Un estudio de la Fundación Tierra concluye que los agricultores familiares campesinos sufren todavía graves prejuicios y discriminación, pero en Bolivia su situación es más grave.
“En Bolivia esta aversión se hace más fuerte por las posturas antiindígenas”, revela este estudio.
Sin embargo, la población de las ciudades asume una “doble actitud”, ya que, por una parte, persisten las señales de descrédito generalizadas hacia los agricultores campesinos, y, por la otra, muchas personas acuden a los comedores populares y al mercado para su comida diaria, apreciando en la práctica y en la compra el aporte campesino a su alimentación.
Este aislamiento y discriminación también tiene que ver con normas constitucionales que no se cumplen con rigurosidad, ya que, en el marco de tratamientos y atención en igualdad de condiciones, se ha demostrado que la agricultura familiar campesina no ha tenido los mismos privilegios que la agricultura industrial comercial.
“El apoyo a los agricultores es considerado en las políticas públicas, pero tienen varias deficiencias. Los programas fomentan cultivos específicos aislados contradiciendo al carácter integral de la agricultura familiar; por tanto, no son sostenibles”, indica el informe.
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Sus representantes manifestaron que son 2 mil familias productoras de quinua y que en muchas gestiones se les ha impedido el ingreso a las compras públicas.
El país continúa importando trigo, arroz, maíz, manzana, durazno, uva, cebolla, tomate, frijol y papa, que se producen en Bolivia.
Fuente: lostiempos.com
