Gloria al Bravo Pueblo


Álvaro Riveros Tejada

 



La tierra tiembla y el pueblo venezolano se levanta: Tres siglos de resiliencia, ante el embate sísmico, hicieron que ese valeroso pueblo venza el miedo, como en el año 1812, en medio de los afanes de la contienda libertaria, un atroz terremoto devastó Caracas, Mérida y San Felipe, cuando la población celebraba el Jueves Santo, hecho suficiente, para que la Iglesia y los realistas lo usaran como un “castigo divino” por rebelarse contra los designios de Dios y la Corona española.

Fue en dicha ocasión que, como un valeroso signo de resiliencia, Simón Bolívar pronunció su famosa frase: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. El pueblo demostró que su deseo de libertad e identidad era más fuerte que el miedo al sismo de la tierra y a los dogmas morales

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Sin embargo, dicho tétrico suceso, al margen de revelar un duro golpe y la primera derrota para Bolívar, dando una enorme ventaja a los realistas que, al mando del general Domingo de Monteverde y utilizando el miedo al “Castigo Divino” ya  habían tomado Caracas, fue entonces que, a finales de ese año 1812, Bolivar huyó a Curazao y luego a Cartagena-Nueva Granada, donde derrotado, sin ejército y con la Primera República destruida, escribió el “Manifiesto de Cartagena” y la “Campaña Admirable” para luego volver y fundar la República de Venezuela.

Un siglo y medio después de esa histórica catástrofe, el 29 de julio de 1967, un sismo de magnitud 6,5 estremeció la capital y el litoral central, destruyendo edificios modernos en zonas como Altamira y Los Palos Grandes y dejando un saldo de más de 200 muertos. Esta nueva catástrofe marcó un hito de resiliencia, como el nacimiento de la ingeniería sismorresistente moderna en el país y una de las mayores movilizaciones civiles de voluntarios, bomberos y médicos de la época, así como la replanificación de la urbe frente a esas fallas tectónicas, como una medida de altísimo valor para las actuales circunstancias que les toca vivir.

Tres siglos de sismos revelan el cimiento más fuerte de Venezuela: su gente. Si en 1812 el pueblo venció el miedo al “castigo divino” para fundar la República, y en 1967 Caracas se levantó unida de las ruinas, este 2026 la historia se repite. Tras el devastador doblete sísmico de junio, la solidaridad civil desafía el caos, frente a un régimen abyecto, cruel y despiadado que tuvo la desfachatez de ocasionar la diáspora de millones de compatriotas, por el sólo hecho de no compartir con ese castrochavismo comunistoide que en 25 años llevó a Venezuela, al igual que a Cuba, a la más inhumana situación de precariedad y miseria.

Sin embargo, esos mismos proscritos son los que hoy, ante la adversidad del terremoto, olvidando rencores y despecho político, unen  fuerzas para enviar ayuda a sus compatriotas demostrando que el tejido social venezolano siempre se reacomoda, se salva y hace honor a esa bella aclamación de su Himno Nacional: ¡Gloria al Bravo Pueblo!