Rusia 2018: La Copa del Mundo que sirvió de escaparate para Putin


El Mundial de 2018 sirvió a Rusia como una herramienta de propaganda a nivel internacional a la par que una fuerte oposición acechaba el régimen.

Vyacheslav Prokofyev

Fuente: https://as.com/actualidad/

A lo largo de los años, el Kremlin ha utilizado el deporte para construir una imagen positiva del Estado, desviar la atención de las controversias políticas y reforzar los mensajes de desinformación tanto a nivel interno como internacional. Y la Copa del Mundo 2018 que tuvo lugar en Rusia no fue una excepción.



En el marco de las protestas en Rusia de 2017- 2018, este gran evento mediático supuso toda una estrategia de lavado de imagen de un régimen internacional acechado por la corrupción e inmerso en una estrategia de represión masiva a todo atisbo de oposición.

El fin del aislamiento diplomático

Rusia llegó a 2018 arrastrando una fuerte condena internacional. Cuatro años antes, en 2014, había anexionado ilegalmente Crimea y desatado la guerra en la región del Donbás, lo que le costó sanciones económicas y la expulsión del G8 (una cumbre en la que los jefes de Estado o de Gobierno de 8 países se reúnen para tratar los principales problemas económicos y políticos de la comunidad internacional).

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Así, el Mundial obligó a los líderes a nivel global y a los altos mandos de la FIFA a viajar a Moscú, estrechar la mano de Putin en el palco de honor y normalizar su posición en el tablero internacional.

Una proyección moderna y lavada de Rusia

El Mundial de Rusia 2018 comenzó en Moscú el 14 de junio con un 5-0 a favor de Rusia contra Arabia Saudita. Todo parecía estratégicamente planeado para reforzar el orgullo nacional y proyectar una imagen moderna e internacional del régimen. Por su parte, durante un mes, el aparato de propaganda del Kremlin logró silenciar las críticas sobre la persecución a la oposición interna, las leyes anti-LGBTQ+ y el control de los medios.

Así, los millones de aficionados extranjeros que viajaron a sedes como Moscú, San Petersburgo o Kazán se encontraron con ciudades seguras, transporte eficiente, así como estadios de última generación construidos específicamente para el evento.

Y es que este mundial ya había sido concebido para celebrar en Rusia desde 2010, cuando el propio Putin se involucró a nivel personal en la candidatura, ordenando su preparación y tejiendo alianzas claves. 5 años después, En 2015, el FBI estadounidense y la justicia suiza destaparon una red masiva de sobornos dentro de la FIFA, conocida como el caso FIFA Gate que mucho tendría que ver con la compra de votos y el intercambio de favores financieros.

El Mundial, una herramienta de legitimación

La selección anfitriona consiguió llegar hasta cuartos de final, lo que acaparó el interés internacional y se configuró como un espaldarazo al orgullo nacional ruso. Esto sirvió para cohesionar el apoyo interno a Putin justo en un momento en que la economía rusa empezaba a sufrir el peso de las sanciones internacionales. Sin embargo, la FIFA blindó por completo el evento, permitiendo que Putin utilizara el Mundial como una enorme herramienta de éxito propagandístico frente a la presión exterior.

Menos de cuatro años después del último partido del Mundial en el Estadio Luzhnikí, en febrero de 2022, Putin ordenó la invasión a gran escala de Ucrania, destruyendo por completo los puentes que aquel Mundial había intentado construir. De esta forma acrecentó el aislamiento deportivo y político casi total que Rusia experimenta en la actualidad. Y es que el país liderado por Putin está vetado por la FIFA en este mundial 2026.