La alianza entre Cuba y China: asistencia militar, propaganda y control digital en la isla


La relación entre Beijing y La Habana incluye cooperación castrense, respaldo propagandístico y herramientas que pueden ampliar el control estatal sobre las comunicaciones digitales.

La alianza entre Cuba y China comienza a generar preocupación entre algunos funcionarios cubanos (Europa Press)La alianza entre Cuba y China comienza a generar preocupación entre algunos funcionarios cubanos (Europa Press)

Fuente: Infobae

Desde el 1 de enero de 1959 -día que Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio derrocaron a Fulgencio Batista– el régimen recién nacido que despertaba interés en el mundo comenzó a tejer un plan internacional para exportar la revolución al resto de América Latina. No constituye un secreto. Durante décadas fue un peligro para la región financiando revueltas, atentados y grupos terroristas e infiltró a centenares de espías en todo el planeta. Son más 67 años de desestabilización.

Fue primero la Unión Soviética la que durante décadas ayudó a La Habana a solventar y expandir su poder en tiempos de Guerra Fría con Estados Unidos. Luego, la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro salió a su rescate con petróleo y narcomercaderías hasta la caída parcial de Caracas, hoy tutelada. En la actualidad, Rusia y China están detrás suyo. Sobre todo la última.

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Cuba recibe desde hace tiempo ayuda militar del régimen de Xi Jinping. Esa asistencia genera preocupación y una alerta para la región. ¿A eso se refería Donald Trump cuando dijo ante la Asamblea General de Naciones Unidas que la dictadura de La Habana representaba una amenaza? Quizás el mensaje no era para ser escuchado en la isla, sino a 11 kilómetros, en Beijing.

Nada es gratis. A cambio de esa ayuda militar, el régimen conducido por Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro debe responder con algo en lo que es experto: propaganda. La Habana parece estar más preocupada en mostrar cómo Beijing y el Partido Comunista Chino (PCC) envía supuestas donaciones en lugar de tratar de solucionar la crisis humanitaria, económica y social que atraviesa el pueblo cubano. Ilusionistas perpetuos.

Pero las asistencias humanitarias de la autocracia china no suelen ser duraderas. Ni concretas. Lo sabe sobre todo Venezuela, que durante los últimos dramáticos años de su dictadura no fue beneficiada con grandes entregas salvo en cuentagotas. En 2019, por ejemplo, unos 120 soldados del Ejército Popular de Liberación de China llegaron a la Isla Margarita para entregar ayuda humanitaria y suministros militares a las fuerzas gubernamentales. Fue días después de que el Kremlin enviara también a personal militar para entrenar a los bolivarianos en el uso de helicópteros de la era soviética. ¿Qué obtuvo Beijing a cambio? Millones de barriles de petróleo a precio vil. Nada es gratis.

Paréntesis: lo mismo ocurrió durante los tiempos de la pandemia nacida presuntamente en un laboratorio en Wuhan, en la provincia de Hubei, China. En ese momento, Beijing creó una estructura propagandística en todo el globo mostrándose como una nación solidaria cuando en verdad montó un negocio fenomenal basado en material sanitario que vendió a todo el mundo. Detalles que ya nadie recuerda.

Personas esperan afuera de una tienda en La Habana, Cuba, que exhibe un cartel escrito a mano anunciando pollo a la venta (Reuters)Personas esperan afuera de una tienda en La Habana, Cuba, que exhibe un cartel escrito a mano anunciando pollo a la venta (Reuters)

Esos supuestos envíos humanitarios a Venezuela fueron la excusa para que fuerzas terrestres y material bélico chinos tuvieran presencia en el país durante años. Pero de nada sirvieron esos militares. Las promesas hechas a Miraflores fueron en vano: el pasado 3 de enero por la madrugada, ni China ni Rusia alertaron a tiempo a Maduro cuando un grupo comando de elite de los Estados Unidos irrumpió en el Fuerte Tiuna para llevarse al dictador y a su esposa Cilia Flores.

Una vez consumada la extracción, China sólo elevó críticas genéricas: el Ministerio de Relaciones Exteriores del régimen de Xi Jinping calificó la acción militar y la detención como una “clara violación del derecho internacional” y de la soberanía venezolana. La asociación con China no resultó en un gran acierto estratégico del chavismo.

Beijing tiene planes parecidos en Cuba. Quiere usar la isla como plataforma para debilitar el crecimiento del resto de América Latina, poder generar dependencia y finalmente controlar las comunicaciones internas del resto de las naciones de la región. Ya comenzó en la isla.

Un reciente informe de la ONG Ciudadanía y Libertad detalla cómo la dictadura cubana realiza una represión digital contra su población. Ante las restricciones para organizarse de forma presencial, los jóvenes cubanos trasladaron parte de sus vínculos, debates y denuncias a internet. Su lugar de encuentro. El informe señala que esa actividad digital se convirtió en el principal blanco de la vigilancia de las autoridades de La Habana.

El régimen de Xi es experto en este tipo de presencia policíaca en las redes y está dando a Cuba las herramientas para mejorar esa vigilancia para lograr un control absoluto sobre lo que se debate fuera de la esfera pública.

Pero existe algo más oscuro: ¿China digita además otro tipo de comunicaciones en la isla? Es la pregunta que se hacen los más jóvenes funcionarios cubanos que ven cómo el país se deteriora y las capas geológicas que lo gobiernan desde hace décadas intentan cualquier maniobra con tal de perpetuarse. Aunque sepan que comenzó la cuenta regresiva.

X: @TotiPI