Pobladores se quejan porque la ayuda no está llegando a todos. Algunos hacen ruido para espantar a las langostas.
Judith Prada / Cabezas
Sus diminutos ojos sólo tienen tres días de haber visto la luz natural, y aunque son incapaces de volar hasta que se conviertan en adultas, ya devoraron la mayor parte de los cultivos de maíz, sorgo, yuca y pasto del ganado. Las hojas de maíz, son testigos mudos de la ferocidad de la plaga, que se instaló y migró por todo el municipio de Cabezas, en el departamento de Santa Cruz. No hay un solo agricultor o ganadero que no lamente sus pérdidas. La presencia indeseable de las ninfas (langostas en etapa de inmadurez) podría multiplicarse si no se acelera la estrategia para exterminarlas a tiempo.
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Eduardo Bello Ahosima, de 27 años, es uno de los ganaderos y agricultores más jóvenes. Según dijo, a él no le alcanzaría la edad para explicar la impresión que le dejó la plaga que acabó en 48 horas con 10 hectáreas de pasto que tanto protegió. Sus jornadas comienzan a las cinco de la madrugada; «trabajo no falta, dice mientras camina rumbo a sus potreros. No quisiera más sorpresas, expresa, y acelera el paso porque la plaga invasora sobrevuela a su alrededor. «Todo está perdido, las langostas se comieron el forraje del pasto, alimento principal del ganado, y lo peor es que recién me estaba recuperando de la sequía, lamenta. Ahora está enfrentando a la plaga, pero pronto (tal vez en junio) vendrá la helada, remarcó preocupado por sus pérdidas.
El emprendimiento de este pequeño ganadero está perdido; coloca las manos en su cabeza y visiblemente consternado pide ayuda a las autoridades. A su propiedad Campo Bello, población de Abapó, no llegó ninguna colaboración.
Escucha, dijo, el ruido de una avioneta pero el sobrevuelo no fue hasta sus predios. «Lo único que descubrí es que las langostas no toleran el ruido, desde entonces me encargo con mis vaqueros de generarles el mayor ruido posible, utilizando petardos para espantarlas, pero es esporádico, señala y no quiere imaginar la cantidad de langostas inquilinas e invasoras que habitan en su propiedad y los huevos que habrán depositado las langostas adultas.
La nueva reproducción de los últimos días trajo consigo diminutas langostas de menos de dos centímetros, que están lapidando y perforando todos los cultivos.
Luis Montaño es otro ganadero y pequeño agricultor. A sus 59 años y al borde de llegar a la tercera edad, habla fuerte, no pierde el humor, aún cuando su rostro refleja su tristeza porque está viviendo el inicio de una tragedia económica. Y es que el pasto, alimento de su ganado, desapareció en la boca de las langostas. «Mire cómo comen, apunta mientras la plaga avanza sin piedad. El insecto abre su aparato bucal para masticar con sus filosos dientes, utilizando sus antenas y ojos para explorar el terreno.
Montaño no termina de salir del asombro cuando similar a un enjambre de abejas las ninfas con aspecto de insectos adultos en miniatura aparecen, una más devoradora que otra.
En la estancia de los Montaño hay una cercanía entre todos los nuevos afectados; su silencio y expresión denotan solidaridad entre ellos. Es casi mediodía, bajo una temperatura de 34 grados, don Luis narra que está desanimado. «He visto en la televisión que el Gobierno destinó más de cinco millones de bolivianos para combatir a la plaga, yo soy un afectado y nadie me está ayudando. No dudo de la preocupación del presidente Evo Morales que estuvo con técnicos extranjeros y toda una comitiva, pero esa ayuda debe llegar donde corresponde, puntualizó.
¿Si lograra hablar con el Presidente, que le manifestaría?
«Que se fiscalice el desembolso para combatir la plaga, sólo el verdadero afectado es el que siente, señaló.
Doña Marcelina de Montaño, una de las más longevas en el municipio de Cabezas, derramó lágrimas cuando llegó la plaga y se visibilizó el problema a fines del pasado mes de enero. Le cuesta mucho aceptar que la tierra generosa y fértil que vio nacer los mejores cultivos que alimentaron a cuatro de sus generaciones, ahora sea testigo del nacimiento de plagas, las langostas que dejan sus huevos escondidos a 10 centímetros de la tierra.
Se reproducen cada dos semanas y cada langosta hembra aporta con 100 a 120 huevos, protegiéndolos con una espuma especial de color blanco, casi como el algodón. Su tamaño es similar a un arroz. Convivir con estas langostas ha permitido a la población interiorizarse cada día de las características de esta plaga depredadora y ayudar en el combate, que se está desarrollando por cielo y tierra.
Si bien la población está consciente de que no será fácil, el resultado puede cambiar según el ganadero y agricultor, si se atiende la emergencia en su justa dimensión, afirman.
El Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad (Senasag) coordina las acciones, las cuales se han desarrollado en las poblaciones de Mora, Yatirenda, Cañuelas, San Vicente y otras áreas, en el municipio de Cabezas, que tiene una población aproximada de 30.000 habitantes.
Por ahora, Montaño ve lejos la fumigación aérea, pero destaca el trabajo de los soldados del Regimiento de Infantería 7 Marzana, porque están trabajando en jornadas extenuantes, removiendo la tierra tomada por la plaga de insectos depredadores donde están los huevos que darán vida a nuevas langostas.
Esta plaga en menos de dos meses del año ha destruido y dejado en una fragilidad e incertidumbre la economía de miles de familias, donde la agricultura y ganadería, era su único sustento. Esperemos, dicen los pobladores aferrados a su fe «que esta plaga no termine en una catástrofe alimentaria. Las plagas de langostas siempre han sido temidas y respetadas a lo largo de la historia, causan estragos en varios países y Bolivia no es la excepción.

Fuente: paginasiete.bo
