Litio boliviano: expertos advierten sobre el agua antes de acelerar su explotación


Durante la presentación de un libro del CEDIB en la Feria Internacional del Libro de La Paz, investigadores y especialistas cuestionaron la falta de información

Por Rodolfo Aliaga

Presentación de la investigación en la Feria del Libro. Foto: Cedib

Presentación de la investigación en la Feria del Libro. Foto: Cedib



Fuente: La Razón

Investigadores y especialistas en minerales plantean otra visión de cara a la explotación del litio en Bolivia, con una perspectiva pensada en las comunidades, ecosistemas, costos y beneficios en torno a la importancia de los recursos hídricos y la «minería del agua».

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La discusión surgió durante la presentación del libro Las preguntas que deben responderse antes de decidir: Extractivismos del litio, una publicación del Centro de Documentación e Información Bolivia (Cedib), que escribieron Eduardo Gudynas, Óscar Campanini, Lucio Cuenca y Gonzalo Mondaca.

Según la Agencia de Noticias Ambientales (ANA), uno de los principales cuestionamientos estuvo relacionado con la información disponible sobre los acuerdos y proyectos vinculados al litio. El investigador Óscar Campanini afirmó que existe una creciente presión internacional sobre los llamados minerales críticos y cuestionó que la sociedad boliviana no conozca el contenido de determinados acuerdos anunciados por el Gobierno.

“Ninguno de los bolivianos conoce el contenido de este acuerdo”, afirmó Campanini al referirse a un acuerdo de intenciones con Estados Unidos que, según señaló, incluye minerales críticos como el litio.

Litio

El investigador también recordó que la anterior administración de Luis Arce firmó contratos con empresas de China y Rusia, mientras que comunidades del Salar de Uyuni y sectores vinculados a los salares cuestionaron la falta de transparencia y acceso a información sobre los proyectos de Extracción Directa de Litio (EDL).

Para Campanini, el contexto económico del país puede convertirse en un factor de presión para acelerar decisiones sobre el recurso.

Bolivia atraviesa una situación económica compleja, señaló, marcada por la escasez de combustibles, presiones sobre el tipo de cambio y el incremento de precios. En ese escenario, advirtió que el litio podría presentarse como una salida rápida a los problemas económicos.

Su planteamiento es que la urgencia no debería reemplazar al análisis.

Debemos hacernos las preguntas correctas para que las decisiones que vayamos a tomar no sean por política, sino que vayan a beneficiar al conjunto del país”, sostuvo.

‘Nada es lo que parece’

Para Eduardo Gudynas, investigador principal del Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES), una de las principales dificultades del debate actual es que buena parte de la discusión parte de certezas sobre el potencial económico del litio, mientras quedan abiertas preguntas sobre sus consecuencias.

La investigación que dio origen al libro comenzó precisamente a partir de esas interrogantes surgidas durante el trabajo de campo en comunidades altoandinas.

“Saber preguntar implica acceder a información”, explicó Gudynas ante una sala llena durante la presentación.

Según el investigador, las preguntas son incómodas porque muchas de sus respuestas todavía no están disponibles o no han sido suficientemente estudiadas.

Su cuestionamiento central apunta incluso a la forma en que se entiende la actividad.

“No es una minería del litio, sino que más bien es una minería del agua”, sostuvo.

Gudynas explicó que, a diferencia de la imagen tradicional de la minería asociada a un tajo abierto o a un socavón, los procesos vinculados al litio involucran la extracción y manipulación de fluidos, por lo que, en su criterio, existen características que obligan a analizar el recurso desde una perspectiva distinta.

El agua

La discusión sobre el agua atravesó buena parte del encuentro.

Rocío Lloret cuestionó que todavía no existan, según afirmó, suficientes informes públicos que permitan conocer con precisión las características hidrogeológicas de los salares y, particularmente, la cantidad y naturaleza del agua acumulada en estos sistemas.

“Hasta hoy en día, no tenemos informes oficiales de YLB para saber, por ejemplo, cuánta agua fósil hay dentro de los salares”, señaló.

La periodista también puso en duda que la denominada Extracción Directa de Litio pueda ser presentada automáticamente como una alternativa ambientalmente amigable.

“Nos han vendido la idea de la minería verde”, afirmó, y planteó que el debate debería incorporar preguntas sobre las emisiones, el consumo de agua y los impactos acumulativos de toda la cadena productiva.

Para los participantes, el problema no termina en la cantidad de litio que pueda extraerse. También implica determinar qué ocurre con los sistemas naturales que rodean los salares y con las comunidades que dependen de ellos.

Disputa geopolítica

Gudynas también situó el debate en un escenario internacional marcado por la creciente demanda de minerales considerados estratégicos para la transición energética.

En su lectura, la expansión de la electromovilidad y la producción de baterías está reforzando el peso de China en la cadena global del litio.

El investigador sostuvo que esta situación puede generar una nueva forma de dependencia para los países latinoamericanos que exportan materias primas.

“Nosotros le vendemos esos minerales a China”, afirmó, al referirse a lo que considera una nueva relación de subordinación comercial.

A su juicio, existe además una presión moral alrededor de la transición energética: los países productores de minerales críticos pueden ser colocados ante la disyuntiva de explotar sus recursos para contribuir a la reducción global de emisiones o ser señalados como obstáculos para esa transición.

El problema, sostuvo, es que los beneficios de la electrificación pueden concentrarse en los países industrializados, mientras los impactos ambientales permanecen en territorios como los salares de Bolivia, Argentina y Chile.

¿Quién paga los costos y quién recibe los beneficios?

Andrea Izquierdo, bióloga y doctora en Ciencias Biológicas, planteó otra de las preguntas centrales del debate: ¿quién asumirá los costos ambientales y sociales de la explotación del litio y quién se quedará con los beneficios?

La especialista, que lleva más de una década estudiando sistemas altoandinos, explicó que los salares no pueden ser considerados únicamente como depósitos de minerales.

Son, dijo, sistemas hidroecológicos complejos, en los que interactúan agua, bofedales, flora, fauna y comunidades que han desarrollado sus formas de vida durante generaciones.

Izquierdo también puso como referencia la experiencia argentina, donde, según explicó, existen numerosos proyectos de litio en diferentes etapas de desarrollo.

La investigadora cuestionó que el análisis económico se limite a calcular inversiones, empleos o ingresos por exportaciones sin incorporar otros costos que pueden ser más difíciles de cuantificar, como la pérdida o alteración de fuentes de agua, biodiversidad y actividades económicas locales.

Las preguntas que quedan abiertas

El libro presentado en la FIL de La Paz propone precisamente ordenar esas interrogantes antes de tomar decisiones.

Entre ellas están: ¿la extracción de litio tendrá impactos ambientales significativos?, ¿pueden manejarse o mitigarse?, ¿la explotación resolverá los problemas económicos del país?, ¿se calculan todos los costos y beneficios?, ¿se incluyen los daños ambientales y sociales?, ¿las comunidades recibieron información?, ¿cómo se calcula una compensación por la pérdida o afectación del agua?, ¿quién administra esos recursos?, y si ocurre un accidente, ¿quién asume la responsabilidad?

Más que ofrecer una respuesta única, los autores plantean que Bolivia necesita información suficiente para responderlas antes de comprometer sus salares con nuevos proyectos.

El debate llega en un momento en que el litio se presenta como uno de los recursos estratégicos de la transición energética mundial. Para los investigadores, precisamente por el valor económico y geopolítico que adquiere, la presión para extraerlo no tendría que tener una razón para decidir más rápido, sino para analizar con mayor cuidado.

Fuente: La Razón