“Han perdido la batalla totalmente. Creo que no han logrado su objetivo último, finalmente era derrocar al gobierno, ese objetivo no se ha cumplido”, sostiene el politólogo Franz Flores y advierte que este conflicto ha dejado consecuencias para estas organizaciones, principalmente un debilitamiento organizacional que se profundizará porque si antes no estaban del todo cohesionadas, “hoy creo que será peor por las peleas entre líderes”.

Fuente: ANF / La Paz
Los líderes sindicales de las organizaciones sociales “fracasaron” en su intento “extremo” de derrocar al presidente Rodrigo Paz. Tres son las consecuencias que deja el conflicto: debilitamiento organizacional, crisis de liderazgos y pérdida en su capacidad de gobernar.
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“Han perdido la batalla totalmente. Creo que no han logrado su objetivo último, finalmente era derrocar al gobierno, ese objetivo no se ha cumplido”, sostuvo el politólogo Franz Flores desde Sucre, en declaraciones a la ANF.
Realiza este análisis después de un largo periodo de manifestaciones, 53 días, de la Central Obrera Boliviana (COB), la Federación de Campesinos Tupac Katari; los distritos de El Alto: 7, 8 y 14, y las organizaciones afines a Evo Morales con sede en el Trópico de Cochabamba.
Flores señala que este conflicto ha dejado tres consecuencias para estas organizaciones; primero, un debilitamiento organizacional que se profundizará porque si antes no estaban del todo cohesionadas, “hoy creo que será peor por las peleas entre líderes”.
El 14 de mayo, la COB, Tupac Katari y el senador suplente Nilton Condori firmaron una alianza para derrocar al gobierno de Paz. Estos actores acordaron un pacto de no traición y de no diálogo con el gobierno central.
Tras aprobarse el decreto de estado de excepción, la máxima organización de los trabajadores decidió ir al diálogo con el gobierno y firmar un acuerdo de pacificación luego de 50 días de un paro indefinido que en los hechos “no existió” porque sus afiliados no se movilizaron.
“Hay peleas entre líderes, el caso de Nilton Condori que se está peleando con Vicente Salazar. Y hay acusaciones mutuas en la propia organización (de los Ponchos rojos), pero que en el fondo también es eso, el estado de la crisis del MAS”, añade Flores.
El senador Condori tomó distancia de las organizaciones y de las manifestaciones, pese a que inició con la idea de las movilizaciones. Este domingo criticó a Vicente Salazar por no ser un “buen comandante” en la conducción de la protesta social; poco antes el representante de los Ponchos Rojos acusó al legislador de haberlos abandonado y que mientras el pueblo luchaba él estaba sentando ganando su sueldo.
Los Ponchos Rojos y los evistas se quedaron solos, los primeros decidieron dar un cuarto intermedio el domingo, mientras que los evistas este lunes resolvieron similar medida. Ambos cuestionaron a Mario Argollo por ir al diálogo rompiendo su pacto de no traición.
Segundo, “no han aparecido líderes en esta movilización. Si a esa crisis de organización le tienes que sumar una crisis de liderazgos”, añade al precisar que no hay quién defienda a las organizaciones que lideraron el conflicto.
¿Podía ser Evo Morales el líder? Flores sostiene que “ya no es el líder” porque no determina la lucha ni los ritmos de las movilizaciones, puede ser un actor que aparece en las redes sociales y en los medios, pero su influencia ya es limitada.
La tercera consecuencia para las organizaciones es que han perdido su capacidad de “circulación del discurso indigenista”, apunta el politólogo. Establece que el 2000, 2003 y 2005 y la Asamblea Legislativa convencieron que el indígena por ser indígena tenía que gobernar y «había que desarrollar ciertas políticas de igualdad con la finalidad de que los indígenas logren el poder, y, por lo tanto, logren también igualdad política, social y económica. Y este discurso creo que ya no va».
Flores cree que el discurso de justificar el acceso al poder por una identidad indígena “ha perdido vigencia”. “Las organizaciones sociales van a tener que reorganizarse, van a tener que revitalizarse en el futuro, lo tienen que hacer repensando también este su discurso”.
Creyeron que la historia se repetiría
Flores detalla que en el último conflicto las organizaciones estuvieron confiadas que podían derrocar al gobierno como lo hicieron en 2003, cuando lograron que Gonzalo Sánchez de Lozada renuncie; de la misma forma lo hicieron en 2005 cuando derrocaron al gobierno de Carlos Mesa, incluso a “gusto y sabor de las organizaciones” que exigieron que no asuma Hormando Vaca Diez ni Mario Cossío, exigieron que la sucesión constitucional llegue hasta el entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Con el mismo mecanismo de movilización sucedió la crisis de 2019, fueron los denominados “pititas”, pero igual lograron la renuncia de Evo Morales, entonces es “utilizar las calles para hacer caer un gobierno ha sido probado tanto por la izquierda como por la derecha como un mecanismos “infalible”.
Flores dice que en definitiva «el movimiento se desacreditó y terminó como terminó: en un fracaso. Pero la hipótesis era un poco simple, veamos la historia, esto ya dio resultado (el derrocamiento de gobiernos), ¿por qué no podría dar resultado ahora? y ahí creo que se equivocaron. Probablemente es otro el contexto ahora y otras las condiciones políticas y sociales.
