Es muy probable que esta gestión gubernamental de Arce Catacora sea recordado en Bolivia como el inicio, en que un ciclo político esté dando el paso a otro distinto. De uno, luego de casi 20 años de protagonismo de un partido, de un líder corrupto y de un heredero traidor, se pasará a otro en el que el protagonismo estará basado en las autodeterminaciones de los ciudadanos como corriente de opinión y actores decisivos en los 9 departamentos que componen el Estado de Bolivia.
Es difícil de creer, pero como dijo Pedro Domingo Murillo: “la tea que dejo encendida nadie la podrá apagar” frase revolucionaria que cambió la historia en aquel entonces, fue replicada recientemente, con otras frases y palabras en el último Gran Cabildo en la ciudad de Santa Cruz cuando se mencionó revisar la “futura relación política” entre Santa Cruz y el Estado. Para quienes no entienden, las relaciones del pujante departamento oriental con el gobierno centralista, representante del Estado Boliviano, no será la misma en el futuro inmediato. Aun con las advertencias del propio presidente y las del ignorante General de Ejército, que se prestó a realizar declaraciones amenazantes, que no mellan para nada el espíritu valiente de todo el pueblo cruceño. Es un viaje sin retorno, como fue la famosa frase de Murillo en su momento, es una declaratoria de rebeldía ante el abuso de poder que ejercen los occidentales y corruptos gobernantes del MAS.
¿De dónde ha salido toda esta gente? ¿Qué propuestas traen? ¿Hasta qué punto saben lo que este país necesita y hasta qué punto lo que proponen son simples ocurrencias? ¿Cómo van a conseguir que los miles de ciudadanos que se sumaron a la propuesta del Cabildo estén firmes en su apoyo? Preguntas como estas son las que muchos del Gobierno se preguntan. ¡Puej!! Diría el camba, no es para menos. Al país lo están matando los masistas y no hay quien asuma la responsabilidad de frenar esta matanza, quieren a la víctima muerta para aprovecharse de los bienes del difunto.
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Vistas las perspectivas electorales de Arce, de Choquehuanca, de Morales y de Eva Copa, es lógico pensar que todos quieren mantener o acceder un poder presidencial, cueste lo que cueste. La guerra interna tiene la finalidad de reclutar los afines de unos y de otros, todos juegan sus cartas desde sus puestos de empoderamiento circunstancial, Arce desde la casa grande del pueblo, Choquehuanca desde la Vicepresidencia y del congreso nacional, Morales desde su feudo narco cocalero y Eva Copa mostrando un apoyo paupérrimo de los de El Alto como su alcaldesa.
Se nota que todos están en la premisa de reclutar gente a la carrera. Porque presentar candidaturas en las elecciones que se avecinan será la forma de poder influir después en las decisiones que tomen los nuevos gobiernos que se constituirán en cada ámbito. Es una clara muestra del ejercicio político de los ciudadanos concentrados en el departamento de La Paz, no descansan pensando en elecciones, en el negocio que es gobernar y en las oportunidades de enriquecimiento que les da el control del poder estatal.
Y una región respondona y atrevida, puede indudablemente romperles todos los esquemas estratégicos que tenían planificado ejecutar durante los próximos tres años. La forma en que se dio, hace temblar cualquier plan maquiavélico que se hubiera estado fabricando desde la zona andina del país, puesto que juntar casi dos millones de personas de manera espontánea, sin ningún tipo de incentivo monetario a los que los tienen acostumbrados los del gobierno a los masistas para asistir a cualquier acto público, no se da todos los días.
El enorme interés que ha despertado en millones de ciudadanos la propuesta de Santa Cruz, viene desnudando, de manera acelerada, la debilidad del presidente. Este, al verse derrotado como presidente y en sus ansias de apropiarse del partido MAS, perdió los estribos y se introdujo en una penosa estrategia del amedrentamiento a través del poder judicial, servil a su mandato.
Sabemos bien, que, en todas nuestras sociedades, el primer elemento para practicar la libertad política, la libertad civil, la libertad de las relaciones, es la seguridad. Una ciudadanía insegura, amenazada, impide la libertad. Si una persona no tiene seguridad, no tiene libertad. Es eso, lo que ataca directamente el terrorismo de Estado que Arce Catacora quiere imponer: el control y la supremacía por el camino de la imposición y el amedrentamiento a través de las fuerzas armadas, la policía y el poder judicial. Como no tiene el poder en una región conservadora, económicamente fuerte y productiva como es la cruceña, no le queda más que acudir al amedrentamiento y a un falso discurso de confrontación.
Intenta a toda costa impedir el surgimiento de una oposición letal a sus intereses, como es la sociedad organizada y mayoritaria de una ciudad capital como la de Santa Cruz. Ahí, donde los semejantes políticos de los terroristas han llegado al poder, como Johnny Fernández, que intentaron y no pudieron sabotear y prohibir las libertades civiles. Pero como todavía no han llegado a concretar sus objetivos, lo que vienen haciendo, es perseguir la libertad por la vía de robar seguridad a los ciudadanos, claro ejemplo, los avasallamientos que se dan en todo el departamento y en la propia ciudad. De manera que un ciudadano sin seguridad que no puede trabajar tranquilamente ni asegurar el futuro de sus hijos, es una persona que está con la libertad amenazada, y la tendencia cuando uno pierde la libertad es a desear hacer cualquier sacrificio para recuperar la seguridad.
Lo inédito en el contexto socialista y en el terrorismo de Estado que el gobierno quiere imponer, es la contradicción que encontraron en el oriente boliviano. Mientras introdujeron de manera fácil en los departamentos andinos la amenaza terrorista, la sociedad de masas cruceña no lo permitió ni lo permitirá porque demostró ser una sociedad no vulnerable, aun siendo la ciudad de mayor concentración de gente, donde regularmente es muy fácil crear el terror y crear amenazas.
Santa Cruz, de manera increíble y penosa para los masistas corruptos, está mostrando una ciudadanía capaz de vivir sin histeria, con firmeza, sin impulsos suicidas y sin la amenaza del terror. Contrario a lo que viven los paceños y los cochabambinos, solo para mostrar a las ciudades del eje central, que conviven hace mucho tiempo con una amenaza que tiende a que sus ciudadanos y autoridades agachen la cabeza, se escondan y disimulen sus cobardías. En estas ciudades se vive bajo una amenaza constante, sus liderazgos no pretenden sobresalir, es más, nadie quiere ser la espiga alta que asoma la cabeza. Todo mundo quiere agacharse y meterse en el conjunto de las espigas sin sobresalir porque, precisamente, el terror lo que hace es cortar a quien sobresale.
Así le viene ocurriendo a Reyes Villa, vive y actúa como si no existiera el terror; habla, se mueve, se relaciona con la gente y se mezcla con la población como si no existiera el terror de Estado. Actúa de manera encogida, tratando de no sobresalir, de que no le tomen el nombre para una citación judicial, sino, para él, es vivir con una naturalidad absoluta.
Mientras que el liderazgo cruceño viene demostrando lo contrario, y es esta actitud la que el terrorismo de estado y Arce Catacora quieren evitar, porque si queda impune el terrorismo se ve destruido en su raíz. Seguramente, estarán pensando en el alcalde cruceño, a este corrupto lo único que le interesa es servirse del erario municipal y dedicarse a robar, hasta que la población se acobarde y lo eche, tal como sucedió con Evo Morales.
Por eso, es necesaria, ante todo, una labor de formación cívica. Se tiene que formar ciudadanos capaces de vivir sin histeria, sin pánico, manteniendo sus principios, en sociedades que eventualmente pueden estar sometidas a la amenaza del terrorismo. En cuanto hay una mayoría de gente capaz de comportarse como si el terrorismo no existiera, entonces el terrorismo deja de tener vigencia y fuerza.
