POBRE CHICO, VICIOSO EL PELAU…
«Creo que tenía diez años y ya era un adicto al vicio. Sí, lo confieso, era adicto al vicio.
Y en ese vicio me colgaba de la radio a pilas, solo pa escuchar a Wally Aparicio que decía:
«¡Vamos al estadio!», pero claro, Bernardo Silva era el Señor junto a Delfo Limpias y otros capos como ellos…
Mamá vendía comida; los sábados y domingos venía mucha gente y ella decía:
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– «Ni pensés irte al estadio si no me lavás los platos y las ollas primero»Y claro. Soy parte de la generación de pelaus que hacía caso.
Dos y cinco de la tarde ya era tarde para llegar al estadio a cuadra y media de mi casa; era tarde porque el viejo Willy Bendeck ya estaba lleno a esa hora.
Era tarde porque tenía que pararme junto a algún adulto y decirle:
– «Señor, ¿puedo entrar con usted?»
Y se sentía esa adrenalina, ese miedo a que el boletero te niegue la entrada.
…Y tenías que ser rápido para agacharte y pasar por debajo, luego tirar el pique y buscar un sitio en la tribuna ya casi llena y caliente por el sol pero éramos pícaros; poníamos nuestras manos como asiento. ¿Quejarnos del sol? ¡Nica!…
Valía la pena.
Porque en esa época había jornada doble y no salías del estadio hasta las seis. Era emocionante, sagrado ver como colocaban las banderas de los equipos en el mástil de la curva este.
Y empezaba…
Y veías a un puntero veloz, llamado Miguel Aguilar, un asesino del gol que llegaba hasta el fondo y le sacaba la cabeza al arquero de turno.¿Y Delfín Barba?, ¿Y Bernardino Vargas?.
Un deleite verlo patear tiros libres a Taritolay; tardes hermosas para ver las diabluras de Hugo Cachera Sánchez, la seguridad de Erwin Frei, Manga, Griseldo Cobo, Elvio Cuéllar, Hebert Hoyos, Carlos Conrado Jiménez, Ismael Peinado o Ladislao Jimenez.
¡Que arquerazos!
¿Y Adolfo Rocabado? ¿Y Humberto Ponce?, ¿Y Tito Melgar?, ¿o la picardía de Peji Hurtado?, ¿ Y los amagues en velocidad de Germán Parada, Wilson Herbas o Silvio Rojas.?
Imposible no ver a un Tamayá Giménez que hacía pedir perdón a los arqueros….Crecí viéndolos a ellos.
Vi jugar a Benquique, Dionisio Amarilla, a Callapo Callaú, Jorge Campos, vi a Pacho Flores, ¡hacerle un túnel a Pelé!.
…Y bueno, un día llegó Capielo, Toninho Gotardi, Dedé, Jesús, apareció un enano mágico de apellido Huguenett, otro criminal del área llamado Daniel Castro y otro mágico llamado Milton, hijo de un memorable zapatero de apellido Melgar…
…¿Cómo olvidar la noche que le pusieron luz al estadio? Ahí vi el debut de dos pelaus, dos Erwin; uno de apellido Espinoza que te pateaba hasta la lengua y el otro, pura magia, un pelau de apellido Romero a quien le decían Chichi.
La primera década de mi vida, la más feliz, la época cuando jugábamos a los penales en la grama de Calizaya, ahí en la Ana Barba; el medio día que cayó el avión en el estadio…
Otra época, otros jugadores, época hermosa de sueños e ilusiones, un tiempo que se fue con el buen fútbol y los nombres de muchos que no menciono por que la lista es enorme…
Sí, lo admito. Tenía diez años y ya era un vicioso, un adicto al Buen Fútbol.
Ese buen fútbol que hace mucho no se ve…
EL ESCRIBIDOR
npetv
