidas a solucionar los problemas centrales y añejos de nuestra sociedad, como la pobreza extrema y por consecuencia el hambre, la falta de una alimentación adecuada que alcanza cada vez a una mayoría de la población mundial, la falta de atención a los servicios esenciales principalmente los muy precarios existentes sistemas de salud y educación.



Desde años inmemoriales, la lucha permanente por el poder solo enfocada para beneficiar a un reducido número de serviles a los grupos de poder de los gobiernos de turno, donde las campañas electorales solo sirven para ilusionar al gran público con promesas sistemáticamente incumplidas y que provocan el descontento y desengaño generalizado.

Por supuesto no está ausente de esta interminable lista de calamidades de nuestro tiempo, el pernicioso narcotráfico que cada vez se incrementa, se integra y mimetizan en todos los círculos sociales y alimenta la siempre presente corrupción en nuestros países que cada vez alcanza niveles incontrolables.

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Lamentablemente todas las instituciones de nuestros países están contaminadas por estos males que corrompen los cimientos de la sociedad y las alejan definitivamente de sus principios elementales como la Verdad, la Justicia y la Paz.

Debemos reconocer que el sistema capitalista y tampoco el socialista hasta ahora ha tenido la capacidad de solucionar estos grandes males y merece entonces la pena reflexionar con profundidad sobre toda esta problemática social y como sociedad civil organizada ver los mecanismos para reconducir un camino que nos permita abrigar una esperanza de mejores días con más certidumbre y evitar en lo posible que caigamos inevitablemente al abismo.

Por el bien de nuestras futuras generaciones y como ciudadanos “de a pie”, debemos reaccionar y constituirnos en activos constructores de nuestro destino, no dejar que otros decidan libremente por nosotros, sin participar activamente y dejar de vivir lamentándonos por lo que no hacen los que viven de la política y les importante muy poco cambiar en el fondo esta situación de desastre general.

Que una vida perdida en estas circunstancias no sea una vez más un solo dato para la historia.

Fernando Crespo Lijeron

Fuente: eju.tv