Comunidades se preparan para afrontar las emergencias por fuego y sequía. El Senamhi advierte que el país ya siente los efectos con anomalías térmicas. El monitoreo registra temperaturas máximas por encima de las habituales.
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Zulma Camargo, vicepresidenta de la Organización Territorial de Base (OTB), señala que los comunarios saben que los pronósticos no son alentadores, considerando que ya están siendo golpeados por las altas temperaturas y que la falta de lluvias está afectando los reservorios de agua.
El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) advierte que el país comienza a sentir los efectos del fenómeno del Súper Niño, que está generando “anomalías térmicas” en distintas regiones
El director de esta institución, Kevin Campos, alertó que este calentamiento ya se manifiesta en diferentes zonas del país y anticipó que sus efectos podrían alcanzar una intensidad “muy fuerte” entre septiembre de este año y enero de 2027.
Los datos del Senamhi muestran que distintas zonas ya sienten los efectos de este fenómeno. En julio, 45 de las 50 estaciones meteorológicas monitoreadas registraron máximas medias por encima de lo normal. San Javier, por ejemplo, alcanzó 29 grados centígrados, cuando su promedio para ese mes es de 25 grados. En Camiri, la temperatura llegó a 26,48 grados, frente a una media de 23,70 grados.
Pero tres estaciones alcanzaron temperatura récord, al superar sus extremas históricas para ese mes. Puerto Suárez llegó el 30 de julio a 44,3 grados centígrados, por encima del récord de 37,4 grados registrado en julio de 2024. En Oruro se alcanzaron 22,4 grados, superando el registro histórico de 21,5 grados para ese mes. Mientras que Sarco, en Cochabamba, llegó a 34 grados, por encima de los 33,8 registrados en 2022.
Campos explicó que esta anomalía térmica provocó un calentamiento superior a 1,8 grados en La Paz y que otras regiones también experimentan incrementos.
Ante este panorama, el Senamhi pidió a las autoridades subnacionales y a los pobladores tomar previsiones para enfrentar los periodos de sequía y reforzar las acciones destinadas a prevenir incendios forestales.
En Candelaria, por ejemplo, los comunarios ya concentran sus esfuerzos en la prevención. Una de sus principales tareas es vigilar para evitar quemas y chaqueos. Sin embargo, también necesitan preparar sus terrenos para garantizar la producción de alimentos. Camargo explica que la comunidad tiene listo un plan de contingencia que contempla quemas controladas que será presentado al municipio para su visto bueno.
Camargo recuerda que en años anteriores la falta de lluvias y los incendios impidieron la siembra y algunas familias tuvieron que “comerse” hasta las semillas que habían guardado para la siguiente campaña. El año pasado, la comunidad tuvo que recurrir a instituciones para volver a sembrar.
Para responder a cualquier contingencia por incendios, la comunidad cuenta con dos brigadas de bomberos comunales, cada una integrada por 10 personas.
Para mitigar los efectos de la sequía, la dirigencia presentó una solicitud a la Alcaldía para que los atajados sean abastecidos con agua mediante cisternas, debido a que algunas familias dedicadas a la cría de ganado ya enfrentan dificultades para garantizar el suministro de agua para sus animales.
El fuego ya azota
El fuego ya ha dado aviso de que puede desbordarse rápidamente dada las condiciones climatológicas por la falta de humedad, los fuertes vientos y las altas temperaturas. En San Ignacio de Velasco, el fuego moviliza a las unidades de emergencias en distintos frentes.
En los últimos días trabajaron en el Cañón del Riabé y el barrio Pueblo Nuevo, donde las llamas asustaron a los pobladores porque avanzaron por la vegetación seca. Los vecinos aseguran que el fuego se inició en zonas de pastoreo, pero el viento propagó rápidamente las llamas que se acercaron a las viviendas, lo que obligó a muchas familias a salir para ponerse a buen recaudo.
“El calor se sentía a dos cuadras de distancia. Nadie duerme tranquilo esta noche”, dijo una vecina del barrio La Española.
El responsable municipal de la Unidad de Medio Ambiente, José Miguel Dorado, advirtió que se hará cumplir la ley, por lo que anunció sanciones contra quienes inicien quemas. Pide denunciar cualquier columna de humo que se divise entre la vegetación para atender de inmediato la emergencia.
La falta de recursos son uno de los problemas que enfrentan, por lo que las autoridades deben mover partidas presupuestarias para atender estas contingencias.
“Cada incendio nos cuesta el doble, porque perdemos bosque y, además, nos quitan recursos que pueden ir para salud, caminos y escuelas”, dijo Dorado.
Están mejor preparados
La concejala Nardy Velasco, cacique de la Central Indígena Chiquitana Amanecer Roboré, señala que están trabajando de manera preventiva y que han identificado que algunos incendios son provocados por personas “dañinas”. Esta labor ha permitido que los pocos puntos de fuego sean sofocados rápidamente.
“La comunidad está atenta y también hemos conseguido un carro bombero”, dijo al manifestar que la lluvia de los últimos días ayudó a sofocar las llamas y mitigó las temperaturas que llegaron hasta 40 grados.
Esta vez, las comunidades también se han organizado para dar una respuesta inmediata ante cualquier emergencia, tomando en cuenta que los fuertes vientos y las altas temperaturas favorecen la rápida propagación de las llamas.
En Roboré cuentan con alrededor de un centenar de bomberos comunales y voluntarios que, con el apoyo de distintas organizaciones, han logrado capacitar y equipar a las cuadrillas de las comunidades indígenas y originarias.
Velasco insistió en la necesidad de contar con reservas de combustible para atender las emergencias, ya que también se requiere maquinaria para abrir brechas en los sectores más vulnerables a los incendios y proteger áreas de alto valor ambiental, como el Valle de Tucabaca.
En Santa Cruz, hasta el momento la Gobernación ha registrado 102 incendios, afectando 23.103 hectáreas de vegetación.
Este fenómeno se sentirá con más fuerza en el país durante el último trimestre del año
Los efectos del Súper Niño comienzan a golpear en distintas regiones del país. El director general del Senamhi, Kevin Campos, resaltó que Bolivia atraviesa la etapa del “Súper Niño muy fuerte”. Los pronósticos señalan que se registrará una sequía severa, sobre todo en las regiones andina y amazónica, donde el déficit de lluvias ya llega al 10 % y 20 % en varios puntos.
La agricultura y los ecosistemas sufrirán con fuerza los efectos de este fenómeno, por lo que se recomienda intensificar la cosecha de agua y realizar un monitoreo en tiempo real de las cuencas.
Todo esto con el objetivo de blindar a las comunidades rurales y urbanas frente a una sequía extrema, mediante la construcción de atajados y el control riguroso de las reservas hídricas, antes de que el desabastecimiento afecte a los cultivos y al consumo humano.
Las medidas deben tomarse de forma preventiva, porque hay periodos que serán muy críticos. Campos explicó que el Súper Niño tiene cuatro etapas: débil, moderado, fuerte y muy fuerte. En ese sentido, se prevé que entre septiembre de 2026 y enero de 2027 existan las mayores probabilidades de que alcance su nivel “muy fuerte”.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también advierte que este fenómeno será extremadamente fuerte. “El Niño está claramente establecido y se intensificará hasta convertirse en un fenómeno muy fuerte en los próximos meses, con grandes impactos en los patrones de precipitación y temperatura, y los riesgos asociados a inundaciones, sequías y calor extremo”, afirmó la agencia meteorológica de las Naciones Unidas.
Los países van tomando acciones. Panamá y el Salvador se declararon en emergencia, porque han tenido hasta que reducir el tráfico de buques.
Otros países como Perú, Ecuador, Brasil, Colombia y Argentina, entre otros, están en alerta y han tomado acciones.
Uno de los valores que más alarma está causando entre los científicos es el aumento excesivo de las temperaturas del mar, y no solo de la superficie, sino incluso debajo de ésta. En la superficie se han superado con creces los registros normales.
