La fértil hipérbole de la Canciller de Venezuela


CARDENASEmilio J. Cárdenas*La actual e inexperta Canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, cuya hoja de servicios destaca que es hija del ex líder comunista venezolano Jorge Rodríguez, fallecido en 1976, es probablemente la más floja de todos los responsables de la política exterior de nuestra región.Lo que no es nada fácil. Porque la actual América Latina tiene realmente de todo. Bueno y de horror. Como en botica. Lo que no quiere decir necesariamente que la imaginación de Delcy no sea poderosa.Delcy ha comenzado a recorrer activamente la región, acusando abiertamente a su vecina Guyana de “eludir la búsqueda de una solución diplomática para el diferendo de soberanía que mantiene con Venezuela”. Lo que, de ser cierto, tendría alguna lógica ciertamente. Porque -como se sabe- Guyana tiene ya un laudo arbitral a su favor, que le da totalmente la razón en el viejo conflicto de soberanía que aún mantiene con Venezuela, el cual si Guyana eventualmente perdiera le obligaría a renunciar a nada menos que dos tercios de toda su actual integridad territorial, lo que es un impensable. Una cosa absurda. Hasta para la joven Delcy, presumiblemente. Una locura, entonces.En su fértil imaginación Delcy Rodríguez además asegura a quienes visita que ese presunto “rechazo a negociar” esconde en realidad “intereses transnacionales” (que no precisa, probablemente porque son ocultos o, simplemente, producto de la fertilidad imaginaria y creatividad de Delcy) “que pretenden promover la desintegración de la región latinoamericana”. Lo que supone, siempre según ella, “desestabilizar a la región”. Lo que es un mensaje poco creíble y absolutamente infantil. Pero lo cierto es que ese, y no otro, es su mensaje al propio barrio. Su “justificación”.Así lo acaba de señalar en la República Dominicana, ante los oídos atónitos de los dueños de casa. Y en Antigua y Barbuda, ante el Primer Ministro local, Gordon Brown, quien tampoco daba demasiado crédito a lo que escuchaba.En su gira, Delcy además señaló que su país acaba de recibir un “importante respaldo” del Parlamento del Mercosur, que sirve para poco. Esto porque el ente declaró “acompañar la diplomacia de paz que desarrollan Venezuela y su presidente Nicolás Maduro” para que, “en el marco del diálogo, se busque una solución pacífica, aceptada por ambas partes, a la controversia territorial entre Venezuela y Guyana; razón por la cual se exhorta a esta última a no otorgar concesiones en el territorio en disputa”.Eso es lo que Venezuela difunde, créase o no, a través de las cuentas twitter de sus misiones en el exterior. Apenas una llamada, lavada, a conversar sobre lo que Guyana sostiene tiene poco y nada que discutir. Casi estéril. Y una sugerencia de no dar más concesiones costa afuera para la exploración y explotación de hidrocarburos que no se pronuncia, en cambio, sobre la concesión que ya ha sido otorgada por Guyana, respecto de la cual un consorcio de empresas multinacionales que incluye a importantes empresas petroleras norteamericanas y chinas acaba de hacer un aparentemente importante descubrimiento de hidrocarburos, mar afuera, en jurisdicción que Guyana siempre ha considerado suya. Da pena, Delcy. Pobre Venezuela, que está en sus manos. Delcy es parte del equipo de gobierno del ineficaz Nicolás Maduro. Por esto sus dichos no llaman nunca la atención, por extraños que ellos sean.Cabe apuntar que si la administración de Nicolás Maduro pensaba en utilizar la disputa con la liliputiense Guyana para prorrogar o suspender las elecciones nacionales del próximo 6 de diciembre, la excusa era endeble. No creíble. Por eso quizás ha fabricado una nueva: el conflicto fronterizo con Colombia en la zona de Táchira. Con alguien de su misma estatura, esta vez. Pero siempre para tener una excusa para intentar detener la derrota catastrófica que se aproxima para Maduro, la del próximo 6 de diciembre. En las urnas.*Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones UnidasEl Diario Exterior – Madrid