Nacen los Estados Unidos de Europa


Esta semana desfilarán por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mandatarios de todo el mundo occidental. Ninguno va con buenas noticias.

Todos saldrán –casi obligados– al pleno con la peor agenda posible para sensibilizar a los líderes del mundo democrático sobre el actual caos mundial, la crisis geopolítica, la arremetida del trumpismo, la llegada de la extrema derecha en Europa, la invasión de Rusia contra Ucrania y el polvorín que es hoy Medio Oriente. Pero, quizás, lo más crítico será tratar de comprender qué significará, en el corto plazo, la actual crisis multidimensional impulsada por tensiones geopolíticas, recortes presupuestarios y problemas estructurales de legitimidad que enfrenta la ONU.​



Y lo peor de todo es que la limitada capacidad de actuación como bloque regional disminuye sustancialmente el peso de América Latina y el Caribe a la hora de prevenir el peligro de pérdida de relevancia en las Naciones Unidas. Brasil ya enfrenta sus fogonazos con un Trump irascible y a quien acusa de haber “rasgado” la carta institucional de la ONU.

​Sin dejar de mencionar el recorte presupuestario, que pasó de $us 3.720 millones en 2025 a $us 3.450 millones en 2026, lo que se traduce en una reducción de personal de casi unos 2.900 puestos de trabajo (casi una quinta parte de la plantilla). Y, lo más preocupante, la deuda de las grandes potencias ahoga a la Asamblea de las Naciones Unidas en una grave situación de iliquidez financiera.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

​En una carta enviada a finales de enero de este año a los embajadores de los países acreditados ante su organismo, el secretario general de la ONU comunicó a los Estados que la institución corre el riesgo de sufrir un «colapso financiero inminente”. Noticia que, para muchos autócratas, son buenas noticias para sus plans de desestabilización global.

​El mundo ha cambiado de reglas, por lo que se estaría transitando de la era de los Estados-nación a una era de las potencias continentales, las únicas capaces de ejercer influencia a la escala en la que hoy se deciden las relaciones de poder tecnológicas, industriales y militares.

​Se trata del cambio más profundo después de la Segunda Guerra Mundial y donde Europa estaría siendo atacada en tres frentes simultáneos. Por una parte, está Rusia, que detesta el sistema democrático occidental, por lo que continúa con su guerra unilateral contra Ucrania: bombardea sus ciudades y sus infraestructuras civiles con el objetivo de amenazar a todo el continente.

Los drones rusos ya sobrevuelan territorio de la Unión Europea y sus injerencias y ciberataques pretenden desorganizar las sociedades y las elecciones en los países europeos.

​China, por su parte, está llevando a cabo un ataque en toda regla contra la economía y la industria, ya que ahora los chinos se han formado, han invertido, han aprendido y han superado en todos los sectores clave que durante años les transfirieron su tecnología por su gigantesca mano de obra barata.

Ahora ellos tienen todo el know-how y han pasado al ataque: primero, mediante la sobreproducción industrial para quebrar empresas e industrias a nivel mundial y, lo más peligroso, se apoderan y captan la total atención de los niños y jóvenes mediante algoritmos que nadie controla, y que provocan gravísimas adicciones y trastornos mentales.

​Atacar la inteligencia de la niñez y de la juventud es destruir el futuro del mundo occidental. Y lo están haciendo a un ritmo pasmosamente peligroso. Ya salieron en coro todas las voces responsables del mundo tecnológico advirtiendo sobre los riesgos de la IA y su vertiginoso avance.

​Finalmente, Estados Unidos ahora también ataca a sus aliados y socios comerciales, y su impresentable presidente se alinea con dictadores, tecnócratas y totalitaristas de toda calaña.

Y su guerra comercial y chantajes constantes en materia de defensa han empujado a que la Unión Europea se rearme, redirija sus presupuestos a construir defensas aéreas y ejércitos, y acelere en una carrera armamentista con IA sin precedentes.

Ya nadie es confiable. Los europeos despertaron de la peor manera: ahora deben enfrentar a un Trump desquiciado que ha desportillado cualquier clase de confianza con sus sucesores. Para los europeos, ser serviles ya no es rentable.

​Y es acá donde surge un nuevo concepto: la construcción de los Estados Unidos de Europa, con Canadá como su primer asociado invitado, para protegerse mutuamente de todos estos ataques virulentos y desestabilizadores.

​En un mundo regulado, tranquilo y equilibrado, se podría creer en el “fin de la historia” de Fukuyama y limitarse a recoger, casi con indiferencia, los frutos del progreso de todos los países aliados. Pero ese tiempo acabó. Y no vivimos en ese mundo.

​Lo más grave de todo es que la actualidad demuestra que Europa no tiene más remedio que recurrir a la fuerza y a la unidad frente a los tambores de una tercera guerra mundial, porque la libertad es lo que está en juego.

 

Javier Medrano es periodista y cientista social.