Proliferaron en las gradas las banderas promonarquía (Shir-o-Khorshid), pero el debut no registró problemas. El técnico se quejó tras el choque por el trato recibido. Taremi, retenido en la frontera.

Con la grada llena y la tribuna de periodistas repleta, más incluso que para el debut de Alemania o el de Holanda, el estreno de Irán en el Mundial se celebró sin ningún tipo de incidentes ni altercados. A pesar de que el ministro de Deportes de Irán había amenazado con retirar al equipo si veían algo hiriente durante el partido contra su país, el encuentro se jugó sin ningún problema. Es más, hubo fiesta entre los miles de aficionados iraníes, todos ellos inmigrantes o hijos de inmigrantes, que se reunieron en la grada. Se calcula que hay 60.000 personas con raíces de Irán en el país. Nadie más puede entrar en EE UU durante estos días para acudir a los partidos, pues los visados están prohibidos para los ciudadanos iraníes.
Lo que sí proliferaron en las gradas fueron las banderas promonarquía en Irán que se representan con un león y un sol (Shir-o-Khorshid). La FIFA no es amiga de que se hagan proclamas políticas desde la grada, pero tampoco tomó excesivas cartas en el asunto. Sí que se registró en la grada una pancarta de la afición iraní en recuerdo a las 168 víctimas de una escuela en Minab tras un bombardeo el pasado 28 de febrero.

Hace cuatro años ya se vivieron escenas emotivas cuando Irán se negó a cantar el himno nacional en el partido inaugural en Qatar frente a Inglaterra para orgullo de sus hinchas en la grada. Esta vez, sin aficionados expresamente desplazados desde Irán, ni siquiera se llegó a este extremo.
En los últimos días se ha flexibilizado mucho la postura de la administración Trump respecto a los jugadores de Irán. Se llegó a decir que tendrían que viajar en el mismo día a los partidos, pero no fue así. A Los Ángeles llegaron en la víspera entre fuertes medidas de seguridad y no hubo problemas de ningún tipo.
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Su salida rumbo a México, donde finalmente han decidido alojarse, sí fue más movida. La federación de fútbol de Irán denunció que “dos miembros clave del equipo (Taremi y Saeed Al Hawiese) se retrasaron y presentaron dificultades injustificadamente en la salida del aeropuerto, lo que provocó una demora en la salida del convoy de la selección nacional de Irán hacia Tijuana”. Antes, Gianni Infantino había bajado al vestuario para dar las gracias al equipo por jugar el Mundial con normalidad.
El seleccionador Ghalenoei, tras el empate ante Nueva Zelanda fue crítico con la situación de su selección: “Parece que otros están haciendo la planificación por nosotros. Nuestro equipo es el más oprimido de toda la Copa Mundial”. Pese a ellos, Irán es una más en el torneo. La FIFA se congratula tras haber trabajado expresamente por intentar que esto fuera así.