“Yo mate a Sherezade…” Mujeres no hagan concesiones


HERNAN CABRERA M.

 

En el primer trimestre del 2026 Bolivia registró 26 feminicidios, según reportes oficiales. Significa que entre 8 a 9 mujeres por mes son asesinadas por un hombre, que puede ser su esposo, expareja, novio, pariente o algún conocido.

Es una cantidad vergonzosa para un país, para un Estado que tiene un montón de leyes de derechos humanos y una cantidad considerable de instituciones del Estado, sociales y privadas que dicen defender y promover los derechos de las mujeres, de las niñas, adolescentes.



Además, que tiene un mandato constitucional claro: desterrar el Estado patriarcal y machista, pero que en la realidad los avances han sido muy pocos en esta ruta de la no violencia en todas sus formas hacia las mujeres.

26 mujeres han sido cruelmente asesinadas y de las formas más bestiales: disparos, acuchillamientos, violaciones, estrangulamientos, golpizas cuyos autores actúan como haciéndose la burla de esas vidas humanas y de las leyes que sancionan drásticamente estos delitos, que vienen siendo contabilizados por los fiscales, jueces y autoridades del gobierno y ofrecen sus conferencias de prensa para anunciar la cantidad de muertes registradas, con sus rostros tristes, compungidos, solidarios.

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Una mujer asesinada no es un simple dato numérico, ni un caso más que estará archivado en los estrados judiciales y que sirve de nota periodística y ahí acaba el drama para ellos. Mientras hijas, madres, tías, sobrinas son golpeadas y miran impávidas al agresor libre e impune paseándose de boliche en boliche.

Estos casos de feminicidios, una vez más nos deben alertar e ir analizando el fondo del problema irresuelto que tenemos en cada una de las regiones de este Estado Plurinacional: la violencia en todos sus formas, estilos y nivel contra las mujeres. Mientras las instancias competentes del Estado, que son muchas; las ONGs, las bastantes, que reciben dinero del exterior y la misma sociedad no se sincere y genere acciones integrales y radicales, lamentablemente, esta situación seguirá perdurando.

Es como si, pensando maliciosamente, alguien no quiere afrontar el problema en sus verdaderas dimensiones para seguir usufructuando recursos económicos y tener una bandera política de vigencia y de presencia. “Ni una más”, suelen gritar las voces feministas; pero luego aparecen los cuerpos violados, golpeados, acuchillados en alguna calle, algún lote o camino abandonado.

Algo está fallando en el país para que cada mes lloremos los asesinatos de una mujer, que puede ser alguien cercano y probablemente esto no lo quieran reconocer los actores principales, porque cada uno asume que está haciendo muy bien su trabajo, con show mediático incluido, como ocurre en algún operativo para recuperar un cadáver o detener a algún sospechoso: vemos a fiscales, policías, personeros del gobierno en primeros planos figureteando que están respondiendo a sus roles y prometiendo “justicia para el agresor”.

Bolivia está en crisis no solo económica, está enferma en sus varios estamentos y en la mentalidad de los habitantes. Una enfermedad que nos corree las entrañas y se traslada en las acciones de todos los días: la violencia, que quiere ganar la batalla en las sociedades, para que éstas exploten y no podamos generar las condiciones de convivencia social y pacífica.

Precisamente para combatir a esos niveles de violencia es que los legisladores han aprobado una serie de leyes: Contra la violencia hacia la mujer, Contra la trata y tráfico de personas, Código de Niño, Niña y Adolescente, de Seguridad Ciudadana, de Acoso político, Contra la discriminación y toda forma de racismo y muchas otras, las cuales les dan atribuciones legales  a los gobernadores, alcaldes, fiscales, jueces, a viceministros, funcionarios públicos, educadores, periodistas, padres de familia, a los activistas de las las ONGs, universidades que deben desplegar acciones de prevención, de educación, de campañas, de socialización y de empoderamiento de los derechos humanos, pero de ahí a la realidad hay mucho trecho.

Este es uno de los principales problemas para que los feminicidios cada año se incrementen, porque el violento, el asesino sabe que las instituciones son débiles y una vez cometido su delito o bien no lo mandan a la cárcel o se escapa o lo dejan en libertad, así como sucedió con las madres de víctimas de violencia sexual que le gritaron al ex juez Zeballos el de las 32 maletas llenas de dólares: Miserable las vas a pagar en la cárcel porque liberaste a los violadores o el caso de la niña Yubinka, que sus verdugos aun no fueron encontrados.

Además, la sociedad cruceña, paceña, alteña, cochabambina y las otras están enfermas, porque en sus entrañas están al acecho los demonios, listos para lanzarse sobre sus víctimas. Y muchas veces esas sociedades actúan con doble moral, como lo recientemente ocurrido con un tipoy roto por una feminista y que generó una tempestad de reacciones y acciones cívicas, culturales; pero esa sociedad guarda silencio o es timorata ante tantos hechos de violencia sexual, maltratos, abusos, etc.

¿Quiénes están fallando: el gobierno en sus diferentes instancias competentes, las defensorías de la niñez, la Defensoría del Pueblo, el Ministerio Público, los tribunales de justicia, las escuelas, las universidades, los medios de comunicación, las redes sociales, la policía, la sociedad, las familias….? ¿O fallan los paquetes de leyes que son inviables para su cumplimiento que tiene el Estado Plurinacional, las mismas que no se cumplen o a medias? ¿O fallamos todos?

Estamos fallando todos, porque esta sociedad es enferma, doble moral, morbosa que no reacciona frente a los depredadores sexuales, a quienes los ve en televisión, en fiestas, en reuniones, en las redes sociales, como el impune, poderoso ex presidente Evo Morales que con orden de aprehensión de hace un año, por graves delitos sexuales, la justicia tiembla y el gobierno hace sus cálculos.

En el libro “Yo maté a Sherezade” la autora le plantea a las sociedades y en especial a las mujeres no negociar derechos, ni hacer concesiones a los hombres, al igual que la hermosa mujer que para no ser asesinada al día siguiente le contaba tantas aventuras a su amante, como ocurre en Las mil y una noches.

“Resulta obvio que este sistema coloca al hombre en una posición omnipotente y a la mujer en una comprometida y de inferioridad. No enseña resistencia y rebelión a las mujeres, tal como si insinúa al discutir y analizar el personaje de Sherezade. En realidad, les enseña a hacer concesiones y a negociar con sus derechos fundamentales. Las convence de complacer al hombre, ya sea con una historia, una buena comida, un par de tetas de silicona, un buen polvo o lo que sea, es el modelo de abrirse paso a la vida. ¿Y a eso lo llaman ingenio? ¿Y a eso lo llaman resistencia? Llámeme corta de miras si quiere, pero a mí no me lo parece”, grita la escritora árabe Joumana Haddad.

Pues ese el camino, mujeres de Bolivia: no conceder un milímetro en sus derechos y no soportar un solo sopapo más y destruir desde las entrañas ese chip patriarcal y machista que aún impera en el Estado Plurinacional de Bolivia.

HERNAN CABRERA M.