𝐏𝐨𝐫: 𝐀𝐥𝐞𝐣𝐚𝐧𝐝𝐫𝐨 𝐁𝐫𝐨𝐰𝐧 𝐈. (𝙰𝚋𝚘𝚐𝚊𝚍𝚘 𝚢 𝚎𝚡 𝚎𝚡𝚒𝚕𝚒𝚊𝚍𝚘 𝚙𝚘𝚕𝐢𝚝𝚒𝚌𝚘 𝚙𝚘𝚛 𝟷𝟸 𝚊𝐧𝚘𝚜)
A veces parece que en las redes sociales cualquiera agarra su teléfono y se pone a tirar barro sin saber ni de lo que está hablando. He estado leyendo algunos comentarios por ahí, donde ciertas personas piden «recuperar» la Manzana 1 para los cruceños y hasta sugieren nombrar «persona no grata» a Ejti Stih, diciendo que ella «no conoce nuestra cultura». Francamente, hay que tener la memoria muy corta, puej, para decir semejante barbaridad.
Para quienes repiten de memoria y sin saber, les recuerdo que la pintora Ejti Stih es una boliviana nacida en Eslovenia. Como ella misma lo ha contado, a Bolivia llegó de mochilera y sola; tenía 24 años. Aterrizó en el antiguo aeropuerto El Trompillo en pleno Carnaval de 1982, sin hablar una sola palabra de castellano, y su primera salida fue ir a mirar el desfile de reinas en el Club Social. Decidió quedarse porque se enamoró de esta tierra libre, de esas noches de charla en la plaza junto al loco Velasco, respirando los vientos de la democracia recuperada, y de Lucho, el amor de su vida.
Nos olvidamos muy rápido de cómo era ese rincón de la plaza antes. Ese edificio estaba viejo, abandonado y cayéndose a pedazos. Fue la visión, el lomo y el trabajo incansable de Ejti Stih, junto a Juan Bustillos (escultor boliviano) y otros gestores, los que transformaron ese espacio olvidado en el verdadero corazón del arte y la cultura de Santa Cruz. Y lo hicieron a puro pulmón, gestionando apoyos de manera privada para regalarnos una galería de primer nivel donde cualquier cruceño, desde el estudiante hasta el abuelo que va a tomar su cafecito a la plaza, pueda entrar gratis y empaparse de arte. Decir que ella «no ama nuestra tierra» es no tener ni idea de lo que cuesta construir ciudad y sostener espacios culturales en este país.
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Y ojo, que su aporte no se limita solo a la Manzana 1; también ha sudado la camiseta en nuestras artes escénicas. Quienes conocemos el rigor de subir a un escenario valoramos profundamente cuando ella recuerda sus inicios: «En el teatro hacía trajes y escenografías. Trabajé años con Casateatro». Y aunque este histórico grupo cruceño lamentablemente ya cerró sus puertas, su aporte quedó grabado en la historia de nuestra ciudad. Con René Hohenstein hizo tantas obras que sería injusto mencionar solo una.
Ahora, hablemos de los berrinches por las exposiciones, como esa de las fotos de la coca y los coqueros que a algunos les ha ofendido tanto. Aquí hay que ser bien claros: el arte y la cultura no están ahí nomás pa’ verse bonitos, ni para adornar la pared y que combinen con el sofá de la sala. ¡El arte tiene que moverte el piso! Tiene que sacudirte, cuestionarte y, a veces, hasta incomodarte profundamente.
Si una obra o una fotografía te hace renegar, te hace preguntar qué está pasando en el país, o te pone a debatir… adiviná qué: el espacio cultural está cumpliendo a cabalidad su función. Mostrar las distintas realidades de Bolivia a través del arte no es faltarle el respeto a los cruceños, es ponernos un espejo enfrente para que pensemos y despertemos. Intentar censurar el arte solo porque no nos gusta lo que vemos, es un retroceso tremendo para nuestra sociedad.
No dejemos que el regionalismo mal entendido y el chisme barato de las redes sociales nos hagan destruir lo que tanto ha costado levantar. «Recuperar» Santa Cruz no significa atacar a quienes le han dedicado décadas de su vida a promover nuestra cultura; significa apoyar, visitar las galerías, debatir con altura y ser agradecidos con quienes construyen.
Destruir con palabras es facilito; construir cuesta una vida. Ejti Stih eligió lo segundo, demostrando su compromiso con trabajo real, abriendo puertas y creando espacios para todos, no tecleando burreras desde un teléfono. El buen arte no está para complacer, está para hacernos crecer como sociedad. Apoyar a nuestros gestores culturales y proteger espacios de libertad como la Manzana 1… eso, señores, es defender nuestra identidad. Eso es amar de verdad a nuestra tierra.
𝐀𝐥𝐞𝐣𝐚𝐧𝐝𝐫𝐨 𝐁𝐫𝐨𝐰𝐧 𝐈
