(Parte del texto leído en el Cides el 29 de septiembre de 2026)
Gracias al Cides por invitarme a este acto de reconocimiento a Gonzalo Rojas, gracias a él por aceptar que yo diga algo de algunas percepciones sobre él como persona y un poco sobre su obra que, claro está, no acaba en el momento en que él se jubila. Creo que los profesores del Cides se referirán más a su producción bibliográfica y vida académica. Yo me tomo la licencia de hablar sin ese saco de fuerza.
Lo conocí en México, yo profesor de la UNAM y él deslizándose en los caminos de la ciencia política. No se equivocó al elegir México para estudiar ciencia política en esos años, pues en tales tiempos, después de los golpes de Estado en América Latina, incluido el de Pinochet, llegaron exiliados a ese país los mejores cientistas políticos y sociales de toda América Latina.
Y no se equivocó, pues el solo vivir en México te enseña política, pues te habla cotidianamente de democracia, pero puede jugar paralelamente al autoritarismo; declara institucionalidad, pero la básica es la del presidencialismo. No en vano Vargas Llosa habló de México como la dictadura perfecta. País extraño en el que todos criticaban al PRI, al partido de gobierno, pero en el fondo todos tenían algo de priistas. En esto hay algo de parecido a Bolivia, en que todos criticaban al MNR de la revolución, pero en el fondo tenían algo del nacionalismo revolucionario en su forma de sentir.
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Gonzalo se topó con un país que con Carlos Fuentes revalorizó el mestizaje y de ese modo lanzó a Bolivia esos mensajes que recién los va asimilando. Que con Octavio Paz mostró la importancia de la democracia, pero cuyos sones no llegaban con facilidad a nuestro país. De ese México que, con Juan Rulfo, nos enseñó a ver el país profundo, campesino e indígena, que probablemente algo haya influido en los primeros trabajos de Gonzalo que firmó junto a Xavier Albó.
De ese México que, con el muralismo de Rivera, Siqueiros y Orozco, pintó también a Bolivia con los murales de Alandia Pantoja. México reunió a los intelectuales latinoamericanos, vacas sagradas, a quienes solo conocíamos por sus escritos, por sus libros. Pero ya en ese país Gonzalo, como muchos otros estudiantes, pudieron tomar contacto personal con todos ellos, ser sus estudiantes o colegas de trabajo, especialmente en la inmensa UNAM. México lo marcó, por la academia, pero también por la vida cotidiana, por sus costumbres, por la intensidad de sus colores y de sus aromas, por una gastronomía variada como exótica.
Pero quizás las marcas más profundas fueron las de su primer matrimonio, con una mexicana admiradora de los trabajos de Zavaleta Mercado, y una marca más profunda por su hija también mexicana.
Su trabajo de licenciatura fue dirigido por Marcos Kaplan, una de las más grandes autoridades académicas de América Latina en el campo de las ciencias sociales y de la ciencia política. Kaplan, argentino, muy amigo del político Silvio Frondizi, le presentó en la propia Argentina al mexicano Jesús Reyes Heroles, el gran político mexicano que hizo una de las reformas políticas más profundas de México en la segunda mitad del siglo XX. Reyes Heroles se inventó un sistema multipartido, con partidos satélites creados por el propio PRI. Para quien estudiaba ciencia política, como Gonzalo, esto era oro en polvo para la academia.
A Gonzalo hay que reconocerle rigurosidad en sus trabajos, tendiendo al preciosismo, rigor en sus investigaciones, vastas lecturas, en especial de los clásicos y conocimiento de los fundamentos de la ciencia política. Es que leer a los clásicos, si se lo hace sin cuotas de dogmatismo, orienta, abre los ojos y da una buena formación. No sé cómo habrá sido con sus alumnos, me imagino que con la misma exigencia que él se impone a sí mismo. Es normal que los alumnos te odien un poco cuando les exiges mucho, hasta que adjetiven contra ti, pero, pasados los años, reconocen la formación a la cual tuvieron acceso.
Gonzalo es de carácter adusto, tendiendo a serio, pero no aburrido. A veces tiene enojos indisimulables, pero es de gran corazón, de esos que pueden echar una lágrima al recordar con cariño que le dio una buena fiesta de matrimonio a su hija; de esos que siguen viendo con amor a su madre muy entrada en años. De esos que aguantan con madurez y cariño el carácter de su hijo que sigue prolongando su adolescencia. De esos que recuerdan con cariño a su hermana y hermano. De esos que no es mezquino en la academia, sino que deja que otros jóvenes sigan su ruta.
Sé que con los amigos es leal, virtud que va desapareciendo en estos tiempos, y que también tiene capacidad de sonreír a pesar de lo adusto de su carácter; solo adusto, no renegón como René Mayorga.
Gonzalo Rojas ha sido ayudante de profesor en la UNAM del recordado Cayetano Llobet, no solo ayudante académico, sino también amigo de quien fuera uno de los profesores con más taquilla entre los estudiantes de esa universidad.
Gonzalo dice que José Ortiz Mercado es uno de los precursores de la ciencia política en Bolivia, quizás lo fue, pero en sus tiempos creo que no había carrera de ciencia política en la universidad; esta, como la economía, durante muchas décadas vivió bajo la cobertura de las facultades de derecho.
Si la ciencia política es nueva en Bolivia, apenas cuatro décadas, Gonzalo junto a su generación son los creadores de ella como una de las ramas de las ciencias sociales, me refiero a Luis Tapia, Ximena Costa, Franklin Pareja, Diego Ayo, Carlos Cordero y otros.
Gonzalo sigue la tradición de Jorge Lazarte o de René Mayorga, continuó esas miradas y las profundizó. Pero si hoy le hacemos un reconocimiento a Gonzalo, creo que también debemos hacérselo al Cides, pues esta institución ha permitido el desarrollo de la ciencia política boliviana.
Homenaje al Cides porque son pocas las instituciones de la universidad pública que impulsan la investigación y el desarrollo de un pensamiento independiente. Sin el Cides habría sido más difícil el camino de la ciencia política boliviana.
Quizás me equivoco al decir que en estos últimos 40 años la ciencia política boliviana se ha desarrollado con más velocidad que la sociología, la cual, si bien no se ha estancado, avanzó más lentamente, quizás ideologizada por los temas étnicos, sin ver el despliegue de los mestizajes y las metamorfosis de lo urbano-popular.
En su vida Gonzalo ha demostrado tener más alma de académico que de funcionario, y eso que fue parte del equipo que impulsó la participación popular; creo que el escritorio público no fue lo que más lo atrajo. Sumo un mérito más: Gonzalo no es de los intelectuales del poder, de esos que abundan en Bolivia, de esos que afinan la pluma o la lengua para apoyar o para ser congraciados con algunos regímenes políticos. Analiza el poder político, pero este no lo atrae. No le conozco militancia partidaria. Ni siquiera militancia de grupo para apoyar a algunas ideas que emocionaron a muchos intelectuales cuando se inició el proceso de cambio.
Pero no es un lobo estepario; está inscrito en un grupo de pensadores que cree que es necesario impulsar la democracia, creer en un Estado republicano, crear los checks and balances, creer en la Constitución y en el imperio de las leyes, entender que se debe impulsar la ciudadanización de los bolivianos, pues este es un proceso inconcluso que dejó el MNR revolucionario.
Al ver sus decenas de decenas de trabajos encuentro que hay algunas líneas de continuidad en tres temas, los cuales no son aislados, sino que constantemente se entrecruzan:
a) Temas indígenas, campesinado, interculturalidad, etnicidad
b) Democracia y política
c) Descentralización, municipio
En uno de sus últimos artículos como miembro del Cides reflexiona sobre Marcelo Quiroga Santa Cruz, pero no cae en el lugar común de referirse a las ideas socialistas de Marcelo, a su lucha transparente por el socialismo; al contrario, visibiliza una veta olvidada o no conocida de Santa Cruz, su apego a las ideas republicanas de la democracia; descubre a un Marcelo con el cual Gonzalo puede congeniar más intelectualmente. Seguro que en muchos radicales habrá un rictus de molestia por haber descubierto a ese Quiroga Santa Cruz, pero ¡qué bien que lo hizo! Al ser Rojas un radical de la democracia republicana, nos abre los ojos para mirar a Marcelo con otra mirada: menos socialismo y más democracia.
Querido Gonzalo, tienes un merecido reconocimiento de tu institución, pero tengo la certeza de que tienes más reconocimiento de las decenas de jóvenes que ayudaste a formar. Y más profundo que todo eso tienes y tendrás la gratitud de muchos bolivianos que saben y sabrán que es necesario estudiar tu obra para conocer el país complicado en el que habitamos. Tu familia, tus hijos deben saber que les has dado un apellido limpio.
Sigue con tus inquietudes intelectuales, sigue apoyando a la democracia, sigue creyendo que puede haber un futuro mejor. Ponle más felicidad y sonrisa a tu vida.
Te doy un abrazo como amigo.
Gracias.
Carlos Toranzo es economista.
