¿Qué pasaría si te dijeran que la ciudad con más quechuas en el oriente es Santa Cruz de la Sierra y que el pueblo afroboliviano ya no es mayoritariamente rural? Los datos de autoidentificación del nuevo censo 2024, disponible en la página web del INE, rompen todos los mitos sobre quiénes somos y dónde vivimos.
Si todavía crees que los aymaras viven exclusivamente en el altiplano, los quechuas en los valles y los guaraníes en el Chaco, es hora de actualizar el mapa mental. Los datos de autoidentificación del Censo de Población y Vivienda 2024 acaban de publicarse y nos muestran un país que, empujado por la necesidad económica y la urbanización, ha redibujado por completo sus fronteras culturales.
Bolivia ya no es un mosaico estático; es un país nómada. Y los números del censo traen sorpresas que incomodan a los regionalismos y fascinan a la sociología.
1. El Oriente ya no es (solo) “camba”
Quizás el dato más revelador del censo esté en el corazón económico del país. En el municipio de Santa Cruz de la Sierra —la urbe metropolitana más grande de Bolivia—, la identidad se ha transformado. Aunque en general la autoidentificación originaria en la ciudad es baja (apenas el 8%), entre quienes sí reivindican sus raíces, la primera fuerza poblacional es la Nación Quechua (más de 43.000 personas), seguida de la Aymara (19.500). El histórico pueblo Guaraní ha quedado relegado al tercer lugar urbano.
Este fenómeno se repite en el Chaco tarijeño y chuquisaqueño, y en la inmensa Chiquitania, donde la migración quechua se ha consolidado como la segunda mayor fuerza demográfica, demostrando que la búsqueda de tierras y comercio borró la frontera entre el occidente y el oriente.
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2. El Alto: La verdadera (y única) capital indígena
El Censo 2024 nos confirma una regla casi universal: mudarse a la gran ciudad suele hacer que las personas dejen de identificarse con sus raíces nativas. A nivel nacional, mientras el 66% de la gente en el campo se autoidentifica, en las ciudades esta cifra cae al 25%.
Pero hay una gigantesca y fascinante excepción en todo el continente americano: El Alto. Con casi un millón de habitantes, la urbe alteña es una fortaleza cultural donde el 48.6% de sus vecinos sigue diciendo con orgullo a qué pueblo pertenece. Con cerca de 400.000 aymaras caminando por sus calles, El Alto es, indiscutiblemente, la capital indígena urbana de Bolivia. En contraste, su ciudad vecina, la hoya de La Paz, se ha asimilado mucho más a la vida mestiza metropolitana, bajando su nivel de pertenencia al 22.9%.
3. La sorpresa Afroboliviana: De Los Yungas a los anillos cruceños
La historia del Pueblo Afroboliviano es la de una diáspora invisible que el Censo ha sacado a la luz. Acostumbrados a asociar la cultura afro con Los Yungas paceños (Coroico, Chulumani), los bolivianos solemos olvidar que la juventud migra.
Hoy, de los más de 25.000 afrobolivianos contabilizados, casi el 70% vive en zonas urbanas. ¿Y cuál es la ciudad con mayor cantidad de afrobolivianos en toda Bolivia? No es La Paz, ni es Coroico. Es Santa Cruz de la Sierra, que alberga a más de 3.600 miembros de esta comunidad, consolidando al oriente como el nuevo epicentro de sus oportunidades.
4. ¿Qué nos dicen estos números?
Los resultados del Censo 2024 son un baño de realidad. Nos gritan que las identidades no son piezas de museo atadas a un cerro, a un valle o a una selva. La pobreza y la falta de oportunidades en el campo obligaron a millones a migrar, y con ellos, viajó su identidad.
Planificar el futuro de Bolivia (sus escuelas, sus hospitales y su política) pensando que lo “indígena” está solo en las provincias alejadas, es un error monumental. La nueva Bolivia es urbana, es migrante y, sobre todo, es una mezcla imparable que ya no cabe en los mapas que nos enseñaron en el colegio.
