El presidente Evo Morales ha declarado su apoyo al papa Francisco en la jornada mundial de ayuno por la paz en Siria. El gesto es parte de su campaña de acercamiento al catolicismo en tiempos pre-electorales, pero lo cierto es que la postura de fondo de Morales sobre el caso sirio es muy alejada de la del Sumo Pontífice.
Para empezar, éste ha sido muy claro en manifestar su condena rotunda al ataque con armas químicas lanzado por Bashar Al Assad, algo que Evo no ha hecho ni hará, presumiblemente.
No hay tal pacifismo en el gobierno boliviano, sino lisa y llana complicidad con una dictadura sanguinaria, principal responsable de la muerte de casi 100.000 personas en los últimos años.
Así se vio durante las votaciones realizadas en la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Siria, en las que la representación del régimen evista se ha opuesto de manera sistemática a condenar los atropellos de Al Assad.
Sucede, por una parte, que la dictadura siria es el único integrante extra-continental de la ALBA, lo que puede darnos una idea del grado de afinidad con los regímenes neo-populistas.
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Pasa, también, que en la visión “antiimperialista” de Morales todo abuso perpetrado por gobiernos contrarios a Occidente puede ser pasado por alto.
La comunidad internacional tiene el doble desafío de frenar los crímenes de Al Assad y hacerlo de manera selectiva, fortaleciendo a los rebeldes laicos del Ejército Libre Sirio y no a las fuerzas yihadistas, precautelando la seguridad de las minorías cristianas.
¿Difícil problema? Sin duda, pero ante el desangramiento sirio, no hacer nada no es una opción…