Sofocos nacionales


Ando odiosa, no “oh diosa” como me gustaría estar. Detesto seguir la telenovela política, para ver si Mariaca hizo, deshizo, Cerimedo aquí o allá. Abomino ver cómo el gobierno tiene manga ancha con los mineros cooperativistas, proporcionándoles concesiones mineras auríferas en áreas protegidas, y manga muy estrecha para perseguir a los que robaron joyas de oro en Santa Cruz. Justicia a la carta. Mientras el mundo celebra el descubrimiento de un nuevo felino, Senda Verde lucha contra la minería ilegal en sus propias narices, a vista y paciencia de su majestad, Rodrigo Primero. Mientras que muchos culpan a Mercurio retrógrado por sus males, aquí el mercurio (de verdad) fluye por sus venas y ríos porque “son una pequeña comunidad que se opone a la minería ilegal”.

Son los sofocos de un país en tiempos de calor. Hoy quiero hablarte de otro tipo de calor. ¿Sabías que cada 18 de octubre se celebra el día de la menopausia?

Millones de mujeres prefieren no hablar del tema. Porque es tabú. Porque “no se habla de cosas femeninas”. Porque “creen que estoy loca”. Porque mejor escondo que ando odiosa y no sé por qué. Porque no tengo tiempo y debo ganarme el pan nuestro de cada día. Porque eso es para las ricachonas y mi puesto de venta me exige estar de sol a sol. Por mil y unas razones más, este tema no se toca.



Este 2026 se eligió como tema central “El dolor crónico en la mediana edad”, ya que afecta a una proporción significativa de mujeres durante y después de la menopausia. El Día Mundial de la Menopausia surgió por iniciativa de la International Menopause Society para aumentar la conciencia, promover la educación e impulsar la atención clínica integral a la menopausia.

Pero qué preocupante la falta de empatía en gran parte de la sociedad. Lo peor es que las redes se llenan de especulaciones absurdas, bromas de mal gusto e interpretaciones insensibles que olvidan por completo la dignidad de las mujeres que están atravesando ese momento en sus vidas.

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Además no falta quien, muy suelto de cuerpo, te grita en la calle “vieja de M”, o frases como “tus hormonas deben andar revueltas”.

Efectivamente las hormonas se revuelven. En hombres y mujeres. Y luego brillan por su ausencia. En Plurilandia, una puede estar con los sofocos de la menopausia y los calores de la política al mismo tiempo. La diferencia es que las hormonas, tarde o temprano, encuentran su nuevo equilibrio; los políticos, en cambio, parecen empeñados en demostrar que la vergüenza también puede desaparecer sin necesidad de que llegue el climaterio.

Así que, si me ven odiosa, no pregunten si son las hormonas. Puede que sea la menopausia, puede que sea la factura de la luz o puede que sea este gobierno de telenovela interminable. Porque una cosa es envejecer, otra es enfermar y otra, muy distinta, es tener que soportar a quienes creen que gobernar consiste en repartir privilegios, mientras el resto de las mujeres debe aguantar en silencio hasta sus propios sofocos.

¡A nosotras que nos revisen las hormonas; a ellos, por favorcito, ¡que les revisen la conciencia!

Monica Briançon Messinger es periodista