El reconocido entrenador de natación asegura que construir obras deportivas debe trascender los eventos y convertirse en infraestructuras integrales, autosostenibles y útiles para los nuevos deportistas.

Esa es la premisa que impulsa el reconocido entrenador de múltiples campeones de natación Marcos Ramírez, quien destaca la importancia de la construcción de obras deportivas de cara a los Juegos Odesur 2018. Sin embargo, advierte que se corre el riesgo de construir “elefantes blancos” si no se piensa en obras que sean útiles después de su uso inicial.
Ramírez advierte que, particularmente en el caso de la natación, en Bolivia existen obras monumentales que no pueden autogestionar ni siquiera su funcionamiento por falta de planificación y presupuesto. “Las piscinas olímpicas de La Paz y Sucre no tienen presupuesto ni para calentar su agua o dotar de iluminación adecuada en competencias”, dice y recuerda que la de Santa Cruz solo funciona en competencias. Y es que una piscina olímpica tiene características que impiden que se implemente una escuela de formación. Tiene dos metros de profundidad, mientras que una de formación debe tener uno.
“La de La Paz existe desde los Bolivarianos de 1978 pero funciona recién después de 37 años. En Cochabamba hay la del colegio Instituto Americano, pero ¿por qué no funcionan?”, cuestiona.
“El problema no es tener la obra. Sucre también tiene una piscina, pero estas obras no funcionan, como no funciona el velódromo, como no funciona el Complejo Petrolero y como no funciona el Centro de Alto Rendimiento de Vinto”, dice.
“En Sucre, la piscina sirve para bañistas, no para nadadores. Es más, Sucre no tiene nadadores de élite que son quienes deberían beneficiarse”, dice. Ramírez explica que una obra de gran magnitud, como una piscina olímpica, debe estar acompañada de otras funciones complementarias para ser autosostenible, porque de lo contrario tendrá el mismo fin que las citadas infraestructuras.
“En Bolivia hay solo cuatro nadadores de élite y roce internacional. Entonces una piscina olímpica solo serviría para cuatro personas”, insiste y recordar que en todo el país no hay más de 200 nadadores de élite nacional, de los cuales únicamente 50 están en Cochabamaba. “Cuando el número ideal para que se explote medianamente bien una obra asi es de 800 deportistas de élite”, detalla.
Ramírez explica también que no existe una administración pública que esté dispuesta a sostener el funcionamiento de una obra así por cuenta propia. “La piscinita del estadio tiene problemas y no se puede mantener sus calderos para calentar el agua. Tiene cuatro calderos y una olímpica tiene 16”, apunta y recuerda que el año pasado no se pudo mantener el sistema de iluminación. “Si el escenario es mayor se requiere mejor iluminación”, dice.
Explica que si se va a hacer una piscina olímpica se debe pensar también en quién va a mantenerla. “La piscina de La Paz se arruinó porque llevaron delfines y la sal deterioró todo. Hace poco se hizo una elección de reinas de belleza. La de Sucre sirve para congresos”, dice.
“Si vamos a hacer una obra así, debe ser polivalente y versátil, que sirva a toda la población. Debe tener espacios de formación, destinados a la salud, a las gestantes. Y son estas funciones las que deben mantener y hacer funcionar una obra que requiere más de 30 mil bolivianos al mes solamente para existir”, explica.
“Si puedes mantener un elefante en tu jardín, adelante, pero si no puedes, hay que replantearse algunas cosas”, dice.
Fuente: www.opinion.com.bo