Walter Guevara Anaya
Tres factores son imprescindibles para una transición exitosa desde la caída de gobiernos populistas hacia democracias estables: inmediatez, eficacia y legalidad. Así lo han señalado los politólogos Stanley Bill y Ben Stanley.
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Si se maximiza la legalidad, eso puede complicar la eficacia y la rapidez de la transición. Por ejemplo, si se aplica plenamente la ley para perseguir a los corruptos, eso requiere una profunda reforma de la justicia, lo que tomaría mucho tiempo.
Si, por el contrario, se maximizan la eficacia y la rapidez de la transición, eso puede impedir un pleno respeto a la normativa legal. Podría por ejemplo significar una postergación de la lucha contra la corrupción.
Queda claro que estos tres objetivos se deben equilibrar de una manera sensata.
Estos dos expertos revisaron todas las transiciones de este tipo a nivel mundial. Descubrieron que en los casos en los que la transición no se manejó de una manera rápida, eficaz, legal y bien equilibrada, el populismo REGRESÓ AL GOBIERNO EN UN PROMEDIO DE CINCO AÑOS.
Veamos lo que está pasando en nuestro país.
El presidente se apoyó en un asesor de gobiernos de extrema derecha. Este señor apareció como emisario del presidente Trump. Incluso antes de sus escándalos personales, este consultor le confirió al gobierno un aura derechista.
No es lo más indicado cuando se necesita el apoyo de TODOS los sectores.
Recién a casi diez meses del inicio de su mandato el ejecutivo envió un primer proyecto de ley a la Asamblea. Se trata del proyecto de ley de inversión.
Proyectos igualmente importantes como los de minería e hidrocarburos continúan en una lenta elaboración. En este momento ya no es fácil contar con una mayoría parlamentaria que los apruebe.
Dos de cada tres empleados públicos fueron contratados por los gobiernos populistas para apoyarlos. Sin duda algunos han debido aprender a servir al público sin pedir coimas.
El gobierno no ha empezado a montar un sistema de evaluación de personal que permita determinar a cuáles inútiles y corruptos se debe despedir y cuáles deben permanecer con base en una evaluación de sus méritos profesionales. Hace tiempo pudo haber repuesto la Superintendencia del Servicio Civil para que se cumplan los mandatos del Estatuto del Funcionario Público.
Algo parecido sucede con el personal de las embajadas y consulados. Personal de bajo nivel designado por Evo Morales y Luis Arce está a cargo de nuestras legaciones más importantes. Es inexplicable el retraso y la ineficacia al nombrar personal diplomático idóneo.
Son retrasos que postergan innecesariamente el inicio de la transición.
Por otra parte, se pretende que una ley sea suficiente para reponer el arbitraje internacional que requieren los inversionistas extranjeros para proteger su capital. Desde 2009 la constitución de Evo Morales lo prohíbe.
El artículo 366 dispone que «no se reconocerá en ningún caso tribunal ni jurisdicción extranjera.» Las empresas extranjeras que inviertan en la cadena hidrocarburífera «tampoco podrán invocar arbitraje internacional.»
No hay modo de reponer este tipo de arbitraje sin una enmienda parcial a la constitución. Las lecturas de este artículo que lo intenten serían muy forzadas. Pretender que una ley es suficiente para este propósito daña a la transición.
El aeropuerto de Viru Viru en Santa Cruz dejó pasar con la mayor facilidad maletas llenas de oro, de armas, de drogas ilegales y de dólares. Varios acusados fueron puestos en libertad.
La principal empresa pública del país, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), cambia de cabezas mientras su cuerpo sigue lleno de redes de ladrones.
Son innecesarias faltas de respeto a la normativa.
La ineficacia empezó con el daño que la gasolina causó a muchos motores. El gobierno no se dio cuenta o no le preocupó que esto podía pasar. Las filas de combustible retornaron.
Tampoco es eficaz que se mantengan docenas de empresas públicas deficitarias. Siguen cobrando sueldos cientos de empleados que calientan sus asientos en estas empresas.
La inoperancia del gobierno en estos casos incide gravemente sobre el déficit fiscal. Dificulta la tramitación del apoyo financiero del Fondo Monetario Internacional (FMI), sin el cual no se podrá estabilizar el mercado del dólar ni cambiar el modelo económico.
Son muestras de la falta de eficacia en el avance de la transición.
Difícil pensar que el gobierno pueda equilibrar rapidez, eficacia y legalidad. No parece estar interesado en apuntar a ninguno de estos tres objetivos.
Ante semejante pérdida de apoyo y ante el probable retorno de los bloqueos en octubre, el gobierno debería tomar urgentes medidas de emergencia. Necesita un salvavidas para evitar que lo tumben.
Podría empezar por un cambio de gabinete de gran calado, que incluya ministros designados por los jefes políticos opuestos al populismo. El siguiente listado se propone de manera ilustrativa. Muchas otras opciones podrían tener un efecto similar, que es el de ayudar a que el gobierno sobreviva.
Tuto podría designar a Ramiro Cavero como Ministro de Finanzas. Es un economista de primer nivel que además tiene una gran sensibilidad para proteger a la población menos favorecida de los efectos de las reformas.
Samuel podría designar a José Luis Lupo como Ministro de Planeamiento y Desarrollo. Se combinaría la reposición de un importante ministerio con el renombramiento de un destacado ministro. Lupo es el mejor indicado para diseñar un proyecto serio de transición y señalar las mejores maneras de ponerlo en práctica.
Manfred podría designar a Freddy Camacho para dirigir un nuevo Ministerio de Autonomías. Se trata de un destacado parlamentario y exfuncionario municipal que sabe cómo equilibrar las demandas de las regiones con la legítima autoridad del ejecutivo nacional.
Todo muestra que Rodrigo prefiere hundirse solito a compartir las decisiones del gobierno con personalidades de alto perfil. No da la impresión de que esté dispuesto a aceptar en su gabinete personalidades que representen a otros jefes políticos.
Parece que su entorno resiste que gente capaz se suba al barco. No quieren compartir ministerios y viceministerios con otros jefes políticos. Mucho menos soltar cargos ocupados por sus allegados.
En esta serie analizaremos las condiciones de la transición, los avances y retrocesos del gobierno en esta materia, así como la urgente necesidad de que los sectores democráticos de la sociedad se pongan las pilas para evitar un retorno del populismo.
