Tomianovic afirmó que el cambio no provocará un shock tan fuerte como podría esperarse, debido a que gran parte de la economía ya operaba con el tipo de cambio paralelo desde hace meses.
Oscar Mario estuvo en el programa Otra Noche de EL DEBER. Foto: El Deber
Fuente: El Deber
La implementación del nuevo régimen de tipo de cambio flexible para el dólar, que entrará en vigencia desde el próximo lunes, marcará un cambio trascendental en la economía boliviana al poner fin a más de una década de un tipo de cambio fijo y abrir paso a un sistema determinado por la oferta y la demanda de divisas, explicó el economista Óscar Mario Tomianovic.
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El analista sostuvo que la medida representa, en la práctica, una devaluación de la moneda nacional, ya que los bolivianos deberán pagar una mayor cantidad de dinero por cada dólar. Además, advirtió que el nuevo esquema podría generar mayores presiones inflacionarias si no viene acompañado de un ajuste en el gasto público.
«Bolivia pasa efectivamente a un régimen flexible. Antes el Gobierno fijaba el precio del dólar; ahora falta definir si será un esquema completamente de mercado o administrado, pero en ambos casos implica una devaluación porque habrá que pagar más bolivianos por los mismos dólares», afirmó en entrevista con el programa On- Otra Noche con Sissi de EL DEBER.
Tomianovic explicó que, bajo el nuevo sistema, el valor del dólar fluctuará diariamente de acuerdo con la disponibilidad de divisas y la demanda del mercado financiero, dejando atrás el esquema vigente desde 2011.
El economista señaló que uno de los principales efectos recaerá sobre las finanzas públicas. Indicó que el Estado necesitará más bolivianos para cubrir obligaciones como la importación de combustibles y el pago de la deuda externa, situación que podría derivar en mayor emisión monetaria y, en consecuencia, en un incremento sostenido de la inflación.
«Si el Gobierno continúa financiando su déficit con emisión de dinero, el tipo de cambio flexible se traducirá directamente en inflación y pérdida del poder adquisitivo de los bolivianos», alertó.
Respecto al impacto sobre empresas y contratos pactados en dólares, Tomianovic afirmó que el cambio no provocará un shock tan fuerte como podría esperarse, debido a que gran parte de la economía ya operaba con el tipo de cambio paralelo desde hace meses.
«La mayoría de los negocios y contratos ya se celebraban con el dólar paralelo. El tipo de cambio oficial prácticamente era una referencia contable que había quedado desplazada por la realidad del mercado», indicó.
No obstante, advirtió que quienes mantenían contratos expresamente vinculados al tipo de cambio oficial podrían verse afectados, aunque precisó que la interpretación de esos casos corresponde al ámbito jurídico.
El analista también explicó que la flexibilización cambiaria elimina distorsiones que favorecían a determinados sectores que accedían al dólar oficial, aunque advirtió que el nuevo escenario encarecerá las importaciones, especialmente en un país que depende del exterior para abastecerse de combustibles, tecnología, maquinaria y otros bienes esenciales.
«Los exportadores recibirán más bolivianos por cada dólar que generen, pero los importadores necesitarán reunir más recursos para traer productos del exterior. En un país altamente dependiente de las importaciones eso terminará impactando en los precios», sostuvo.
Consultado sobre el temor de que el dólar vuelva a dispararse como ocurrió en el mercado paralelo meses atrás, Tomianovic respondió que nadie puede anticipar con precisión cuál será su cotización futura, aunque sí advirtió que la tendencia dependerá de la disciplina fiscal del Gobierno.
«En la medida en que continúe existiendo una economía inundada de bolivianos que la gente no quiera conservar, seguirá existiendo presión para refugiarse en activos más estables como el dólar», explicó.
El economista remarcó que la flexibilización cambiaria constituye un sinceramiento del mercado, pero aclaró que por sí sola no resuelve los problemas estructurales de la economía boliviana.
«No es un cambio de modelo económico. Si no se aplican reformas estructurales, como una mayor disciplina fiscal y cambios en sectores estratégicos, los efectos negativos pueden profundizarse», concluyó.
