Economía boliviana y recursos humanos


Mario Malpartida*

Hay temas que cobran actualidad de acuerdo a las circunstancias. Los bolivianos están preocupados y descontentos por varios problemas coyunturales; entre ellos, la calidad del combustible, la convulsión social, el costo de los alimentos; y como asunto estructural la falta de dólares y el tipo de cambio: el valor de intercambio entre la moneda nacional -el peso boliviano- frente a monedas extranjeras, sobre todo del dólar estadounidense.



El tipo de cambio, no solo depende de la oferta y demanda del dinero en efectivo, sino que es causa y resultado de la interrelación de variables; entre ellas, el nivel de las Reservas Internacionales (RIN), la cantidad de Inversión Extranjera Directa (IED), el ingreso de las exportaciones, los pagos por la deuda externa, la importación de bienes y servicios… Así pues, el tipo de cambio es la igualdad que resulta de varios factores.

El Banco Central de Bolivia, no dispone de billetes de dólar. Sin embargo, existe un mercado cambiario activo en casas de cambio y puestos de venta callejeros. Su procedencia es secreto a voces, y por eso es mejor nombrarlo como «el otro dólar». Los sistemas de un Estado, como son el monetario. cambiario, financiero, educativo, productivo, y otros sistemas, funcionan como los sistemas del cuerpo humano, si un sistema está afectado, afecta a los demás. Asimismo, el sistema cambiario influye en el comportamiento general de la economía y, por supuesto, tiene impacto sobre el desarrollo económico del país.

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A todo esto, en el discurso político cotidiano se ha hecho común hablar del desarrollo económico del país. Al respecto, para varias doctrinas económicas la estructura esencial tiene cuatro pilares: desarrollo de recursos humanos; gestión sostenible de los activos naturales, la inversión y formación del capital, y la innovación tecnológica.

En todas las doctrinas, el factor humano tiene un rol fundamental; por eso, se necesitan personas con educación avanzada en todos los niveles, y formación profesional sobresaliente.

EL talento humano que trabaja para las instituciones del gobierno, debe tener alta capacidad para crear e innovar, habilidad y destreza sólida para hacer las cosas, y una base emocional capaz de adecuarse a las exigencias. La burocracia estatal administra una gran empresa que pertenece a millones de habitantes. ¿En manos de quién queda esa responsabilidad? ¿Acaso de aquellos que alegan luchar contra la discriminación social y eligen administrar a militantes mediocres, corruptos, que despilfarran el dinero y deterioran la economía?

Un país donde predomina la ideología y el clientelismo político en desmedro del bienestar de los ciudadanos; de manera que, los préstamos para construir escuelas, hospitales, carreteras van a parar en manos de inexpertos. Para afrontar esa realidad crucial, es urgente impulsar programas de capacitación, y evitar que el dinero siga administrado por burócratas sin formación adecuada. No se conoce que el gobierno hubiera presupuestado recursos económicos para capacitar a sus empleados.

El proverbio “Roma no se construyó en un día”, es una premisa de que las grandes metas requieren tiempo y paciencia. El tiempo comenzó hace seis meses, y la paciencia se acaba en cualquier momento.

*Periodista.