Domingo con emociones encontradas


 

El domingo pasado estuve feliz mirando por la tele el magnífico triunfo del Real Madrid sobre el Barcelona. Me parecía imposible que se produjera la hazaña, pero apareció el mágico Mbappé y metió el gol necesario en el momento preciso, cuando al Barcelona no le quedaba tiempo para remontar su derrota. Fue una victoria sufrida y yo, viejo madridista desde las épocas de Di Stéfano, Puskas y Gento, es decir, desde hace 70 años, quedé dichoso.

Esa dicha no me duró mucho tiempo, fue un domingo con emociones encontradas, porque resultó que el veterano Lula, el paradigma de la izquierda sudamericana, a sus 81 años, le ganó la partida presidencial a Flavio Bolsonaro, mi candidato como no podía ser de otro modo. Todo iba parejo, incierto, sin un favorito claro, casi como en el enfrentamiento del Madrid con Barcelona. Sin embargo, a Bolsonaro le faltó el Mbappé que hiciera el gol decisivo y sin Mbappé se perdió el partido por agotamiento. El acoso del PT y de Lula en el área de Bolsonaro, no cesó ni un solo instante y Lula volvió a demostrar que, bajo su apariencia de viejito bonachón, tiene un filudo colmillo.



La derecha americana que, con la toma del Planalto, se relamía dejando solitario a México y su flacucha mandataria, más los renacuajos en que están convertidos Cuba y Nicaragua, y el mesurado Uruguay, ha quedado defraudada. El triunfo de Lula, pícaro y socarrón, no ha permitido el festín de la derecha, pese a que él no es un radical de la izquierda. Pero el Escudo de las Américas ha quedado perforado por una pesada lanza que solo el brazo de Aquiles podría blandir.

No va a suceder nada muy importante en las relaciones entre Brasil y sus vecinos, con excepción de Argentina. Para el gobierno de Bolivia no significaba nada excepcional que ganara Lula o Bolsonaro. Ni lo es que gobierne Lula, para el derechista Kast de Chile, quien ya lo ha felicitado. Ni con la señora Fujimori en Perú, ni con Paraguay, Colombia y Ecuador, aunque el “Luletazo” debe haberle producido un saborcito dulce a la presidente de Venezuela, Delcy Rodríguez, ahora sirviente de Trump, luego de asestarle una puñalada en los riñones al insoportable Maduro. Mas Delcy no se va a atrever a salir a la calle a bailar el joropo.

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¿Pero y Argentina? ¿Y Estados Unidos? ¿Qué va a suceder con ellos? Porque, no nos estamos inventando nada si recordamos que Milei, en sus ataques de cólera, llamó “zurdo de mierda” y “ladrón” a Lula. Milei tiene que haber dormido mal el domingo por la noche, debido a que habrá entendido que tendrá que tragar “sapos y culebras” durante lo que le queda de gobierno, para que el “zurdo de mierda” lo perdone y no le haga una “macumba” y le eche la magia negra, que pueda hacer estallar el MERCOSUR. ¿Felicitará o saludará Milei al insólito Lula que ha demostrado que sabe jugar billar a cuatro bandas? ¿Irá a la toma de posesión, como lo van a hacer todos los vecinos? ¿Enviará a su canciller? ¿Delegará a su embajador en Brasilia? Menos no se puede hacer.

Y ahora, lo más gordo: Trump. ¿Qué dirá Trump si la lanza del Aquiles paulista le ha perforado su Escudo flamante? Pese a que Trump tiene muchas otras preocupaciones, creemos que el domingo en la noche, como Milei, no ha dormido tan plácidamente. Brasil es demasiado grande y tiene mucho peso como para tomarlo a la ligera, hasta por los gringos. A la hora que escribo esta nota, martes en la mañana, Milei no ha reconocido el triunfo de Lula, aunque no ha desatado su ira. Pero Trump, que no tiene pelos en la lengua, ya dijo que no le gustaron las elecciones; que no le agradó el triunfo de Lula, porque se trató de una elección “amañada”, aunque él no tomó partido por ninguno de los dos candidatos. En Bolivia diríamos: “que le crea su abuela”.

Aunque Estados Unidos con todo su poderío y Argentina la gran vecina, digan que las elecciones fueron manipuladas o no quieran reconocer el triunfo de Lula, sabemos que nada se podrá hacer para revertir el resultado o llamar a nuevos comicios. Eso no lo cree nadie. Paisitos como el nuestro y Venezuela, con un par de sátrapas pillos en el poder, como Maduro y Morales, hicieron olímpicos fraudes a vista y paciencia de toda la comunidad americana y de la Unión Europea, que no hicieron sino emitir comunicados intrascendentes y sus buenos deseos porque sobreviva la democracia. Sin embargo, los pendejos solo dejaron el poder cuando los echaron como a delincuentes que eran.

 

Manfredo Kempff Suárez