Trigo en Bolivia: una historia de dependencia exterior


A pesar de que el país se autoabastecía en tiempos de la colonia y la república, hoy solo alcanza el 30 por ciento de la demanda interna del cereal. Santa Cruz produce aproximadamente el 80% de trigo a nivel nacional.

imageLa cosecha de trigo en el municipio de Yamparáez. Foto archivo La Razón.

La Paz, ANF.- La dependencia histórica de Bolivia respecto a la importación del trigo de otros países –principalmente Estados Unidos y Argentina– derivó en una producción nacional escasa y desarticulada que ha intentado salir a flote en los últimos años a través del aumento de la producción nacional para alcanzar la deseada soberanía alimentaria. 



Cuando dejamos de ser soberanos

El antropólogo Tristán Platt afirma que la Bolivia colonial y después republicana abastecía totalmente su demanda interna de cereales y harina, con sus principales focos de producción en Cochabamba y Chayanta. Hasta finales del siglo XIX, el 70 por ciento de la harina de trigo que se consumía en La Paz se producía en Cochabamba. 

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Según el historiador Jorge Dandler, a partir de los años 1880 la construcción de una red de ferrocarriles que conectaban con Argentina y los puertos del Pacífico, las exenciones arancelarias y los bajos impuestos convirtieron a Bolivia en dependiente del trigo exterior. Los grandes productores de Cochabamba, Tarija, Norte de Potosí y Chuquisaca no eran capaces de competir con las importaciones de Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Estados Unidos y Alemania. 

Según el documento “El estado de situación del trigo en Bolivia” publicado por el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), en 1954 la producción total de trigo del país no alcanzaba ni para un mes de consumo nacional. El 90% del trigo era extranjero. 

Donaciones y periodo neoliberal

El dominio de las grandes corporaciones alimenticias mundiales –el 80% de las exportaciones de trigo a nivel mundial provienen de seis países– se alcanzó con el apoyo de gobiernos neoliberales y perjudicó a los mercados regionales de países como Bolivia, que se vieron obligados a inundar sus mercados con alimentos subvencionados. 

El programa de “ayuda alimentaria” y donaciones de alimentos de Estados Unidos a partir de 1954 contribuyó a la disminución de la producción local y generó dependencia con ese país, con las Naciones Unidas y el Programa Mundial de Alimentos (PMA). 

De las dos millones de toneladas de trigo que se importaron entre 1998 y el 2007, el 70,5% provino de Argentina y el restante 29,5 % de los Estados Unidos.

En palabras del economista Hernán Zeballos, en los últimos 20 años solo entre el 10 y el 30 por ciento del trigo que Bolivia consume es nacional y menciona la larga lista de intentos frustrados por producir y consumir nuestro propio trigo que acabaron en respuestas coyunturales y no en políticas a largo plazo.