Inversión centralizada: De los 118.5 millones de dólares aprobados por ley, el departamento del Beni recibe una fracción menor que posterga, una vez más, la consolidación de sus corredores biocéanicos y su integración total.

El reclamo de la región: Sectores productivos y cívicos advierten que las migajas estatales no cubren el rezago de décadas en las carreteras amazónicas, mientras que el eje troncal sigue acaparando los fondos de desarrollo.
La promulgación de la Ley que viabiliza un crédito internacional de 118.5 millones de dólares para infraestructura vial, anunciada con bombos y platillos por el Gobierno central, ha reactivado un viejo y amargo debate en el departamento del Beni. Si bien la inyección económica busca reactivar proyectos camineros en el país, el análisis de la distribución sectorial deja en evidencia que nuestra región vuelve a quedar en el último escaño de las prioridades estatales. Para el sector productivo, el transporte pesado y las instituciones cívicas benianas, el monto asignado al departamento es ínfimo, no responde a las verdaderas necesidades de vinculación de la Amazonía y profundiza la denominada «deuda histórica» que el centralismo mantiene con el noreste boliviano.
Históricamente, el Beni ha aportado al país soberanía, recursos naturales, carne y madera, pero a cambio ha recibido carreteras de tierra que se vuelven intransitables durante la época de lluvias, aislando a provincias enteras. La nueva normativa legal, lejos de corregir esta asimetría, vuelve a inclinar la balanza hacia los proyectos viales del eje troncal del país.
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¿Por qué queda corta frente a la deuda histórica?
La deuda histórica con el Beni no se mide en intenciones, se mide en kilómetros de asfalto inexistentes. Mientras departamentos vecinos consolidan dobles vías y redes fundamentales totalmente pavimentadas, el Beni sigue batallando por la conclusión de tramos elementales. Los 118.5 millones de dólares del nuevo crédito, distribuidos a nivel nacional, alcanzan apenas para obras complementarias o parches asfálticos en la región, dejando archivados los grandes macroproyectos que el Beni exige desde hace décadas:
El Corredor Biocéanico Norte: El asfaltado total e integral que conecte de forma eficiente a Trinidad con Guayaramerín y Riberalta sigue avanzando a paso de tortuga por falta de presupuesto real.
Los puentes sobre los grandes ríos: La vertebración interna del Beni continúa dependiendo de pontones y barcazas obsoletas en varios tramos clave de la Red Vial Fundamental, encareciendo el transporte de carga y poniendo en riesgo la vida de los usuarios.
La ruta hacia el norte amazónico y La Paz: Las conexiones que unen a las provincias Ballivián y Vaca Díez con el occidente del país siguen siendo rutas de alto peligro durante el invierno amazónico.
«Ver que se aprueban sumas millonarias a nombre del desarrollo del país, y constatar que al Beni le caen solo saldos, es la prueba de que seguimos siendo el patio trasero de la inversión pública. No estamos pidiendo un favor; exigimos que se empiece a saldar una deuda histórica de postergación vial», manifestaron representantes de la Federación de Transportistas del Beni.
El impacto en el desarrollo productivo
La falta de carreteras adecuadas no es solo un problema de comodidad para los viajeros; es el principal freno para el despegue económico de la región. El sector ganadero y agroindustrial beniano compite en condiciones de total desventaja frente al resto del país debido a los elevados costos de flete que impone el pésimo estado de las vías.
La promulgación de esta ley, en lugar de celebrarse en las llanuras de Moxos, se recibe con desazón. Las fuerzas vivas del departamento coinciden en que es momento de que la bancada parlamentaria beniana y las autoridades locales unifiquen una postura firme ante el nivel central para exigir que los futuros créditos internacionales prioricen, por justicia social y económica, el asfalto que el Beni espera desde el siglo pasado.
