Chofer, policía y pasajeros comparten culpa en la ruta. Varios buses son de segunda mano. Hay tantas cruces como en los cementerios.
Accidentes. Un recorrido de 1.500 km por carreteras del país permitió comprobar a un periodista de EL DEBER que los choferes, la Policía y los pasajeros incurren en la comisión de delitos y negligencia
Servicio. Flota Minera es una de las empresas que transita por los caminos que van de Cochabamba a Llallagua
Roberto Navia | El Deber
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Aparentemente todo iba bien en el bus de la empresa Expreso Cochabamba que salió a las 19:14 del pasado lunes. La Policía hizo una primera inspección a la salida de la terminal Bimodal de Santa Cruz y otra patrulla interceptó el vehículo antes de dejar el radio urbano, a las 20:00. Un oficial de la Policía declaró ante un canal de televisión, que transmitía en vivo y directo desde el interior del motorizado, que para frenar la cadena de accidentes de tránsito, (que en sólo seis días mató a 41 personas), se ejecuta “con mano dura” un operativo a escala nacional para que las normas de tránsito se cumplan.
Sin embargo, esos controles aparatosos y amplificados que pretenden evitar más cruces en las carreteras, en la práctica no están a la altura del problema. Lo que probablemente el uniformado del primer control ignora es que las exigencias básicas al transporte público se rompen en mil pedazos durante el resto del trayecto. La falta de equipos básicos como alcoholímetros, la imprudencia de muchos pasajeros y la corrupción de los mismos policías y conductores hacen que viajar por los caminos de Bolivia sea una actividad en la que se sigue poniendo en juego la vida.
Aquella noche ocurrieron varias irregularidades, muchas de las cuales no fueron advertidas ni por los controles en Santa Cruz ni por los de Cochabamba. Peor aún, algunas fallas fueron descubiertas, pero igual el bus siguió su viaje.
A la salida de la Bimodal un policía observó que el extintor de fuego era sólo de un kilo, insuficiente para apagar un incendio para un vehículo con más de 50 personas. A través de la ventanilla del bus, desde el asiento número 11, quedó en evidencia que ‘pequeños detalles’ como ése lo soluciona el chofer con un billete. Richard Flores, el propietario y conductor de un bus de la flota Trans Suárez, admite que él también alguna vez accedió en dar Bs 20 a un policía para que no le haga problema ni le cancele el viaje.
A las 22:00 de aquel lunes, el bus llegó a Yapacaní (125 km de Santa Cruz) y se desvió de la carretera hacia unas callecitas de tierra para recoger a 17 pasajeros. Algunos de ellos, como ya no había espacio en los compartimentos habilitados para llevar carga, intentaron meter sus equipajes por las ventanillas. Algunos viajeros dijeron que no iba a permitir que vaya gente parada o que el pasillo se llene de bultos. Las madres con hijos de pecho exigieron al ayudante del chofer, que no pasaba de los 15 años, que ponga orden y lo que hizo el muchacho fue poner una película de kung fu que no se terminó de ver porque el disco estaba rayado.
El bus llegó a Cochabamba a las 7:00, pero se demoró media hora en ingresar a la terminal porque la Policía estaba verificando si los conductores no habían bebido alcohol. La lentitud se debe, explicó el oficial Edwar Miranda Quispe, a que de los tres alcoholímetros que tiene la Policía, sólo uno sirve. Los pasajeros, preocupados por hacer abordajes hacia otros destinos, se bajaron y caminaron con sus bultos a cuestas.
Ya en el interior de la terminal, el crespón negro que está colgado en la oficina de la empresa Trans Uncía, cuyo bus volcó la fría madrugada del domingo 27 de junio, a 105 km de Cochabamba, y mató a 26 personas, le da un ambiente gris a ese lugar donde un enjambre de gente camina de un lado a otro. Aquella mañana unos ofrecían pasajes gritando a voz en cuello, entre los que demandaban un boleto para llegar a destino final.
No fue difícil encontrar un bus para ir a Llallagua, el lugar donde nunca llegó el bus con matrícula 592-XXH de Trans Uncía, que llevaba a 72 personas, pese a que en la lista sólo figuraban 47. Cinco compañías tienen itinerarios diurnos y nocturnos. Las flotas Minera, Llallagua, 15 de Agosto, San Miguel y Bustillos recorren todo el tiempo esos más de 400 km de carretera que hay entre Cochabamba y Llallagua. El viaje en la flota Minera se inició a las 9:00.
En la terminal se percibía que pese al abanico de ofertas, la gente sentía la ausencia de Trans Uncía: “Era la empresa de los pobres”, decía un hombre que miraba con tristeza el crespón negro. Otro que viajaba con su hijo en brazos dijo que Trans Uncía vendía el pasaje a Bs 25 y no a Bs 45 como el resto, y cuando el pasajero iba en el pasillo sólo pagaba Bs 15.
Pero desde el último accidente se ha posado una especie de conciencia colectiva entre las personas que van a Llallagua. Después de que los policías recomiendan a los pasajeros denunciar si es que el conductor deja subir gente en el trayecto, un cantante de música cristiana le saca provecho a la situación pidiendo una ofrenda a cambio de una oración para que los pasajeros lleguen sanos y salvos a destino. “Hermanos, ustedes tienen que saber que para recibir hay que dar. Dios me envía a esta flota para orar por ustedes…”.
En el trayecto el silencio de la gente termina cada vez que algún ser humano sube en los pueblos intermedios para ofrecer charque con huevo cocido y papas rellenas con piernas de pollo. Luego, el ambiente altiplánico se rompe cuando aparecen en una recta dos buses prendidos de frente. Son los motorizados de las flotas Nobleza y Naser, que el lunes en la mañana, un día después de la tragedia de Trans Uncía y en pleno plan policial para evitar accidentes, chocaron de frente en la zona de Confital, cerca de donde el 24 de junio volcó un bus de El Dorado, que mató a 13 personas.
El conductor de un bus que va a Llallagua, Gerardo Paco con su credencial de 20 años en el oficio, dice que los accidentes se dan, en parte, porque la Policía sólo controla cada vez que hay un accidente. Tales controles tienen lugar sólo al llegar y salir el bus. Paco no se equivoca. En este viaje de más de 1.500 km desde Santa Cruz, pasando por Cochabamba, Oruro, Huanuni y Llallagua, se puede comprobar que la Policía Caminera no patrulla en las rutas y que los únicos controles se dan al salir o llegar a una ciudad o pueblo, y que en la madrugada existe una especie de ‘mercado negro’ en las terminales, donde los pasajes para un mismo destino se venden a diferentes precios y no hay ningún policía para inspeccionar los buses y examinar a los conductores que llegan o salen entre las 2:00 y las 6:00 de la mañana.
“Las irregularidades son alimentadas por los pasajeros”, dijeron los policías que durante el trayecto fueron consultados sobre las evidencias de corrupción registradas en el recorrido de EL DEBER. La noche de aquel lunes, mientras el policía recibía el billete del chofer a cambio de ignorar la carencia de un adecuado extintor, varios pasajeros se abrían paso para subir al bus fuera de la terminal, evadiendo así el pago de derecho de andén que cuesta Bs 3,50 y que el pasajero debe pagar antes de abordar el bus que debe llevarlo a destino sano y salvo.
Hay tantas cruces como en los cementerios
Accidentes. Para la Organización Mundial de la Salud, las heridas causadas por las tragedias en las carreteras son un problema de salud pública. Un sobreviviente da su testimonio
Símbolo. En la carretera Santa Cruz-Trinidad está la huella de un accidente
Si se va por una ruta del oriente o por Chapare, al borde de la carretera se puede observar una vegetación espesa. Si el viaje es por el altiplano aparece una llanura ruda y arbustos amarillos. Y si el vehículo marcha por los caminos del Chaco surgen la arena y las marañas de arbustos. Pero lo que no es ajeno en todas esas zonas del país son las cruces que mucha gente puso como evidencia de que en ese mismo lugar algún ser querido encontró la muerte.
Para la Organización Mundial de la Salud, las muertes y las heridas causadas por accidentes de tráfico suponen un importante problema para los sistemas de salud pública, en especial en los países de ingresos bajos y medios, como Bolivia.
La institución también reconoce que la construcción de los cominos contribuye al avance y al desarrollo económico de muchos países, pero cree que los accidentes de carretera se han convertido en un problema mundial de salud pública, puesto que a escala mundial provocan cada año 1,27 millones de muertes y entre 20 y 50 millones de heridos.
Ya en 2008, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Bolivia expresó su preocupación porque los accidentes de tránsito aumentan como si se tratara de una epidemia que no tiene vacuna en el país. Entre las medidas que el Gobierno ejecutó para asistir a las víctimas de accidentes de tránsito está el Servicio Contra Accidentes de Tránsito (SOAT) y fruto de los últimos hechos de sangre en las carreteras, el fiscal general, Mario Uribe, instruyó a los fiscales de distrito que tomen acciones para que Tránsito cumpla con su deber de controlar a los operadores de larga distancia ante indicios que revelan la falta de control en las terminales y en los retenes de la Policía Caminera.
Según las normas, los policías responsables de los controles son susceptibles de ser procesados si permiten el paso de buses en mal estado, choferes en estado de ebriedad, sin licencia o que lleven exceso de pasajeros. Pero nada de ello frena el aumento de la lista de fallecidos y las carreteras, así como son una vía por donde circula el desarrollo de Bolivia, también son lugares donde las cruces se levantan como si se tratara de un cementerio gigante.
En alguno de esos puntos donde la tragedia hizo de las suyas se observa de vez en cuando a grupos de personas paradas al lado de una o varias cruces: llegaron ahí en un vehículo particular o en uno de servicio público a poner velas, rosas y a rezar por el alma de los que se fueron.
La familia Serrano es una de las últimas que está viviendo en carne propia la desgracia de perder a sus seres queridos. En el accidente del bus de la flota Trans Uncía de la pasada semana murieron Gabriel Serrano y su hijo menor Gabriel. El entierro tuvo lugar el pasado martes en el cementerio de Llallagua, donde vivían.
Los factores que causan accidentes
– Humano. Factor humano, la imprudencia, la irresponsabilidad en el consumo de alcohol o la condición física del conductor son las causas con mayor porcentaje de los accidentes de tránsito.
– Mecánico. Un motorizado en mal estado, sin mantenimiento adecuado. es otro de los motivos de estos accidentes en las carreteras.
– Climatológico. El cambio de la naturaleza es un factor inevitable, puede ser la causa de los más terribles accidentes en la carretera. Las lluvias pueden causar inundaciones, derrumbes o deslizamiento de arena o rocas, una neblina densa bloquear la visibilidad y la nieve obstaculizar el camino, tormentas.
– Ubicación. El hombre, para abrirse paso y llegar a donde quiere, ha construido muchas de estas carreteras peligrosas en lugares extremos, como en las cimas de altas montañas, debajo de ellas, en cruces de ríos o con muchas curvas y con un estrecho espacio.
«No entiendo cómo es que estoy vivo»
Aldrich Serrano Sevilla / Sobrevivió al accidente de Trans Uncía
En cualquier otra ocasión, una persona que sale viva de un fatal accidente estaría celebrando por aquel milagro. Pero Adrich Serrano Sevilla (29), que sobrevivió al vuelco de campana protagonizado por un bus de la empresa Trans Uncía, está triste. Es que al lado suyo iba su hermano Gabriel, de 21 años, y un asiento más atrás, su padre Gabriel. Ambos murieron la madrugada del domingo pasado y fueron enterrados dos días después en Llallagua, donde vive.
-¿Pudo tomar sus previsiones antes de la catástrofe?
– Yo estaba atento a cualquier situación y advertí a mi padre y a mi hermano. Antes del accidente ya sabíamos que se habían roto los frenos y eso dio tiempo para que yo prevea la situación, pero no pudieron sobrevivir mi padre ni mi hermano.
– ¿Cuánto tiempo pasó desde que supieron que los frenos se rompieron?
– Como veinte segundos. Después el bus se echó del lado donde nosotros estábamos sentados. Posteriormente dio sus vueltas de campana hasta salirse de la carretera y caer al río.
– ¿Se agarró usted de algún lugar para protegerse?
– No, no me agarré. Yo estuve golpeando techo, suelo, techo, suelo.
– ¿Salió expulsado del bus?
– Yo caí dentro del bus.
– ¿Y sus seres queridos?
– Mi padre y mi hermano también estaban dentro, pero aplastados y atrapados por los asientos.
– ¿Perdió el conocimiento?
– Estaba oscuro. Era de noche cuando sucedió. Los primeros segundos estuve desubicado. Posteriormente empecé a buscar a mi padre y a mi hermano. Mi padre tuvo una muerte instantánea y mi hermano sobrevivió al vuelco unos minutos. Yo lo rescaté. Hubo gente que bajó y lo ayudó a subir. Pero yo lo saqué del bus.
– ¿Habló con él?
– Sí, hablamos por lo menos 45 minutos. Posteriormente, en el traslado hacia Cochabamba, mi hermano falleció.
– ¿La empresa Trans Uncía está cubriendo los gastos?
– No sabría decirle porque yo he pagado los costos para salir de la clínica y me vine a Llallagua.
Yo tengo la incógnita de cómo es que siendo que el bus quedó totalmente aplanado he llegado a sobrevivir.
– Tras el accidente, ¿recibieron ayuda?
– ¡En Bolivia la gente qué va a ayudar!, se acerca pero es para a robar. Las compras que hicimos con mi padre y mi hermano en Cochabamba de-saparecieron. Cuando fuimos con mis familiares a reclamar a Tránsito de Cochabamba vi que el maletín estaba lleno, pero cuando pedimos que lo devolvieran, nos lo dieron totalmente vacío.
– ¿Quien robó: la gente o la Policía?
– No sabría decirle quién fue el que robó.
– ¿Cómo ve el servicio de los buses?
– Siempre es malo. Nunca atienden como debería hacerlo. Pero también los pasajeros reaccionan de la misma forma y al final no hay un buen servicio.
– ¿Usted notó que los buses son viejos?
– Las empresas suelen poner en servicio vehículos que se encuentran en buen estado, pero a algunos motorizados los utilizan tanto que ya deberían estar fuera de circulación.
Varios buses son de segunda mano
Accidentes. En seis días murieron 41 personas en tres accidentes carreteros. En las terminales hay control policial, pero no de madrugada y no existen patrullas en los tramos intermedios
El viaje desde Llallagua hasta Cochabamba es uno de los tramos más duros. No sólo por la rudeza del camino, con curvas cerradas y un traqueteo iracundo a causa de un camino polvoriento, sino también por el estado de algunos buses que hacen ese recorrido. Por ejemplo, el asiento 32 de un bus de la flota 15 de Agosto, estaba caído y el espaldar no se reclinaba.
Un conductor de otra flota ya había advertido de que los buses que circulan por los caminos que no van a ciudades capitales son de segunda y hasta tercera mano y adquiridos de compañías que durante años hicieron viajes en el eje troncal.
Néstor Choque, uno de los propietarios de la flota Minera (que va de Cochabamba a Llallagua), confirmó ese dato. “Nosotros hemos comprado varias unidades de la empresa Copacabana. Nuestra compañía tiene 22 motorizados de los años 1993, 1994 y 1995. Por supuesto que la clave está en hacer el mantenimiento a su debido tiempo”, explicó Choque, que el martes 29 de junio estaba en el mostrador de su empresa, vigilante para que los conductores se encarguen de cumplir todos los requisitos que la Policía exige en la tranca que se encuentra a la entrada de Llallagua: llantas en buen estado y cero alcohol en las cabinas.
Cinthia Condoreti, recepcionista de la flota Llallagua, cuenta que antes de que el bus de Trans Uncía caiga a un barranco de 200 metros y mate a 26 personas, nadie controlaba nada y que las irregularidades iban desde el incumplimiento en los horarios de salida hasta la sobrecarga de los motorizados y la venta de pasajes para ir en los pasillos.
En la terminal de Llallagua, la gente ve con buenos ojos la declaración que hizo el presidente Evo Morales de construir carreteras con doble vía. Richard Flores, propietario de un bus de la flota Trans Suárez, dice que una solución para que los motorizados operen en buen estado es que éstos sean manejados por sus propios dueños. El Sindicato de Buses La Paz admitió que las unidades tienen una antigüedad promedio de 10 a 15 años y que son muy costosas, por lo que no es posible renovarlas y, en el mejor de los casos, las compran de segunda mano en países vecinos.
Accidentes
– Muerte y sanción
El 26 de enero, un bus de la flota Cosmos sufrió un accidente en la ruta Cochabamba-Santa Cruz, en el que fallecieron cinco personas y más de 40 quedaron heridas. El conductor no tenía licencia de conducir en la categoría autorizada, según informes oficiales. El Ministerio de Gobierno ordenó la suspensión de las operaciones de la flota Cosmos en todo el país y abrió un proceso contra las autoridades de Tránsito de la terminal de Santa Cruz por permitir que salga un chofer ebrio y sin la licencia categoría C.
– Un primer mes sangriento
Los accidentes no cesaron en enero. En la carretera a Yungas se registró el sexto accidente de tránsito en dicho mes, con un saldo preliminar de cuatro personas muertas. Con esa cifra, la nómina de fallecidos sobrepasa los 60 en enero.
– Otro vuelque de El Dorado
El 24 de junio, un bus de la flota El Dorado provocó la muerte de 13 pasajeros, tras volcar en la ruta Potosí-Cochabamba. Dicha empresa ocasionó cinco sucesos similares en cuatro años sólo en el departamento de Cochabamba, causando 69 decesos.
– La tragedia de Trans Uncía
La madrugada del domingo 27 de junio, un bus con destino a Llallagua (Potosí) se descontroló al chocar con los defensivos del puente Choyuma, en Pongo, y cayó al precipicio. Causó por lo menos 26 muertos.
– Choque de dos buses
El lunes 28 de junio, los buses de las flotas Nobleza y Naser chocaron de frente en la ruta Cochabamba-Oruro. Murieron tres personas. El accidente ocurrió cerca de donde se volcó el bus de la empresa Trans Uncía. Este recuento muestra sólo algunos de los lamentables acontecimientos.