De acuerdo con una encuesta realizada en Argentina, a cargo de la unidad de Creencias Sociales 2026 de Pulsar de la UBA (Universidad de Buenos Aires) el “ningunismo político» alcanzaría el 42% de los trasandinos y dicho grupo social, además, rechazan, de manera directa, cualquier tipo de identificación con algún partido político.
Este fenómeno ya se viene leyendo en otros países y claro, por supuesto, Bolivia no escapa a esta tendencia. El aumento del desinterés político por parte de los jóvenes es muy evidente y su rechazo a militar en un cuadro político es bastante preocupante. Y lo es porque el ejercicio de la buena política es fundamental para la democracia. Sus bases se fundamentan, precisamente, en la activa participación política de todos los actores sociales posibles, en aras de fortalecer las instituciones, la gestión pública y el desarrollo de agendas que beneficien a la mayoría de la población.
Sin el ejercicio amplio y maduro del ejercicio de la política en una sociedad, se pavimenta la carretera para que los totalitaristas o autocráticos llenen esos vacíos para asirse del poder, en desmedro del bien común y el bienestar social.
Por lo tanto, los resultados de dicho estudio deben tomarse con la debida preocupación y revisar el actual accionar de los escasísimos cuadros políticos – actualmente casi inexistentes – para engrosar filas con nuevas generaciones para el ejercicio de la política bajo un enfoque profesional. Para ello se deberá diseñar capacitaciones sobre el ejercicio de la política como tal, orientaciones legales y normativas actuales, definir el nuevo rol de los políticos y sus desafíos frente a esta tendencia del ningunismo partidario y, finalmente, la política pública frente a la IA.
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Este escenario crítico de las estructuras política partidarias, se agrava con el porcentaje (63%) que publica el estudio donde se refleja que los jóvenes tienen “poco o nada” de interés por la política o por ejercerla desde cualquier ámbito.
Este crecimiento de una masa enorme de ciudadanos sin ninguna filiación connota un alejamiento transversal que abarca diversos géneros, rangos etarios y niveles educativos.
Estos «ningunistas» se miran así mismos desde el centro de la política, lo que no significa de ninguna manera una especie de moderación política. Sino más bien, se ubican en una especie de zona de refugio para autodefenderse o autoprotegerse de tendencias extremistas, con las que no existe ningún lazo por parte de los jóvenes.
Pero, además, el estudio es más revelador cuando sostiene que la confianza en los políticos es paupérrima. Los moceríos no están polarizados y mantienen de manera activa vínculos afectivos y comunitarios con su entorno inmediato. Ejercen política de una manera sui generis.
Por otro lado, las conductas que involucran corrupción presentan una desaprobación casi absoluta. Cruzar semáforos rojos son castigados por los jóvenes y son parte medular de su alejamiento del ejercicio político partidario.
Otro factor crítico es la precariedad económica de los jóvenes. Acceso casi nulo a una vivienda social, empleos de baja calidad, dificultades para emanciparse y mirada pesimista del futuro inmediato. Nuestra juventud encara una serie de obstáculos para desarrollar su vida personal y hasta incluso, su crecimiento profesional. Se sienten postergados por unos políticos y unos gobiernos completamente alejados de los jóvenes a quienes sólo buscan en momentos electoralistas.
El llamado es diáfano: para cuidar la democracia, proteger la vida, respetar las reglas de juego, honrar los contrapesos institucionales es una invitación a defender aquello que permite que las diferencias no deriven en violencia y que el poder no se vuelva absoluto, que son los factores que golpean y alejan a los jóvenes de la política. Las preguntas profundas que nos enrostran es ¿cuál es el valor real de vivir bajo una democracia? ¿Cuál es el beneficio que como joven recibo de la democracia? ¿Y por qué debería confiar en los políticos, si siempre nos mienten y engañan?
Mientras tanto, el ninguneo hacia el ejercicio de la política seguirá siendo la tónica de la gran mayoría de los bolivianos que son, por si acaso, jóvenes.
