100 años de Octavio Paz


Mauricio Ochoa Urioste

MAUOCHOA El 31 de marzo de 2014 se conmemorará el centenario del natalicio del Nobel de Literatura Octavio Paz. Los homenajes a Paz además de la Casa de América en Madrid, se realizarán en Santiago de Chile, en Boston, en la embajada de la India en México y en la ciudad de Puebla.

El prolífico autor de El Laberinto de la Soledad pronto se desencantaría de la izquierda y del marxismo y muy especialmente de la utopía que imperaba durante sus años mozos: la Unión Soviética. Así, publica en 1951 en la revista bonaerense Sur, un informe sobre los campos de concentración soviéticos que le reporta el mérito de denunciar tempranamente los horrores que luego serían publicitados por la propia alta dirigencia soviética. Concluye Paz: “Los campos son algo más que una aberración moral, algo más que el fruto de una necesidad política: son una función económica”.



Para Paz, muchos intelectuales de izquierdas cierran los ojos ante la realidad de la burocracia soviética, su policía omnipresente y omnipotente, sus campos de concentración y la política imperialista de Moscú, para ver con la mente la imagen de una patria socialista, libre, pacífica y feliz. Todavía en 1991, cuando ya la Guerra Fría ha terminado y la Unión Soviética desaparecido, persevera en su acusación, esperando quizá un reconocimiento o un acto de contrición: si la conversión a la democracia de nuestros intelectuales de izquierda es realmente sincera, tiene que ir acompañada por una confesión: fueron cómplices – acepto que, en la mayoría de los casos, de manera involuntaria y de buena fe – de un crimen inmenso. “La Unión Soviética ha vuelto a la antigua concepción del imperialismo, que identificaba la dominación con el poder directo sobre los territorios, los gobiernos y las poblaciones”.

Escéptico del Tercer Mundo, Paz alude a ella en los siguientes términos: “colección abigarrada de pueblos en andrajos y civilizaciones en añicos, la heterogeneidad del ‘Tercer Mundo’ se vuelve unidad frente a Occidente: es el otro por definición, su caricatura y su conciencia, la otra cara de sus inventos, su justicia, su caridad, su culto a la persona y sus institutos de seguridad social.

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Cuestiona la democracia de su tiempo y cree que ésta se encuentra acosada por la masificación y la transformación del debate público en espectáculo. La democracia no se identifica con ningún sistema de valores últimos, aunque tolera en su seno la pluralidad y la competencia entre valores diversos: nada más ajeno a la democracia que los absolutos políticos, religiosos o filosóficos.

Por otro lado, para Paz el mercado libre ha demostrado que es más eficaz. Según él las consecuencias de la estatización de la economía están a la vista: baja productividad, estancamiento, mal uso y dilapidación de los recursos humanos y naturales, obras faraónicas (pero sin la belleza de los egipcios), escasez generalizada, servidumbre de los trabajadores y un régimen de privilegios para la burocracia.