Con el respaldo de la OEA al diálogo constitucional, el gobierno nacional intenta cerrar la crisis abierta por los bloqueos, aunque el desafío de traducir las exhortaciones internacionales en acuerdos concretos con los sectores movilizados es la principal incógnita.
eju.tv / Video: BTV
El presidente Rodrigo Paz calificó los 53 días de bloqueos que paralizaron al país como un “intento de golpe de Estado” financiado con recursos del narcotráfico y economías ilegales, mientras la Misión de Alto Nivel de la Organización de los Estados Americanos (OEA) concluyó su visita de dos días con un llamado al diálogo, al fortalecimiento institucional y al respeto irrestricto de la Constitución como únicas vías para superar la crisis política y social que ha sacudido a Bolivia.
“Entiendo que se intentó hacer un encuentro lo plural, lo más plural posible para entender qué ha ocurrido en los 53 días (de bloqueo), pero a su vez, qué significaron 53 días en la construcción de un proceso que hay que, por lo menos en lo personal, fue un intento de golpe de Estado a un cambio, a un giro, dentro de la Constitución y dentro de la democracia”, enfatizó el mandatario en su discurso de clausura, al advertir que detrás de las movilizaciones operaron intereses vinculados al narcotráfico y a estructuras de corrupción heredadas de gestiones anteriores.
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El presidente de la OEA y canciller de Panamá, Javier Martínez-Acha Vásquez, fue el encargado de leer las conclusiones de la misión, en las que subrayó que “dialogar no significa renunciar a las convicciones, significa reconocer que el adversario político nunca deja de ser un compatriota”.
La declaración, respaldada por los países miembros del organismo continental, insistió en que “ninguna democracia puede construirse sobre la exclusión permanente” y recordó la frase del expresidente brasilero y sociólogo Fernando Henrique Cardoso: “la democracia se fortalece cuando las instituciones son más fuertes que las personas”.
El canciller panameño fue especialmente enfático al calificar como “inaceptable” que un país haya sido bloqueado durante 53 días, con graves consecuencias en salud, educación, producción y trabajo. “¿Qué haría el presidente de Francia si lo bloquean por 53 días? ¿Qué haría el canciller de Alemania?”, se preguntó, para sentenciar que Bolivia “representa mucho más que un país importante para Latinoamérica” y que “lo que pasa aquí tendrá repercusiones en toda la región”.
En su intervención, Paz fue más allá al denunciar que el intento de desestabilización fue “a través de recursos provenientes de diferentes instancias, recursos que provenían de ámbitos ilícitos, recursos que provenían del narcotráfico, narcoterrorismo que se ejerce en Bolivia desde algunas regiones”. El jefe de Estado vinculó directamente la crisis con los gobiernos del MAS y “aquellos que fueron parte de una convivencia durante más de 20 años, mediante la corrupción y el manejo y control del Estado plurinacional para beneficio de algunas organizaciones de orden político o económico”.
El mandatario reconoció la “fragilidad de la institucionalidad” boliviana y su incapacidad para hacer frente a recursos ilícitos “infinitos”, y planteó el diálogo como el único antídoto posible. “No hay democracia o institucionalidad que pueda aguantar, si quieres compararte con esos infinitos recursos, si no es a través del diálogo y a través de generar un mensaje de comprensión que los bolivianos tenemos derecho a un mejor futuro”, afirmó Paz, al tiempo que insistió en que ese futuro “tiene que ser dentro de la Constitución y tiene que ser dentro de la democracia”.
La misión de la OEA, que se extendió por dos jornadas e incluyó reuniones con autoridades nacionales, subnacionales, organizaciones sociales, sectores empresariales, pueblos indígenas, academia y medios de comunicación, tuvo como propósito “acompañar con respeto e imparcialidad el fortalecimiento de las instituciones democráticas de Bolivia, la promoción del diálogo y la solución pacífica de las diferencias”, según destacó el canciller Martínez-Acha.
Al cierre del encuentro, Paz agradeció a las delegaciones internacionales y subrayó que su presencia “no respaldando a un presidente Rodrigo Paz, sino respaldando a Bolivia a tener un futuro mejor, a tener un espacio de crecimiento y desarrollo con diferentes alternativas a las acontecidas en los últimos 20, 30 años”.
Con el respaldo de la OEA al diálogo constitucional, el gobierno nacional intenta cerrar la crisis abierta por los bloqueos, aunque el desafío de traducir las exhortaciones internacionales en acuerdos concretos con los sectores movilizados es la principal incógnita.