El líder espiritual de la Iglesia Católica al concluir el Retiro Papal en Castel Gandolfo días antes del Viernes Santo expresó: “Creo que será un signo importante el cargar la Cruz porque Cristo aún sufre, y yo llevó también todos los sufrimientos en mis oraciones”. Fue un comienzo por su amor a Jesús y a la humanidad, y su preocupación por la tragedia de la guerra.
Cómo no se va preocupar si hay sufrimiento en Teherán, Saharestan, Isfahan, Ahroz, Sihraz y Bandar Abbas por explosiones y misiles de EE.UU., Israel y de Irán a Medio Oriente y Bases militares de EE.UU. Instituciones ligadas a Derechos Humanos informan que los misiles han causado al menos más de 2.000 muertos, 80.000 viviendas reducidas en escombros y más de 120 museos históricos patrimonio de la UNESCO convertidos en cenizas. El éxodo de iraníes hacia países vecinos no tiene precedentes.
El Papa León XIV presidió el Viernes Santo la celebración de la Pasión y Muerte de Jesucristo, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, caracterizada por tres momentos: La Liturgia de la palabra, la oración de la Cruz y la sagrada comunión.
El Pontífice de la Iglesia Católica se postró ante el Altar mientras los cardenales, obispos, sacerdotes, religiosas y feligreses se arrodillaban en silencio. En el recogimiento de la celebración toda la iglesia contempla el misterio de la Cruz, el lugar donde el sufrimiento se transforma en victoria.
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En su primera Semana Santa León XIV cargó personalmente la Cruz de Madera a través de las 14 estaciones del Vía Crucis en el Coliseo de Roma, lo que marca la primera vez en décadas que un Papa lleva la Cruz en cada estación.
Arman Isayan hizo notar que más de 18.000 italianos se congregaron en Viernes Santo y agregó: “Cuando miles se unen para buscar a Dios no es solo un evento. Es un recordatorio de que el Evangelio sigue vivo, que la verdad de Cristo sigue transformando, y que todavía hay hambre espiritual en las naciones”.
La hora de la Madre ha llegado, el Sábado Santo, considerado el día más austero del Año Litúrgico, cuando Cristo yace en el Sepulcro y la liturgia permanece en el silencio, una tradición de origen bizantino encomienda a la Virgen María la custodia de la espera.
El Sábado Santo, no tiene eucaristía ni anticipa la Pascua: La Liturgia se detiene en el sepulcro. Cristo está muerto, sepultado, enterrado en la tumba llamado el Edículo, es el lugar donde el Ángel se sentó tras remover la piedra.
En este día Santo, todo está en silencio, todo está quieto. El Sábado Santo no nos pide que comprendamos, sino que permanezcamos. En este día de la Madre de Cristo representa a toda la Iglesia que se congrega a su alrededor, convirtiéndose en puente entre la muerte y la vida.
El Sábado Santo, según Benedicto XVI, “es una invitación a madurar la fe. A pasar de una fe basada en sensaciones a una fe basada en confianza. Hoy, sí estas atravesando un momento de silencio interior, no lo interpretes como abandono. Tal vez, estás entrando en el misterio. Y ahí, Dios sigue presente”.
El Papa León XIV presidió esta noche la primera Vigilia Pascual de Sábado Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, solemne ceremonia en la que bautizó a diez catecúmenos adultos, siguiendo la tradición de los primeros siglos de la Iglesia: cinco de la diócesis de Roma, dos de Portugal, uno de Corea y dos de Gran Bretaña.
El rito comenzó en un atrio del templo vaticano en penumbra, donde el Pontífice procedió a la bendición del fuego y la preparación del cirio pascual. Con un punzón León XIV grabó sobre la cera una cruz, la primera y última letra del alfabeto griego (alfa y omega) y las cifras del año en curso.
La procesión se inició hacia el altar encabezada por el cirio pascual, seguida por el Pontífice que portaba una vela encendida, y por los cardenales, obispos, sacerdotes, religiosas y feligreses.
Durante el recorrido, las velas de los cardenales y los fieles se fueron iluminando con el mismo fuego del cirio pascual, iluminando de luz la parte central de la Basílica de San Pedro. El rito culminó con la iluminación del templo y el canto del “Exsultet”, el tradicional anuncio de la Pascua.
El Papa en la misa citando un antiguo himno dijo: “expulsa el odio, fomenta la concordia y derriba a los poderosos”. Refiriéndose al simbolismo de las velas encendidas, dijo que “este es un signo de la luz pascual que nos une en la Iglesia como lámparas para el mundo”. La vigilia pascual conmemora “la victoria del Señor de la vida sobre la muerte y el infierno”.
El Papa señaló que el triduo pascual era una gran celebración de los “misterios de la pasión de Dios” y subrayó: “El resucitado es el mismo Creador del universo que, así como al principio de la historia nos dio la existencia de la nada, en la cruz, para mostrarnos su amor infinito, nos dio la vida”.
Afirmó, si bien el núcleo de la historia de la Pascua es la resurrección de Jesús de entre los muertos, “el santo misterio de esta noche, se extiende a través de los siglos”.
En los nueve pasajes de las Escrituras leídos durante la liturgia, el Papa León XIV explicó, vislumbramos algunas de las etapas de este “camino de reconciliación y gracia”, desde la creación del mundo por Dios hasta la huida de los israelitas de Egipto y las reflexiones de San Pablo sobre la Resurrección de Cristo.
El tema unificador de todos estos momentos en la historia de la salvación, subrayó el Papa, es que “Dios responde a la dureza del pecado, que divide y mata, con el poder del amor, que une y restaura la vida”.
León XIV reflexionó sobre la Resurrección de Cristo, como se narra en el Evangelio de Mateo: Cuando las dos Marías visitan la tumba de Jesús, un terremoto hace rodar la piedra que bloqueaba la entrada. Lo que presencian las dos mujeres es “el poder del amor de Dios, más fuerte que cualquier fuerza del mal. La humanidad puede matar el cuerpo, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, que trasciende la muerte y que ninguna tumba puede aprisionar”.
El Pontífice añadió que María Magdalena y la otra María se negaron a ser intimidadas, sino que, por fe y amor, se convirtieron en las primeras testigos de la resurrección. Señaló que, en el terremoto y en el Ángel sentado sobre la piedra removida, reconocieron el poder del amor de Dios, que es más fuerte que todo poder del mal, capaz de vencerlo. El hombre puede matar el cuerpo, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, que trasciende la muerte y que ninguna tumba puede aprisionar”.
En el final de su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre las “tumbas que aún quedan por abrir hoy”, como la “la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el resentimiento”, así como la “guerra, la injusticia y el aislamiento de los pueblos y las naciones”. Exhortó a sus oyentes a no dejarse “paralizar ante tales desafíos.
Resaltó, deberíamos imitar el “compromiso” de los santos que nos precedieron, para que “los dones pascuales de armonía y paz” puedan “crecer y florecer en todas partes y siempre en todo el mundo”.
Añadió que, a lo largo de la historia muchas personas, con la ayuda de Dios, lograron “remover estas piedras”, a veces con gran esfuerzo, incluso a costa de sus vidas. Esto ha dado fruto que perduran hasta nuestros días. “No se trata de héroes inalcanzables, sino de personas como nosotros”, señaló León XIV. Gracias a “la gracia del Resucitado, en amor y verdad”, tuvieron el valor de proclamar la palabra de Dios y actuar con el poder del Señor.
Exhortó, “Dejémonos inspirar por su ejemplo y, en esta Noche Santa, hagamos nuestro su compromiso, para que en todas partes y siempre del mundo crezcan y florezcan los dones pascuales de la concordia y la paz”.
La Iglesia Católica celebra en las últimas horas de este Sábado Santo (4-04-26) y las primeras del Domingo de Pascua (5-04-26) el momento más importante y antiguo del año litúrgico, que conmemora la “resurrección de Jesús”, signo central de la fe cristiana. En todas las Iglesias del mundo la liturgia de la Vigilia Pascual se compone de cinco elementos: la bendición del fuego nuevo y del cirio pascual; la proclamación de la Pascua, que es un canto gozoso que anuncia la Resurrección del Señor; la serie de lecturas sobre la Historia de la Salvación; la renovación de las promesas bautismales; y, finalmente., la liturgia eucarística.
El Papa León XIV subrayó: “Dios responde al pecado con el poder del amor”. El mundo católico celebre y viva “la victoria del Señor de la vida sobre la muerte y el infierno”. Ese infierno de guerras, misiles, drogas e injusticias debe acabar.
En Bolivia se celebró la Semana Santa con mucho fervor y amor, repasemos los actos trascendentales en algunas Capitales de departamento.
El Monseñor Ricardo Centellas, Arzobispo de la Arquidiócesis de Sucre, en la Homilía del Sábado 4 de abril a las 22:45 dijo: “Que Jesucristo ha resucitado” para enseñarnos que hay que saber ver y escuchar, comprender y amar. Él viene a salvarnos, a perdonarnos y a mostrarnos que la vida es fe, amor y convivencia. Concluyó con la frase: “Quién nos ama, “Jesucristo”; Quién nos escucha, “Jesucristo”, y ¡Viva Jesucristo!
El Monseñor Percy Galván, Arzobispo de la Arquidiócesis de La Paz, en su estilo carismático motivador dijo: “Viva Jesucristo Resucitado”. Destacó en la homilía que: “La alegría de Cristo Resucitado que nace de nuestras entrañas y está en el ADN de nuestro cuerpo es permanente, es constante, es lo que da sentido a nuestra vida y hace que vivamos la paz, la felicidad y el amor del Señor”.
El Monseñor René Leigue, Arzobispo de la Arquidiócesis de Santa Cruz, resaltó: “Cristo ha Resucitado”, alégrense de la resurrección porque está entre ustedes. Subrayó “el Señor quiere darnos un corazón sensible, un corazón lleno de vida, alegría y esperanza”.
El Monseñor Emérito, Jesús Juárez, en la homilía del Domingo de Resurrección, desde la Parroquia de San Roque dijo: “Jesucristo ha resucitado para salvarnos”. Y su venida no es por solo 150 días, sino por siempre. Despertó el compromiso y la emoción en los feligreses con la frase: “Jesucristo ha venido para hacer el bien”, y hacer el bien es lo que más hermoso de la vida.
El Papa León XIV en la felicidad de la Pascua en Domingo, señaló: “Animados por la fe en Cristo resucitado recordamos nuestro bautismo hasta el final de nuestro peregrinaje”. El júbilo estalla porque el Rey de la paz ha resucitado y nos invita a caminar en una vida nueva. Añadió en su mensaje, “A la luz de la Pascua, ¡dejémonos sorprender por Cristo! ¡Dejemos que su inmenso amor por nosotros nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo”.
La resurrección de Jesús fue donde el Pontífice resaltó la victoria de Cristo frente a la muerte y acusó que la humanidad se está acostumbrando a la violencia, además de anunciar la “globalización de la indiferencia”. Unos 18.000 feligreses recibieron el mensaje y bendición del Papa “Urbi et Orbi”.
El Santo Padre Juan Pablo II dijo: “Ha resucitado del sepulcro el Señor, que por nosotros fue colgado de la cruz. ¡Aleleuya!”. “Pacem in Terris…La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse sino se respeta fielmente el orden establecido por Dios”.
