Christian A. Aramayo Arce
Personalmente considero al proceso de acreditación como un esfuerzo de las universidades públicas para darle la oportunidad a las carreras que así lo decidan (en el marco de la autonomía universitaria) a ser sometidas a una evaluación externa. Vuelvo a escribir en este espacio luego de una serie de actividades intensas, una de ellas fue el proceso de acreditación de la carrera que amo como San Agustín manda y en la que ejerzo temporalmente un cargo como autoridad estudiantil. Les comento un poco acerca de esta importante experiencia institucional. Por cierto, cualquier referencia pormenorizada la pueden sacar descargando el formulario de acreditación.
Hoy me limitaré a comentar acerca de los mitos del proceso de acreditación:
“La acreditación enfoca a la educación universitaria como un simple proceso de satisfacción de necesidades del mercado laboral” o “La acreditación utiliza indicadores neoliberales”
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Si bien el Plan de Estudios es una de las 10 áreas específicas de acreditación al igual que la administración y gestión académica, sus respectivos indicadores y sub-indicadores se refieren a normas y objetivos institucionales claros, cantidad de carga horaria del programa académico, cantidad de horas promedio dedicadas al uso de un ordenador, etc. Los sub-indicadores a ser evaluados no hacen referencia alguna al contenido de la malla curricular, ni a la relación de ésta con el mercado laboral.
“Mientras más nota, mejor” o
“Tenemos que sacarnos la mejor nota de toda la universidad sí o sí”
No hay que olvidar que el proceso de acreditación no es mostrar lo que nunca hubo, ni tampoco certificar algo que no existe. No se trata de maquillar a la carrera, sino de mostrarla como es. La importancia de la acreditación no radica en la nota, sino en los indicadores que miden qué tan bien o mal estamos en una de las diez áreas; mentir o maquillar estos indicadores hará de este valiosísimo instrumento de evaluación -y planificación- un simple papel y se enviará una falsa señal a la sociedad de una carrera que aparenta tener buena nota de acreditación, pero que en la realidad es un desastre. Aquí lo que vale es la honestidad y los resultados se ven en el mediano plazo sólo en las carreras que así lo hicieron. Economía es una de ellas.
“Para la acreditación es necesario un módulo propio”
Nunca. El formulario número 10, dedicado exclusivamente a infraestructura de la carrera a ser sometida al proceso, le dedica tan sólo uno de sus sub-indicadores a que la carrera debe tener “aulas propias, suficientes, equipadas y acondicionadas”. Los otros sub-indicadores son dedicados exclusivamente a la disponibilidad o no de bibliotecas, laboratorios, oficinas y ambientes y equipos para docentes. Se descarta por completo la necesidad de todo un módulo manejado por la carrera.
“La acreditación certifica calidad académica”
La acreditación no sólo certifica la calidad académica, sino que certifica eficiencia, actualidad y calidad institucional, lo que es más importante para la carrera sometida a evaluación en el largo plazo siempre y cuando no se maquillen los datos. Tenemos que considerar que vivimos en un sistema universitario público, por lo que la eficiencia administrativa, la transparencia y la calidad institucional no pueden suponerse hechas, sino todo lo contrario. Esto además, implica considerar a la calidad académica como parte del proceso de acreditación y no como su fin último ni como lo más importante. Es por ello que en el proceso de acreditación no se evalúa el conocimiento de los estudiantes (como producto final del proceso de enseñanza-aprendizaje) a comparación de otros de otros países, para ello la carrera debiera someterse a otro tipo de certificaciones.
“En la acreditación, la misma universidad es la que evalúa a las carreras, no tiene sentido objetivo desde el punto de vista de una evaluación”
En la acreditación se evalúa a la carrera (desde sus autoridades universitarias, personal administrativo, estudiantes y docentes), a los ex-estudiantes y se hacen entrevistas a empleadores para cruzar toda la información recolectada con los 10 informes de acreditación. Además, los pares evaluadores son 5: 3 provenientes de universidades nacionales, uno de una universidad del extranjero y un último par evaluador de parte del sector empresarial, todos bajo la coordinación del Secretario Nacional de Acreditación del Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana.
¿Qué pasó en Economía?
El proceso de acreditación de la carrera de Economía comenzó hace casi 13 años, en 2001 con la primera autoevaluación donde sacamos un puntaje de 251 sobre 1000 puntos, (demostrando una profunda autocrítica para con nosotros mismos) y ha sido un trabajo de varias generaciones estudiantiles y otras cuantas de docentes que concluyó felizmente con una nota de 90.1 puntos sobre 100, certificando a Economía como una de las pocas carreras del sistema universitario boliviano en “condiciones excepcionales de calidad y excelencia”.
Cabe mencionar además, que durante la lectura del informe de acreditación la carrera de Economía de la UAGRM (Santa Cruz, Bolivia) ha sido bastante honesta en la presentación y redacción de sus informes reconociendo sus debilidades, además que una de nuestras mayores fortalezas identificadas ha sido el trabajo coordinado entre el estamento docente-estudiantil. Así también, nuestra mayor debilidad -ya antes reconocida- es el bajo grado de investigación. El horizonte ha sido marcado y nuestra principal debilidad identificada; en este momento de lo único que estoy seguro es que trabajar hacia esa dirección no ha sido un desatino y vamos a promover aún más, los trabajos de investigación como reconocimiento de nuestra debilidad como institución académica e implementar mejoras en la infraestructura y equipamiento como principal demanda de los estudiantes.