Lo que Evo no entiende sobre la democracia


imagen-evomorales Desde Yapacaní, plaza fuerte del Movimiento Al Socialismo en el departamento de Santa Cruz, el jefe del régimen cocalero se jactó de que su partido ha ganado seis elecciones consecutivas, por lo cual no podría ser tildado de dictador.

“Ahora que un campesino está de presidente y ganamos con amplia mayoría nos acusan de dictadura, eso no se puede entender”, dijo Evo Morales.

Estas declaraciones merecen varias precisiones. Para empezar, debe recordarse que las victorias electorales de Morales se produjeron: a) luego del derrocamiento de dos gobiernos constitucionales, forzando los comicios en el momento más propicio para su partido (2005); y b) una vez en el Palacio Quemado, utilizando toda la maquinaria estatal en provecho del oficialismo, incluyendo irregularidades en el padrón de votación.



Pero aún si tomáramos esas victorias como transparentes y legítimas, no bastarían ciertamente para definir a su régimen como democrático, ya que no sólo debe tenerse en cuenta el modo de acceso al gobierno, sino también la forma de ejercicio del poder.

Llegar al gobierno a través de las urnas, pero luego eliminar la división de poderes, perseguir a los representantes de la oposición y hostigar a la prensa independiente parece ser la receta para la dictadura encubierta con formas legales.

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Salvando las distancias, habrá que señalar que Adolf Hitler llegó al poder de manera constitucional y que, como decía Martin Luther King, “todo lo que hizo en Alemania era legal”.

En el mismo sentido, Montesquieu advertía que “no existe peor tiranía que la ejercida a la sombra de las leyes”.

Bolivia es, hoy por hoy, la cáscara de una democracia vaciada. Las “amistades peligrosas” de Morales con dictadores de toda laya -desde Gaddafi a los hermanos Castro, pasando por los ayatolas iraníes- no deja margen de duda sobre sus inclinaciones autoritarias…

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