Evo, Pérez Esquivel, Carlotto y el Nobel de la Paz


Sergio P. Luís

perez esquivel “… La lucha por los derechos humanos puede quedar deslegitimada cuando pasa a ser un instrumento funcional a intereses de una fracción política, especialmente cuando se trata de un gobierno que no respeta los derechos de las víctimas de delitos de lesa humanidad cometidos desde organizaciones terroristas y que bastardea la bandera de los derechos humanos para someter a quienes considera sus acérrimos enemigos”. (La Nación, Buenos Aires, 26 de junio de 2010).

No sé en que estado está la nueva postulación de Evo Morales al Premio Nobel de la Paz de 2010. Hace poco leí que Adolfo Pérez Esquivel (caricatura), el argentino que fue galardonado con este premio en 1980, estaba propiciando esa candidatura del presidente de Bolivia. Por supuesto que, para apoyar la postulación de este activista, debe estar en fila una gran colección de extremistas, como pasó en el pasado cuando, en lugar de Evo, el galardón fue compartido en 2007 con justicia, por ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, y el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la INU, «por sus esfuerzos para construir y diseminar un mayor conocimiento sobre el cambio climático causado por el hombre estadounidense y poner las bases para la toma de las medidas que sean necesarias para contrarrestar ese cambio». http://es.wikipedia.org/wiki/Al_Gore#cite_note-1



No es bueno que los diligentes postuladores funden la candidatura en sus preferencias ideológicas. Este Pérez Esquivel debe saber que está apoyando a un político que poco hace en favor de la paz. Sólo ostenta un especial talento para el insulto, la provocación y la incitativa a la violencia; y de la violencia que ha desatado hay dolorosos ejemplos en su gobierno. Pero aún en esto de las preferencias ideológicas, este lamentable y patético Pérez Esquivel acierta. No es creíble que no esté informado que su amigo al que postula, en su ya proverbial ignorancia, no sepa diferenciar su curioso “socialismo comunitario” y su anacrónico indianismo, del “socialismo del siglo XXI” de Heinz S. Dieterich. Menos aún conoce los fundamentos de la social democracia, de la democracia cristiana, del populismo chavista, peronista y nasserista, del capitalismo, del liberalismo, del nazi fascismo, del capitalismo, del comunismo, del castrismo “foquista”, del maoísmo, etc.

La ignorancia no es mérito para ser premiado como paladín de la paz. Parece que no le bastó al comité seleccionador con la equivocación de premiar a un provocador de izquierda como Pérez Esquivel y a la falsaria Menchú que mintió descaradamente al ocultar sus malos antecedentes. Pérez Esquivel, dominado por su sectarismo secante, poco hace como premiado por la paz en favor de la causa de la paz y los derechos humanos en Bolivia. Se dice partidario del Movimiento al Socialismo, pero sin reparar –es imposible ocultar las evidencias- en las violaciones del régimen de Morales a los derechos humanos. El doble rasero que emplea este sujeto para juzgar a personas y gobiernos, muestra su baja catadura moral, su oportunismo y su inconsecuencia. Es un cobarde y, como tal, una mala persona. Le falta hombría de bien. Finalmente, es un traidor a la causa de los derechos humanos.

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Todo esto sucede cuando la responsable de la organización argentina llamada Abuelas de la Plaza de Mayo, Estela Carlotto, postula a esas abuelas, con el apoyo del matrimonio gobernante en la Argentina, a dicho premio para este año. Estela Carlotto comparte con sus colegas el dudoso mérito de defender, sectariamente, a las víctimas de uno sólo de los bandos en la dolorosa guerra interna de la Argentina. Esto, por supuesto, no ha sido recibido con un silencio culpable. El diario La Nación de Buenos Aires, en un editorial del 26 de julio último, con serenidad ejemplar cuestiona esta postulación.

“El galardón para el que se propone a la organización liderada por Estela de Carlotto –dice- debería ser otorgado a quien lograra cerrar con justicia, para todos los actores, las heridas del conflicto que desde hace décadas produce enfrentamientos, en algunos casos muy graves, entre los argentinos”. Y añade: “La simpatía de Estela de Carlotto hacia los gobiernos más totalitarios y antidemocráticos de nuestra región, como los de Cuba y Venezuela, sobre cuyos gravísimos y aberrantes crímenes contra opositores y disidentes nada ha dicho, tampoco puede contribuir a crear una amplia corriente de apoyo nacional y mundial al otorgamiento del Nobel de la Paz”.

¿Será que Pérez Esquivel también cree que los gobiernos de Venezuela y Cuba, los aliados de Evo Morales, son demócratas y respetan los derechos humanos, es decir la libertad, la dignidad y la vida de sus ciudadanos? Si está dominado por el sectarismo, le alcanzará para negar lo evidente. Será, entonces, un ingenuo o un sinvergüenza.