¡Zas! Es un lanzazo a nuestro corazón. Y es que Brasil no tiene por qué bailar sólo en Carnaval sino que está bailando por sus enormes éxitos alcanzados…
Manfredo Kempff Suárez*
Así como no he comentado sobre el Carnaval en Bolivia, por las penosas circunstancias que atravesamos, tampoco voy a comentar sobre las carnestolendas brasileñas, las más espectaculares del planeta. Pero eso no quiere decir que Brasil no baila. Y es que Brasil no tiene por qué bailar sólo en Carnaval, y bailar al mundo entero en las canchas de fútbol, sino que está bailando por sus enormes éxitos alcanzados, sobre todo en el campo de los hidrocarburos.
¡Zas! Es un lanzazo a nuestro corazón. Aunque no queramos reconocerlo, el éxito brasileño, nos ha dejado perplejos y un tanto embrutecidos. Más de lo que somos por naturaleza. Los grandes descubrimientos de Petrobras (esa empresita que queríamos manosear) han sido tan espectaculares, que un experto en asuntos energéticos como Carlos Miranda casi nos ha hecho llorar con su última nota.
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Él —Carlos Miranda— no pierde el optimismo sin embargo, cree que podemos volver a los planes de los años 70 con Brasil. Pero nos recuerda con elegancia todas las estupideces que cometimos, paso a paso, desde la mal llamada nacionalización de los hidrocarburos. Nos recuerda cómo en aquella fatídica oportunidad intervinimos los pedios de Petrobras con soldados armados, diciendo, como vencedores de una gran batalla, que ya no permitiríamos el saqueo de nuestras riquezas.
Brasil se resintió. Lula se ofendió más todavía pero tuvo que callarse por entonces. Después de los grandes descubrimientos gasíferos de Petrobras, se desquitó con diplomacia, sin la torpeza de los incultos. Dijo en la inauguración de una planta de gas en marzo del 2009 —según cita Miranda—: “Evo querido, ahora nosotros te dejamos en libertad para vender el gas a quien quieras. Brasil no precisa más…”. Y cundió el pánico en Bolivia. Los que mezquinaban el gas temblaron y alegaron, con razón, que Brasil tenía que cumplir con los acuerdos pactados. Y Brasil ha afirmado que lo hará. Pero por idiotas perdimos a un socio extraordinario.
La otra barbaridad ha sido rechazar la sociedad con Brasil para la construcción de las represas binacionales en el río Madera. Entonces los brasileños han iniciado la construcción por su lado y adiós Bolivia. ¿O vamos a enviar nuestras tropas? Eso no sería como ir a Haití y llenarnos el pecho de condecoraciones. Nos quedaremos sin energía barata y renovable y sin las esclusas para poder navegar hasta el Amazonas y el Atlántico.
Ahora los estrategas de la política exterior boliviana y del comercio internacional están sentados, con lápiz y papel viendo si se le puede vender gas a Paraguay, Uruguay, o —¡vaya tontería!— a Chile. A Chile después del desplante de la “molécula”. Cuando Chile ya tiene gas de ultramar. ¿Qué otra novedad nos depararán nuestros nuevos genios diplomáticos aportados al Estado Plurinacional por el MAS? Mientras tanto, baila Brasil. (La Razón)
*Manfredo Kempff Suárez
es escritor y diplomático.