Tras la pausa estiva, el Papa vuelve a recitar el Ángelus desde el Palacio Apostólico del Vaticano. En su primera reflexión tras el descanso, León XIV invita a los fieles a crecer en la caridad y a trabajar para que “a nadie le falte el pan cotidiano”.
Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News
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En el XVIII domingo del Tiempo Ordinario, el Papa León XIV asegura que “Cristo nos enseña que nada se pierde cuando se comparte” y que “la acumulación y el descarte son las dos caras de un mismo mal: la avaricia”. Lo ha afirmado este mediodía al reflexionar el Evangelio de San Mateo, que narra la multiplicación de los panes y los peces: “Esta enfermedad del alma lleva a perder los sentidos porque embriaga de riquezas, hasta el punto de olvidar a aquellos que lloran de hambre y gritan de sed”. En ese contexto, contrasta la abundancia de los bienes materiales con la realidad de quienes viven sin alimento, sin hogar o sin paz: “Ante la opulencia de las cosas que se corrompen, están las manos tendidas de quienes no tienen qué comer”.
Es por ello que este domingo el Papa ha elevado una oración a la Madre del cielo para que “nos haga crecer en la caridad, para que a nadie le falte el pan cotidiano”.
El sentido de los gestos de Jesús
El Pontífice ha explicado que, cuando se proclama el Evangelio, con frecuencia escuchamos el relato de los signos realizados por Jesús; gestos – ha dicho – que no son únicamente acciones extraordinarias, sino manifestaciones de la salvación que Dios ofrece a la humanidad: “Son gestos que manifiestan su especial entrega por nosotros, es decir, la salvación que Él trae al mundo. El Señor se presenta como Aquel que da sentido a la vida, liberándola del mal y del pecado”.
En este sentido, ha afirmado que al devolver la vista a los ciegos, el oído a los sordos y alimentar a la multitud, Cristo revela la cercanía del Reino de Dios y se presenta como quien da sentido a la vida y libera del mal y del pecado: “No sólo realiza acciones prodigiosas, sino que anuncia a todos que el Reino de Dios está cerca. Por eso el Evangelio de hoy da testimonio de que Jesús no se limita a dar los sentidos a quien carece de ellos, sino que hace gustar a nuestros sentidos”.
Para el Papa, este episodio de la multiplicación de los panes significa “que el encuentro con el Señor es una experiencia que nos alimenta” y subraya que, en el desierto, es decir – en el lugar de nuestras necesidades –, “Cristo es el pan de vida”.
La fraternidad comienza en la mesa
Finalmente, León XIV ha relacionado el milagro de la multiplicación de los panes con la Última Cena, al señalar que los gestos de Jesús al bendecir, partir y entregar el pan encuentran su plenitud en la Eucaristía, donde Cristo “nos entrega su misma vida como nuestro hermano en humanidad”.
Antes de rezar a la Madre del cielo, el Pontífice ha animado a los fieles a compartir el pan en familia y entre amigos, a bendecir la mesa y a aprovechar el tiempo de vacaciones para acercarse a quienes viven situaciones de necesidad, convencido de que la caridad se manifiesta en las acciones cotidianas: “En compañía de Jesús, también las vacaciones pueden convertirse en tiempo de serena fraternidad, incluyendo a quienes están a nuestro lado y pasan necesidad”.
Fuente: Vatican News
