Gasolina: No hay pues


No hubo, no hay ni habrá gasolina. Las colas seguirán creciendo como la serpiente de siete cabezas que gobernó y nos sigue gobernando. Bolivia comenzó a importar volúmenes significativos de gasolina de manera sostenida a partir de 2014-2015, debido a la caída en la producción interna de gas natural y petróleo crudo que se utilizaban para refinar y abastecer el mercado local. En vacas gordas, no ahorramos ni un peso. De hecho, el ex cajero, ex presi y actual presidiario Tilín, ante la escasez dijo que el “país necesita 3.000 millones de dólares al año para importar combustibles”. Pasamos de productores a compradores, de prestamistas a endeudados.

Una escasez que se tapó con mentiras. El (protagonista de Lolita), el intocable Morales usó el dinero de su gestión para pagar dos cosas: el resarcimiento a las compañías internacionales que exploraron y explotaron petróleo en Bolivia, porque nacionalización nunca hubo; y para pagar, posteriormente, la compra de combustible a Rusia, Chile, Perú, Argentina, Paraguay, Singapur, Canadá, Brasil y Estados Unidos, entre otros. Nunca se invirtieron recursos en dos cosas importantes: limpiar los pozos petroleros ya existentes y garantizar su producción y explorar nuevos pozos.



De paso, usó el dinero para destruir la institucionalidad, para corromper a la justicia y para deshacerse de enemigos que veían con malos ojos toda la actividad que hizo, como levantar empresas estatales deficientes, elefantes blancos en Orinoca o en Villa Tunari y una larguísima lista de fallidos intentos por hacer creer a los plurilandeses que el proceso de cambio funciona.

Plurilandia vivió una falsa estabilidad económica. Y el proceso de cambio no funciona ni ha funcionado.

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Ahora en 2026, y despertando de la pesadilla masista, a don Pollo parece que el cargo le queda grande. El gallinero está alborotado.

Le pasé a mi alter ego mi reflexión, y me dijo “¿pero de qué te preocupas? Sigue el ejemplo del ministro de Economía cómprate un auto eléctrico de Bs 350.000 y lo inscribes por cincuentita nomás. Qué tanto drama con las filas”.

Tiene razón. Es una solución espinuda. Si hasta este capitán anti inflación está migrando a la electromovilidad por “dos pesitos”, es que definitivamente, cerraremos los pozos, pagaremos las últimas importaciones de gasolina y todos a enchufar sus autitos en casa.

Bolivia es un país quebrado por los años de despilfarro masista, sin embargo, parece que el problema no sólo era el “masismo” sino el “bolivianismo” amante de querer arreglar todo con leyes, pero sin que nadie las aplique.

Don Pollo debe entender que no está en un concurso de popularidad y tiene que: quitar toda la subvención a los combustibles, trazar una estrategia para recuperar la capacidad de generar dólares, disminuir el burocrático sistema estatal, y estabilizar a la economía. Para eso lo contratamos mediante votos.

No llegó a la Presidencia para caerle simpático a nadie, sino para arreglar el desastre. Y arreglarlo significa cortar de una vez con la receta masista de gastar lo que no hay, subsidiar lo insostenible y esconder los problemas hasta que exploten. Esa película ya la vimos y sabemos cómo termina. Bolivia no puede volver al corral donde se comió hasta el último grano de maíz.

Y no se alegren mucho con la electricidad, porque también empezará a escasear, pero ese… es tema de otra columna.

 

Mònica Briançon Messinger es periodista