“Recuerda que eres sólo un hombre”, es la traducción exacta de la breve, pero poderosa frase en latín: “Memento homo”. Seguro muchos ya lo sabían; otros quizá no tenían ni la más mínima idea. Los primeros recuerden y los últimos aprehendan su significado, y todos contextualícenla en la realidad de la plurinacionalidad boliviana, específicamente en lo que concierne a su política y sus políticos.
Su sentido, importancia y trascendencia se remonta a tiempos antiguos del dominio superlativo del gran imperio romano, en los que, según refiere Robin Sharma, en un pasaje de su libro bestseller El Club de las 5 de la mañana, se destaca la función esencial del auriga, un esclavo que se colocaba detrás de los generales victoriosos durante los desfiles postguerras, para sostener la corona de laurel sobre la cabeza del más grande líder y susurrarle continuamente al oído: “Memento homo”.
Es decir, se les pedía a esas altas autoridades militares de la antigua Roma que mantengan siempre los pies en la tierra y que recuerden que, a pesar de toda la gloria, el aplauso del público y el poder monumental, seguían siendo simples mortales y no deidades. Se trata en realidad de una metáfora dirigida a los líderes y triunfadores de hoy en día, a quienes se les recomienda firmemente: no importa cuán alto escales o cuánto éxito acumules gracias a tus rutinas diarias, la verdadera grandeza siempre debe ir acompañada de una profunda humildad y empatía.
De vuelta a la actualidad y a la realidad nacional, y a sabiendas de que quedó claro el significado y orientación del “Memento homo”, es innegable que en Bolivia tanto el populismo como otras vías, que permitieron la asunción al poder de personas identificadas con la izquierda, derecha y centro-izquierda o derecha, parapetan ahí arriba, al lado de las sillas presidenciales a toda “su gente de confianza”, que por lo general hacen de empedernidos aduladores, o sea ‘lambiscones’, ‘amarrahuatos’…
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Más alto, en un nivel superior, están los que de alguna forma u otra se infiltran en el llamado manejo de la cosa pública, se trata de parientes cercanos y lejanos de los mandatarios y otras autoridades nacionales: ¡el descarado e impune nepotismo!
Y debajo de los ‘chupas’ tienen que estar el resto de la estructura del partido político del gobierno de turno, extendiendo el clientelismo por varios años de esa gestión.
Los primeros y segundos suelen conformar los entornos cercanos de los presidentes y máximas autoridades de las instituciones, haciendo de asesores y consejeros, que al contrario de lo que se esperaría de ellos, únicamente asienten, consienten y azuzan las perversiones que debe otorgarles el poder distorsionado.
Del otro lado están quienes eventualmente ostentan el poder, esos que, aunque no quieran reconocerlo, no sólo se olvidan de dónde vienen o para qué llegan, sino también de sus anuncios refrendados en compromisos electorales de campaña por mejores días para su gente y país, y tienden a laborar sólo por intereses propios.
El cambio es la opción, del modo de hacer política y la función del político en la sociedad, y para aquello, más que cualquier otro carguito inventado, “ahoritinga” urge más que siempre la presencia activa de al menos un auriga en cada institución de nacional y subnacional; pero también en esferas privadas y de otra índole.
Lo que hoy se necesita, entonces, son ‘pepitos grillos’, ‘daimons socráticos’ y otros seres ficticios asociados como conciencias corajudas y sensatas, que les digan a los líderes lo que hacen mal, lo que no quieren escuchar, lo que les incomoda… para rectificar a tiempo sus conductas y manías, y que además les ayuden a entender que siempre es y será buen momento para recordar y aplicar el “Memento homo”.
El autor es escritor y comunicador social: Daniel Zubieta Olivera
