La presencia de la droga en el país


El Gobierno da por cierto el incremento de los cultivos de la hoja de coca y menciona el compromiso de erradicar los cultivos excedentarios para cumplir las metas exigidas…

laPrensa Editorial La Prensa

En su más reciente homilía, el cardenal Julio Terrazas ha reflexionado sobre lo que llamó “presencia escandalosa de la droga” en Bolivia y al mismo tiempo pidió que se investigue por qué es tan fácil obtener esas sustancias prohibidas “que destruyen el corazón y el alma de las personas”. Tomando en cuenta el alto grado de suspicacia e intolerancia entre los gobernantes de turno —más ahora que discurre poco menos que encarnizado el tiempo de campaña electoral—, con suerte el prelado no va a ser acusado de estar del lado de la oposición por el contenido de su mensaje. Eso, con tal de minimizar el impacto de la alocución de la máxima autoridad eclesiástica en el país.



Empero, la preocupación que ha trasuntado el cardenal Terrazas es compartida por gran parte de la ciudadanía que, a través de diferentes informes autorizados y publicaciones de prensa, está al tanto de las alarmantes cifras que hablan de un incesante incremento del narcotráfico a la vez que aumentan las áreas sembradas de coca, incluso en algunos de los principales parques y reservas naturales del territorio nacional. Unos recientes datos señalan que Bolivia ha pasado de 23.000 hectáreas de coca sembrada en 2006 a 30.500 en 2008, siendo que la superficie permitida por la Ley 1008 es 12.000 hectáreas. Y a propósito de la 1008, podría tener los días contados porque ya se habla de su eliminación, de continuar la actual gestión de gobierno por un nuevo quinquenio en el ejercicio del poder.

Un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) precisa que la producción de coca alcanzó en 2008 a 54.000 toneladas, de las que 36.200 se desviarían al narcotráfico. Y a tono con el considerable aumento de los cocales ilícitos va la incautación de cocaína: de 14 a 25,5 toneladas en el mismo periodo anteriormente citado. Ante semejante panorama, el Gobierno da por cierto el aumento de los cultivos de la hoja de coca y menciona el compromiso de erradicar los cultivos excedentarios para cumplir las metas exigidas por la comunidad internacional, aunque justifica el aumento de la producción de droga por el crecimiento de la demanda y, de paso, advierte acerca de los intentos de la oposición de hacer política con tan espinoso asunto en el tiempo presente de intensa campaña electoral.

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Al mismo tiempo, se ha establecido que el tema de la coca ocupa poco espacio en los programas del Gobierno de los distintos frentes en liza para los comicios de diciembre próximo. Como si no fuera un asunto de medular importancia. Como si la mano no viniera tan mal barajada en la crucial materia. Como si el “narcoapogeo” que vivimos en Bolivia no engendrara mayores y más graves agobios y peligros.

Como la presencia del crimen organizado que ya podría estar tocando puertas para introducirse en el país, si es que aún no ha traspuesto los umbrales. Y éstas ya son palabras mayores…