La lucha contra el narcotráfico en Bolivia durante los primeros cuatro meses de 2026 deja una secuencia intensa de operativos que, leídos en conjunto, permiten reconstruir una cronología marcada por decomisos importantes, destrucción de fábricas y una constante adaptación de las redes criminales.
Fuente: Los Tiempos
Entre febrero y abril, las incautaciones de marihuana y cocaína muestran no solo el volumen de droga en circulación, sino también la diversidad de rutas y métodos empleados por el crimen organizado para su transporte.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Febrero: el arranque
En el marco del plan de seguridad desplegado durante las celebraciones de Carnaval. En ese periodo se ejecutaron más de un centenar de operativos en distintos puntos del país, con intervenciones particularmente concentradas en regiones como Oruro, Cochabamba y rutas interdepartamentales, con un saldo que marcó la pauta del trimestre: más de 4,7 toneladas de marihuana y cerca de 79 kilos de cocaína incautados.
Este primer registro deja en evidencia una tendencia que se mantuvo en los meses siguientes: la marihuana circula en mayores volúmenes, mientras que la cocaína, aunque en menor cantidad, está asociada a estructuras de transporte más sofisticadas.
Abril: foco en producción
Al comenzar abril, la dinámica de los operativos se intensificó.
En los primeros días del mes, se registraron intervenciones simultáneas en varios departamentos —con énfasis en el trópico de Cochabamba, Santa Cruz y Beni— permitiendo secuestrar más de 300 kilos de droga, además de desarticular fábricas activas en zonas productoras del Chapare. Este tipo de acciones marcaron un cambio de enfoque, ya que no solo se apuntaba a interceptar cargamentos, sino también a afectar directamente los centros de producción, incluyendo laboratorios clandestinos.
El circuito urbano
El 6 de abril, un operativo en la terminal de buses de Cochabamba reveló la persistencia del microtráfico y las redes de distribución interna.
En esa ocasión se incautaron 124 paquetes de marihuana que habían sido sellados al vacío y manipulados con sustancias destinadas a evadir controles.
El hallazgo mostró cómo el narcotráfico también se mueve en escalas menores, utilizando el transporte público como un eslabón clave en la cadena de distribución dentro del eje central.
Golpe en el Chapare
Entre el 9 y el 11 de abril se concentraron algunos de los golpes más significativos del periodo, especialmente en el trópico cochabambino.
En una sola jornada se logró el secuestro de 291 kilos de droga, junto con la destrucción de varias fábricas en zonas rurales del Chapare, mientras que en operativos paralelos en esta misma región y áreas cercanas se incautaron más de 280 kilos de cocaína y cerca de 270 kilos de marihuana, además de desmantelar decenas de fábricas clandestinas.
Estos datos confirman que el núcleo productivo continúa ubicado en zonas rurales, donde operan estructuras que combinan procesamiento, almacenamiento y protección territorial.
Operación “Lagarto III”
En ese mismo escenario geográfico, en los últimos días de abril se desarrollaron seis operativos en el trópico de Cochabamba que permitieron decomisar 1.170 kilos de droga, generando una afectación económica estimada en 2,6 millones de dólares. El operativo más importante, denominado “Lagarto III”, se ejecutó en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), donde se identificaron previamente pistas clandestinas mediante sobrevuelos de reconocimiento.
En ese lugar se interceptó una avioneta que transportaba 540 kilos de clorhidrato de cocaína y que era resguardada por al menos ocho personas armadas.
La intervención derivó en la aprehensión de dos ciudadanos extranjeros —un piloto brasileño y un ciudadano colombiano—, además del secuestro de la aeronave, armas de fuego y vehículos, mientras que el resto del grupo logró darse a la fuga tras un intercambio de disparos que fue repelido por las fuerzas antidroga.
Rutas y camuflaje
Hacia mediados de abril, operativos en carreteras de conexión entre Cochabamba, Santa Cruz y el occidente del país permitieron decomisar más de 58 kilos de cocaína y alrededor de 559 kilos de marihuana, ocultos en vehículos, cargas de construcción y compartimentos prefabricados.
El uso de estos métodos evidenció un nivel creciente de sofisticación en el transporte de droga, especialmente en rutas interdepartamentales que conectan centros de producción con mercados internos y externos.
Grandes cargamentos
En los últimos días de abril se registraron algunos de los decomisos más importantes en términos de volumen de cocaína.
En una sola jornada, en distintos puntos del país —incluyendo operativos en el oriente y el trópico— se incautaron más de 700 kilos de droga, principalmente cocaína, además de vehículos y una aeronave vinculada al transporte ilegal.
Este tipo de operativos sugiere la existencia de estructuras logísticas de mayor escala, capaces de movilizar grandes cargamentos en periodos cortos y en zonas de difícil acceso.
Incineraciones
El cierre del mes también incluyó la incineración de más de una tonelada de sustancias controladas, a lo que se suma la intervención en Aiquile, donde la Felcn incineró más de 5 toneladas de marihuana tras el hallazgo de plantaciones y una vivienda rústica utilizada como centro de acopio.
En el mismo periodo, en operativos en Achica Arriba (La Paz), se secuestraron 221 paquetes de cocaína.
En conjunto, la cronología entre febrero y abril de 2026 permite vislumbrar un balance aproximado: más de 6,5 toneladas de marihuana incautadas y más de 3,8 toneladas de cocaína (base y clorhidrato) entre decomisos e incineraciones.
Sin embargo, más allá de las cifras, lo que surge es un patrón persistente: mientras las fuerzas antidroga logran golpes importantes en momentos específicos —principalmente en el trópico cochabambino, el Tipnis y las rutas interdepartamentales—, las organizaciones criminales continúan operando a través de múltiples frentes, desde la producción en zonas rurales hasta la distribución urbana y el transporte a larga distancia.
La lucha contra el narcotráfico en Bolivia durante este cuatrimestre de 2026 no puede entenderse como una serie de hechos aislados, sino como una secuencia continua de acciones y reacciones, donde cada operativo revela tanto avances institucionales como la capacidad de adaptación de un fenómeno que, lejos de desaparecer, redefine constantemente sus rutas y estrategias.
Fuente: Los Tiempos
