Un reciente estudio de la Defensoría del Pueblo advierte que la formación médica en Bolivia se desarrolla en condiciones que comprometen derechos fundamentales y la calidad del aprendizaje.
Fuente: ANF
El documento, titulado “Informe defensorial: aprender con miedo, vulneración de derechos de internos y médicos residentes en el sistema nacional de salud en Bolivia”, expone un panorama de carencias estructurales en habitabilidad, acceso a recursos académicos y condiciones laborales tanto en el internado rotatorio como en la residencia médica.
La investigación, que abarcó 14 hospitales para el análisis del internado rotatorio —entre públicos y privados—, identificó serias deficiencias en las condiciones de vida de los internos. El 64% de los centros no cuenta con espacios de descanso diferenciados por sexo, mientras que en el 78,5% las habitaciones son compartidas, muchas veces con camas tipo litera. A esto se suma la ausencia de baños diferenciados en el 64% de los hospitales y la falta de mobiliario básico: el 77% no dispone de roperos para el resguardo de pertenencias.
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En el ámbito académico, las limitaciones también son significativas. Aunque se trata de centros formadores, el 43% carece de biblioteca física y el 36% no cuenta con biblioteca virtual. Incluso, un 7% no tiene acceso a internet, lo que restringe gravemente la actualización de conocimientos. La falta de aulas y centros de simulación adecuados refuerza un entorno poco propicio para el aprendizaje.
Las condiciones laborales tampoco cumplen estándares mínimos. El informe señala deficiencias en la dotación de equipos de protección personal: el 50% de los hospitales no entrega uniformes, el 29% no provee botas desechables y el 14% no suministra batas. Además, el 29% de los centros no exige que los internos cuenten con seguro de salud.
En cuanto a la alimentación, el 21% no proporciona ningún tipo de comida, el 28% no ofrece cena y el 93% no brinda refrigerio nocturno durante las guardias. A pesar de que la normativa establece jornadas de ocho horas, casi un tercio de los hospitales reporta la realización de horas extra.
El informe también alerta sobre el impacto en la salud mental. Si bien la mitad de los abandonos del internado responde a factores familiares o económicos, un 28% está vinculado a depresión y estrés derivados de la presión laboral. Las denuncias por violencia suelen canalizarse a través de jefaturas internas, lo que evidencia limitaciones en los mecanismos de protección.
Residencia médica
En el caso de la residencia médica, evaluada en 20 establecimientos, las conclusiones son similares. El 62% de los hospitales no cuenta con ambientes de descanso diferenciados y cerca de la mitad carece de mobiliario básico. Las falencias académicas persisten: el 57% no tiene centros de simulación y el 43% no dispone de bibliotecas virtuales. Además, un número considerable de centros no cuenta con aulas ni salas de estudio.
El informe también identifica brechas en la capacidad hospitalaria, incluyendo la falta de servicios clave como anatomía patológica, resonancia magnética y tomografía en varios establecimientos. Estas limitaciones afectan directamente la formación práctica de los residentes.
Las condiciones laborales reflejan una alta carga de trabajo. El 90% de los residentes realiza guardias cada tres días y un 30% de los hospitales reconoce que se exceden las horas laborales establecidas. A esto se suma la precariedad en la alimentación y la insuficiente provisión de equipos de protección. En materia de violencia y acoso, el documento advierte la ausencia de mecanismos transparentes para canalizar denuncias, lo que deja en situación de vulnerabilidad a los afectados.
Pese a este contexto, el 80% de las autoridades hospitalarias considera que existe un equilibrio entre la formación y la carga laboral, una percepción que el informe califica como errónea frente a la evidencia recogida.
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