
Fuente: Infobae
Por Valeria Chavez
El fenómeno de El Niño es hoy un 36,5% más intenso que en la era preindustrial, según un estudio publicado en revista Science que reconstruyó la variabilidad del ENSO en el Pacífico oriental a partir de corales de las islas Galápagos. El trabajo no halló equivalentes en los últimos 1.000 años.
De acuerdo con un reporte de Nature, la reconstrucción elaborada por el equipo de Julia Cole, paleoclimatóloga de la Universidad de Michigan, muestra que los grandes eventos recientes de El Niño aparecen con una frecuencia e intensidad mayores que en el milenio previo al calentamiento industrial.
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La amplitud media entre fases frías y cálidas del sistema entre 1990 y 2010 fue 36,5% superior a la del período anterior a 1850 y 16% mayor que entre 1851 y 1982, según el artículo científico.
Por qué los científicos creen que el cambio climático lo está potenciando

La hipótesis que gana fuerza con este trabajo es que el calentamiento global de origen humano no altera la existencia natural del fenómeno, pero sí empuja una versión más intensa. El estudio comparó el registro de corales con simulaciones preindustriales de 12 modelos climáticos y concluyó que la variabilidad natural, incluida la influencia de volcanes o cambios solares, no alcanza para explicar el aumento reciente.
Cole afirmó que la intensificación de El Niño avanza en paralelo al calentamiento global. “No hemos encontrado ningún caso en el pasado en el que El Niño haya sido tan intenso como ahora”, dijo la investigadora en declaraciones citadas por Nature, medio que también recogió otra frase de la autora que resume el hallazgo: “No parece una casualidad”.
Ese diagnóstico coincide con advertencias formuladas por especialistas consultados por Infobae para analizar el impacto del llamado “súper” El Niño en Argentina. La meteoróloga Cindy Fernández, de Meteored, señaló que “el contexto de cambio climático altera el comportamiento tradicional del fenómeno, dado que la atmósfera global contiene más humedad que hace décadas, lo que potencia la materia prima de las lluvias”, en una observación que refuerza la idea de que el calentamiento no actúa de forma aislada, sino sobre la atmósfera y sobre los efectos asociados al evento.
La pista estaba en los corales de Galápagos

El valor del estudio reside en el punto del océano elegido para reconstruir el pasado. Las Galápagos, en el Pacífico oriental, se encuentran en una de las zonas donde El Niño expresa con más fuerza sus anomalías térmicas. Según detalló Nature, esa región había quedado subrepresentada en estudios previos porque allí crecen pocos corales y las condiciones del océano dificultan el trabajo de campo.
Los corales funcionan como un archivo climático. Cada capa de carbonato cálcico conserva señales geoquímicas sensibles a la temperatura del mar, lo que permite reconstruir cambios mensuales y detectar episodios breves e intensos. El estudio analizó 13 corales, modernos y fósiles, extraídos cerca del archipiélago. A partir de esos datos, los autores concluyeron que El Niño-Oscilación del Sur hoy es un 36,5% más intenso que en la era preindustrial.
Qué cambió en las últimas décadas

El trabajo identifica un salto más pronunciado en los últimos 40 años. Según el artículo de Science, el aumento reciente en la variabilidad interanual de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial oriental supera la variabilidad natural que muestran las simulaciones del último milenio. Esa suba responde sobre todo a eventos de El Niño más intensos, de acuerdo con los autores.
La señal no implica únicamente que haya más episodios, sino que la oscilación entre fases frías y cálidas se volvió más extrema. El patrón moderno reemplazó un largo período de eventos menos severos por otro con picos cálidos más fuertes desde la expansión del uso de combustibles fósiles en el siglo XIX, de acuerdo con la interpretación del estudio.
Fernández introdujo un matiz útil para leer ese cambio. En declaraciones a Infobae, aclaró que la magnitud de El Niño no define de forma automática la gravedad de cada episodio puntual, sino la probabilidad de fenómenos asociados. “Un Niño muy fuerte no garantiza impactos más severos, pero sí aumenta la frecuencia de eventos meteorológicos anómalos”, explicó en esa entrevista. Esa precisión ayuda a distinguir entre la intensificación estadística del sistema y la variabilidad concreta de cada temporada.
Por qué fue tan difícil probarlo hasta ahora

La discusión científica se prolongó durante años por dos motivos principales. El primero fue la falta de mediciones instrumentales confiables antes del siglo XX en amplias áreas del Pacífico tropical. El segundo fue la complejidad propia del ENSO, que surge de una interacción entre vientos, temperatura del agua y circulación atmosférica que los modelos aún no reproducen por completo. Nature recordó que esa combinación de escasez de datos y dificultad de modelización dejó abierta durante mucho tiempo la pregunta sobre la huella del calentamiento global en El Niño.
El paleoclimatólogo Julien Emile-Geay, de la Universidad del Sur de California, describió esa limitación con una comparación recogida por Nature: estudiar el fenómeno con registros del Pacífico central era como intentar medir el ritmo cardíaco de una persona con el estetoscopio puesto en el tobillo. El nuevo archivo coralino de Galápagos buscó cubrir precisamente ese vacío.
La experiencia reciente en Argentina también expone esa dificultad para trasladar antecedentes al presente. Fernández dijo a Infobae que “la realidad es que estamos en un escenario donde cada nuevo Niño llega en un contexto diferente al anterior. Muy diferente, porque la atmósfera está cambiando muy rápido”. Su planteo coincide con uno de los puntos de fondo del trabajo científico: los registros históricos ofrecen contexto, pero no permiten asumir que los impactos futuros repetirán patrones pasados de manera lineal.
Qué efectos tiene un El Niño más intenso sobre el planeta

Cuando El Niño gana fuerza, su impacto se expande mucho más allá del Pacífico. El calentamiento anómalo de las aguas superficiales altera lluvias, sequías y temperaturas en distintos continentes, con efectos sobre agricultura, seguridad alimentaria, salud pública y ecosistemas. Entre las consecuencias más citadas figuran inundaciones, incendios forestales y episodios de blanqueamiento coralino.
Ese patrón ya se observa en el Cono Sur con impactos desiguales según la región. Fernández precisó a Infobae que “El Niño no afecta a todo el país por igual, sino que sobre todo en el litoral y el noreste la señal es mucho más clara, con temporadas más lluviosas y más cantidad de eventos de tormentas fuertes”.
En la misma nota, el pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, Marcelo Madelón, advirtió que Argentina podría enfrentar inundaciones más profundas que en episodios anteriores, en especial en zonas donde las lluvias se concentran en poco tiempo, y señaló que las precipitaciones en el sur de Brasil ya impactaban en el caudal de los ríos Iguazú, Uruguay y Paraná.
Lo que este hallazgo anticipa para el futuro

Los autores del trabajo y otros especialistas sostienen que muchos modelos climáticos proyectan una continuidad de esta tendencia durante el siglo XXI, aunque persisten incertidumbres sobre la magnitud exacta de la respuesta del sistema. El científico climático Michael McPhaden, de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), dijo a Nature que el patrón observado coincide con las tendencias medidas y con lo que proyectan los modelos. “Estas tres líneas de evidencia apuntan en la misma dirección”, afirmó.
La discusión, de todos modos, ya no pasa solo por establecer si el fenómeno se intensifica, sino por medir qué efectos puede tener esa intensificación sobre territorios concretos. Madelón advirtió a Infobae que el exceso de lluvias previsto para la primavera de 2026 y el verano de 2027 podría poner a prueba la infraestructura urbana y rural en varias zonas de Argentina, mientras Fernández remarcó que una atmósfera más cálida y húmeda aumenta la probabilidad de precipitaciones torrenciales. En ese marco, Cole planteó, según recogió Nature, que la intensificación reciente exige pensar mejor cómo prepararse para que esos eventos no tengan efectos tan destructivos.

