Trastorno bipolar populista

Disquisiciones en tiempos de pestes y virus. 

Estamos empeñados en encontrar la vacuna para los virus, que son plagas biológicas letales y con el mismo empeño deberíamos buscar otra para el populismo, que es una plaga sicológica.

Según Wiki, estos virus biológicos y sicológicos (coronavirus y populismo cocalero) necesitan la célula de otro ser vivo y vulnerable para vivir: puede ser la célula de un animal, una planta o una bacteria. Una vez dentro del organismo que sirve de “huésped”, el virus infecta sus células y se multiplica para sobrevivir hasta terminar con su huésped y brincar a otro.

Ambas plagas son mortales y necesitan de protocolos de protección y tratamiento clínico. Hagamos algo en favor de la especie humana, encontremos la vacuna; no muramos de peste ni de hambre.

De la utopía a la distopía

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Los socialistas se manejan por dogmas y clichés ideológicos, se aferran a ellos y no se acomodan a la cambiante realidad social del mundo y su dinámica tecnológica y cultural. Y una característica histórica de la izquierda, es su ineficiencia en la gestión gubernamental y esto no es algo circunstancial, sino estructural.
Creen que todo lo anterior, producto de los conservadores y neoliberales,  debe ser destruido para luego construir desde cero una nueva sociedad, pura y perfecta, la utopía socialista.

No aceptan el mundo tal como dialécticamente se ha venido construyendo, sino que se empeñan en construir otro a su imagen y semejanza, caiga quien caiga y aunque en el empeño las víctimas se cuenten por millones. Postulan que el producto de este sacrificio de dos o más generaciones, lograra un luminoso futuro. Sin embargo la realidad histórica nos muestra que la utopía nunca ha funcionado, pero ellos afirman que sí; aunque lo que realmente consiguieron es una verdadera distopía y en esto son realmente los mejores.

El populista ama y odia al pueblo, lo conquista y atrae declarándole su amor y lo controla ejerciendo su dominio. Porque te quiero te aporreo, dice la canción criolla.

Con el fracaso y la caída de la URSS, los comunistas de todos lados empezaron a reunirse para planificar el cómo prevalecer y medrar. En Latinoamérica se formó el Foro de San Pablo, donde se plantearon una nueva estrategia política de dominio, más allá del marxismo y la lucha de clases y que incorpora las características y contradicciones locales.

Siguiendo esta estrategia los ideólogos del masismo elaboraron un discurso indigenista y populista, en realidad aimara y chapareño, para embelecar a la población especialmente campesina, logrando infectarlos, entusiasmarlos y lo consiguieron de la misma manera con los grupos informales y cocaleros. Con esto lograron captar una importante masa de población, teniendo en cuenta que el setenta por ciento de los trabajadores del país son informales.

Vale la pena resaltar que cuando un populista, socialista o masista alcanza al poder, no es la realidad lo que le importa, prescinde de ella por principio y se dedica diligentemente a llevar a la práctica sus teorías utópicas de poder, pero muy bien remuneradas para ellos. El pueblo y la sociedad no importan, solo son su campo de experimentación y aprovechamiento y el producto solo puede ser el caos, el fracaso del sistema económico, la miseria. Gobernar contra la realidad es arriesgado, Gobernar prescindiendo de lo real es la garantía de la catástrofe.
Lo extraño es que repiten básicamente un experimento muchas veces fracasado; lo vimos en la URSS, en China antes de hacerse capitalistas salvajes, en Cuba, Nicaragua, Venezuela, etc.  Y lo más extraño, es que mucha gente luego de haberse infectado por esta peste, no genero anticuerpos, por lo que nuevamente se infecta. Encontremos la vacuna.

En el Beni hay pocos casos de coronavirus y el otro día hablando de esto un amigo y amigo de Ruber, me dijo que el “moincho de cuatro aguas” es de lo mejor.

Fuente: ovidioroca.wordpress.com